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Centrales después de Blanc

Centrales después de Blanc

La carrera de Laurent Blanc a nivel de clubs, seguramente fuera menos triunfante de lo que hoy recordamos. Una primera experiencia no demasiado positiva fuera de Francia tras sobresalir en el Montpellier, una buena temporada en Nimes, dos excelentes en Saint-Étienne y otra en Auxerre a gran nivel pero con demasiada mala suerte con las lesiones, fue el bagaje del central galo antes de que Johan Cruyff pensara en él para su Barça. Meses antes de ser cesado, el holandés se aseguró a Blanc, Pizzi y Luis Enrique como primeras incorporaciones de un proyecto que no llegaría a nacer. Al creador del Dream Team lo remplazó Robson, de modo que el inglés fue el técnico de Laurent Blanc en Barcelona. Como el entrenador, Blanc sólo estuvo una temporada en el club catalán, una temporada convulsa y en la que tuvo que competir por el puesto de central con tres competidores de la talla de: Abelardo, Nadal y Fernando Couto. El nivel de las alternativas y, otra vez, la inoportunidad de las lesiones, hicieron que la segunda aventura del central fuera de Francia, terminara demasiado pronto y, de nuevo, con sabor amargo. Tras su paso por el Camp Nou llegaron sus temporadas de mayor impacto, en las filas del Marsella, el Inter de Milán y el Manchester United. Sin embargo, el respeto ganado y la etiqueta de ser una de las referencias en la posición durante la década de los 90, probablemente tenga más que ver con su desempeño con la camiseta de la selección francesa que con la de cualquier club.

Central inteligente y sorprendentemente goleador sobretodo cuando jugó en Francia, de colocación y temple, con buenos pies, mejor cabeza y siempre elegante, lideró la defensa que levantó el Mundial en 1998 y la Eurocopa en el 2000, siendo su pareja con la roca Marcel Desally, una de las claves de la solidísima selección que construyó Aimé Jacquet. Blanc y Deschamps, predecesor y actual seleccionador galo, eran los comandantes de las dos líneas que guardaban la espalda al mago Zidane, en un combinado ideado y construido de atrás para adelante. Tras la retirada de ambos de la selección, empezaron los problemas para les bleus. En el centro de la zaga el lugar de Blanc lo heredó Leboeuf, que tardó muy poco en perderlo en favor de un Thuram con cada vez más ganas de abandonar el lateral. Eso fue en 2002, y tras el histórico varapalo, en la Eurocopa de Portugal, Francia estrenó pareja: Mikaël Silvestre y William Gallas. Tampoco salió muy bien. De los dos en 2006 sólo repitió el defensor del Chelsea, que formó pareja con Thuram en Alemania, y con Abidal en la Euro 2008 y en Sudáfrica. Y tras demasiadas decepciones, Francia se volvió a encomendar a Laurent Blanc, en este caso como seleccionador, para comandar una renovación como la que en su día acometió Jacquet, con un grupo de prometedores futbolistas al que seguían faltando centrales. Rami-Mexés fue su insuficiente pareja en la Eurocopa de 2012.

Ahora, para Deschamps, la historia es distinta, pues la fuente de centrales vuelve a brotar. En su lista van cuatro: Koscielny, importante en el Arsenal, Sakho, importante en el Liverpool, y dos jugadores predestinados a ser el Blanc-Desally de la nueva Francia. No está claro que vaya a ser la titular en este Mundial, pero pocas parejas habrá en Brasil como la que formarían Varane y Mangala. Dos superdotados a nivel físico -cuando el madridista firma una tregua con las lesiones- y futbolístico, complementarios y abrumadoramente modernos. Francia vuelve a tener centrales. La última vez que los tuvo, también estaba Deschamps, y les bleus gobernaron el fútbol. Claro que entonces también tenían a un tal Zinedine Zidane. Sin Ribery, Benzema y compañía tendrán que dar un extra.

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