Volver a ser

Volver a ser

El Levante de JIM bien podría haber ganado la Liga holandesa. Y no por una cuestión de nivel -que quizá también, pero eso ahora no es lo que nos interesa- sino por estilo. Su Levante, el de Iborra, Juanfran, Ballesteros o Koné, se ideó para dañar a equipos poco realistas, a conjuntos que pese a no tener las piezas ni la calidad necesarias, quisieron imitar al Barça o al menos parecérsele. Es normal, al campeón siempre se le copia y no ha habido ninguno como el Barça de Guardiola. En España, en los últimos dos o tres años, hemos visto a más equipos saliendo con el mediocentro entre los centrales que nunca. Salir jugando se convirtió en un requisito ineludible para cualquier entrenador que quisiera que su equipo «jugase bien». Independientemente de si el primer pase del portero salía de las botas de Víctor Valdés, Diego Alves, Iraizoz, Aranzubia o Aouate. Pues bien, en la Eredivisie, ese mal, la falta de realismo, lo sufren todos o casi todos, aunque unos lo sufran en el día a día y otros sólo cuando salen por Europa.

A la cultura futbolística holandesa no la descubriremos ahora. Juego de posición, disposición en triángulos, juego asociativo y de marcada tendencia ofensiva, la importancia de sacar el balón jugado desde la defensa… Si a esto le unimos la constante y masiva exportación de talento a las grandes ligas tras la sentencia Bosman, tenemos un mapa más o menos definitorio de lo que es hoy en día el campeonato holandés. Un campeonato en el que el plan es muy exigente pero las piezas usualmente no alcanzan. Una liga atractiva en el día a día, pero lastrada competitivamente. Con este escenario, se suele decir que hay que tomarse con reservas cuando un determinado futbolista sobresale. Sobre todo a los delanteros, porque el contexto les hace parecer mejores, y por consiguiente también a los defensas, porque los atacantes a los que se enfrentan, parecen mejores de lo que son. Esto es cierto, y precisamente porque lo es, la liga holandesa es un lugar perfecto para que un delantero recupere sensaciones. No para demostrar si es o no es, pero si para recobrar la confianza y el placer por jugar. En Holanda jugar a fútbol es agradable.

Bojan ha aterrizado esta temporada en la Eredivisie. Seguramente lo necesitaba más el jugador que el futbolista. En verano el sol de Amsterdam parece sincero y el césped es verde claro. Tras una salida del Barça que jamás esperó y dos temporadas en el duro fútbol italiano, el delantero buscará en el Ajax lo que no encontró cuando optó por seguir a Luis Enrique en su aventura romana.

En el 1-4-3-3 de Frank de Boer, Bojan ocupará el extremo derecho que anteriormente acogió a Isaac Cuenca. El lado fuerte del equipo, no obstante, será el izquierdo, donde Viktor Fischer ha quedado como hombre más importante del proyecto tras la salida del también danés Christian Eriksen. Que el juego se vuelque sobre el perfil zurdo, puede ser una buena noticia para un Bojan al que, si bien vamos asumiendo que su carrera será en banda o partiendo de ella, le faltan muchas cosas para ser un extremo canónico. De hecho, será buen síntoma para su equipo si la banda la pisa poco, y con un lateral como Van Rihjin será más fácil que pase. Bojan será importante en el apoyo interior, sobre todo tras el adiós de Eriksen y la reciente lesión de Siem de Jong, y llegando a gol al segundo palo. Jugando en el pico del área, casi como segundo punta, tocando mucho balón y cerca del gol, mientras Sigþórsson hace de ese nueve que parece que Bojan ya no será.

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