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Pep sí ha dado con la tecla

Pep sí ha dado con la tecla

Si en el partido de Liga al Madrid le castigó el hecho de salir a jugarle al Barça de tú a tú, sin plantear el partido como respuesta a los azulgranas y sin atender a la inevitable sentencia a jugar sin el balón a que el equipo de Guardiola somete a todos sus rivales, esta vez Mourinho optó por su cara más conservadora. Sobrevivir al rival y tratar de aprovechar alguna de las oportunidades que brindara el choque. Ya quedaría la vuelta para tratar de llevarse la eliminatoria. La idea es simple: al Barça es más probable superarlo a partido único que a dos partidos, por lo que llevar la eliminatoria a eso no hubiese sido una mala noticia. Reforzar la media con un trivote en el que se incrustaba Pepe, Altintop en el lateral para mantener a Lass en la media, Coentrao para desterrar las imprevisibles concesiones defensivas de Marcelo y arriba la entrada de Higuaín para sumar ese gol «de la nada» que pudiese poner en ventaja al Madrid en la eliminatoria. Todo movimientos que supeditaban la transición ofensiva a la defensiva. Decisiones, cada una de ellas, que ponía un nuevo palo en las ruedas del Madrid a la hora de construir juego, pero que a cambio le permitían un planteamiento y unos nombres, a priori, más eficaces para defenderse del Barça. Mourinho no planteó el partido a discutirle el discurso del partido al Barça, sino a sobrevivir a él.

También Guardiola jugó con el formato de la competición, sabiendo que con la vuelta en el Camp Nou, saliendo con un marcador ajustado del feudo blanco, su equipo lo tendría todo de cara para plantarse en semifinales. Así pues Pep volvió a la defensa de cuatro -aunque a lo largo de este texto haremos alguna consideración al respecto importante para analizar el partido- y devolvió el timón a Xavi. Horizontalidad por encima de verticalidad, limitar el intercambio de golpes, menos ataques pero más largos. Defenderse mientras se ataca, que no defenderse atacando.

Aunque el planteamiento de juego fuese distinto, los nombres fueron los mismos que en Liga, y prácticamente todos ellos ocuparon la misma demarcación que entonces. Alexis de nueve, Cesc como interior, Iniesta en la izquierda, Messi como falso -falsisimo- extremo derecho…sólo una novedad en la posición de los centrales. Hasta el miércoles, siempre que Guardiola se había enfrentado a Cristiano Ronaldo, había destinado a Puyol sobre el perfil del portugués, ya fuera para emparejarlos o para que ejerciera de segunda marca. En el partido de ida, no obstante, bien por la confianza en un bajo estado de forma de Ronaldo, bien por la necesidad de involucrar más esfuerzos en la defensa de Benzema, bien por la presencia de dos nueves en el once del Madrid, Puyol jugó como central izquierdo, siendo Piqué quien caería sobre el perfil derecho cubriendo las espaldas de Dani Alves. No obstante, Gerard no actuó como una segunda marca sobre el portugués, algo favorecido por las exigencias a que el extremo se vio sometido a la hora de seguir en defensa al lateral azulgrana. La consecuencia de eso fue que, cuando el Madrid recuperaba el balón, a la espalda de Alves se abría un latifundio que nadie ocupaba, y aunque Ronaldo encarase la transición ofensiva desde una posición muy cercana a su propia área, su superioridad física respecto a Dani Alves lo habilitaba para llegar antes que su par a ese espacio. De ese desequilibrio nació el gol del Madrid y la necesidad de Guardiola de contar con un Alves más comedido.

El planteamiento defensivo del Madrid, como en la pasada temporada, se centró en la recepción de los interiores del Barça. De ahí el 4-3-3 y la incursión de Pepe en la media como mediocentro. A su derecha Lass para aprovechar su mayor despliegue en el perfil de Xavi, Alves y Messi, quedando Xabi Alonso en el interior izquierdo en una decisión que desnaturalizaba totalmente la transición ofensiva del Madrid pero que tenía como objetivo reforzar la fase de contención. El Barça, sin embargo, a diferencia de la temporada pasada y como ya hiciera en Liga, no concentró todo su peligro por dentro, sino que abriendo la posición de Iniesta permitía situar un nuevo foco separado del habitual. Por dentro, la conexión Messi-Xavi, y por fuera el peligro constante de Andrés que obligaba al planteamiento defensivo del Madrid a abrirse. Socio de ambos focos de peligro, un Cesc Fábregas que aunque cedió la batuta a Xavi y eso oscureció su actuación, protagonizó un partido muy positivo. Especialmente remarcable resulta su aportación en la creación de espacios a Andrés Iniesta que permitieran al manchego un escenario favorable bien para quedarse en un uno contra uno ante el lateral, bien para encontrar el camino libre para encarar portería. Con sus entradas a zona de remate desde segunda línea, pues, el de Arenys bien arrastraba al centrocampista rival eliminando la ayuda sobre Andrés y dibujando un escenario de uno contra uno para el 8 azulgrana, bien obligaba al lateral a cerrarse y pegarse a sus centrales, habilitando el espacio a su espalda para la entrada de Iniesta.

Por último, hacer referencia al monumental partido de Alexis Sánchez que repitió como delantero centro. El chileno fue clave para ofrecer espacios a la medular azulgrana mandando hacia atrás a la defensa del Madrid -castigándola más si cabe por la presencia de Carvalho como central- y manteniendo fijados hasta a tres zagueros rivales. Carvalho, Ramos y Coentrao -Alexis cayó más sobre la banda derecha que sobre la izquierda sobretodo a raíz de que Guardiola «ató» a Alves–  quedaban fijados por la amplitud de los movimientos de Alexis, su hiperactividad en los desmarques tanto de apoyo como de ruptura y la siempre presente amenaza de su velocidad al espacio detrás de la línea. Él sólo permitió al Barça fijar a tres jugadores y minar su labor en las ayudas, lo que permitió a sus compañeros dominar más cómodamente en la zona ancha.

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