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Un asunto personal

Un asunto personal

Gerard Piqué y Cristiano Ronaldo. Uno de los principales duelos que deparará el clásico. Como los de Fernando Hierro y Rivaldo o Roberto Carlos y Figo a finales de los noventa, el duelo entre Cristiano Ronaldo y Gerard Piqué viene marcando el relato de los clásicos de los últimos seis años. Ex-compañeros en Manchester, se vieron las caras primero cuando el portugués todavía era un diablo rojo, en una final de Champions que terminaría levantando Piqué. Desde entonces y ya con Ronaldo de blanco, la historia de su confrontación sobre el césped en los enfrentamientos entre Real Madrid y F.C.Barcelona ha pasado por tres estadios diferenciados, que fueron al mismo tiempo causa y consecuencia de los distintos momentos que durante este tiempo ha marcado la evolución de la batalla entre los dos grandes del fútbol español. Cristiano Ronaldo aterrizó en Madrid tras la temporada del 2-6, aquel en el que Piqué puso la guinda, con el Barça esgrimiendo una ventaja en la Liga y el continente que seguiría alargando durante los años siguientes. En el momento más álgido del triángulo formado por Xavi, Iniesta y Messi y la cascada de ventajas tácticas, futbolísticas y emocionales que de ellos emanaba. El Barça era superior y mandaba siempre, y con su ataque construía escenarios tan favorables para su transición defensiva que Carles Puyol y Piqué siempre tenían ventaja por peligrosos que fueran los delanteros a enfrentar.

Siendo los dos catalanes dos centrales de dimensión histórica, la suma de ambas cuestiones estableció su dominio durante algunas campañas. Gerard, el más joven de los dos, en pleno apogeo físico llegó a parecer más rápido que el futbolista con la fisonomía más determinante que habitaba la Tierra. El progresivo debilitamiento del ciclo culé trajo consigo un cambio de orientación en los clásicos que cristalizó en un nuevo dominio blanco. Fue la época en que quien buscaba la ventaja en el cambio de piezas era Guardiola (Alexis, Thiago, Tello, el 3-4-3…) y en que, de forma rotunda, se escenificó el cambio de tendencia en la temporada de Tito Vilanova. Acompañando el proceso, aquel Piqué exuberante vio como su nivel descendía en picado, menguado en el estado de forma y expuesto en una partida en la que su equipo ya no tenía la mejor mano. Si en sus dos primeras temporadas como madridista Ronaldo solo había logrado marcarle dos goles -uno de penalti- al Barça en siete partidos, en las dos siguientes la cifra escaló espectacularmente hasta las diez dianas en doce encuentros. Pasó a ser lo normal que en un Madrid-Barça o Barça-Madrid el portugués viera puerta. Tiempos en los que Piqué sufría cuando el 7 blanco le obligaba a salir a banda, donde sufría y sufre más que moviéndose por el centro, y en que con ello se alumbraba otro de los emparejamientos favorables a los merengues: el Mascherano-Benzema en el interior del área.

El tercer momento de la refriega, el actual, está marcado por un lado por la recuperación del mejor Piqué, y por el otro por el cambio de Cristiano. Quien desbordaba en la banda y activaba cualquier rincón del ataque con movimientos amplísimos, hoy desarrolla su juego cada vez más cerca de la zona de castigo. Como rematador en el área pequeña en los días de más atasco, o apareciendo en las inmediaciones de la frontal en los más fluidos, el portugués ahora juega en la parte del campo que más y mejor domina Gerard Piqué. Guardando el área y sus cercanías, el catalán se erigió el curso pasado en mariscal de la zaga azulgrana, y desde ahí decidió -en parte- el campeonato con una actuación heroica en el clásico de la segunda vuelta. A lo largo de la primera parte, en el tramo de más sometimiento blanco, fue el gran bote salvavidas de una nave culé a la deriva. Valló el acceso al área y cortó todo balón que se atreviera a adentrarse en ella. Su puesta a punto es lenta, y a la cita del sábado no llega como lo hiciera entonces. Tampoco el Ronaldo con el que se verá las caras. Pero los dos son capaces de lo mejor y más en un choque como este. Quien se imponga en este duelo tendrá mucho ganado.

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