El rectificado de El Cholo y la magia de Guardiola

Bayern Munich's Spanish head coach Pep Guardiola gestures from the sidelines during the UEFA Champions League semi-final, second-leg football match between FC Bayern Munich and Atletico Madrid in Munich, southern Germany, on May 3, 2016. / AFP / John MACDOUGALL (Photo credit should read JOHN MACDOUGALL/AFP/Getty Images)

El rectificado de El Cholo y la magia de Guardiola

A esta edición de la Champions League le quedan sólo dos partidos para encontrar una actuación mejor que la que protagonizó anoche el Bayern de Múnich. La pizarra de Guardiola y quienes la proyectaron sobre el césped del Allianz, lograron lo que hasta ahora no había logrado nadie en un grado tan alto: desbordar al sistema defensivo del Atlético de Simeone. Quizá desde aquella noche de Liga en que Leo Messi regateó insistentemente y sin piedad a Jesús Gámez, los colchoneros no habían sufrido con tanta desgana y contrariedad. La obra del de Santpedor, que se tradujo en un volumen de peligro efectivo sin parangón, tenía tres islas y un encargado de lograr que aun estando alejadas no lo pareciera. El once muniqués, esta vez con Müller, perdía a un hombre de mediocampo respecto a la ida para ganarlo en la delantera, lo que instantes antes del pitido inicial volcaba las miradas hacia los laterales locales y el interés sobre el papel que les asignaría su técnico. Con Pep, no en vano, Alaba y Lahm han cubierto ese espacio en no pocas ocasiones, incluso cuando su posición de partida ha sido a los lados de la defensa.

Esta vez no cumplieron con el mismo papel. En la derecha el alemán condujo hacia el exterior su juego, como una síntesis del lateral de antes y el Lahm de ahora, esto es, organizó desde la banda. A su alrededor se construyó la primera de las islas, con un Douglas Costa descargado de la cal y con mucha presencia por dentro, y un Thomas Müller que repartiéndose entre la espalda de Filipe Luis cuando éste encimaba a Lahm, y el espacio abierto entre el brasileño y Godín, castigaba el perfil que más certezas ofrece a la zaga rojiblanca y de paso minaba su confianza en la resistencia. En el otro extremo del campo, la isla no la ocupaban tres sino dos, pero se bastaban. Alaba y Ribery fueron la ventaja más clara de los locales en su fantástico primer tiempo, alternándose la fijación en banda y la aparición entre líneas de forma tan fluida que Juanfran y Saúl no encontraron respuesta. Por último, en el centro, Müller y Lewandowski jugaban con la igualdad numérica frente a los centrales, separando lo máximo posible a Godín y al errático Giménez de la línea de medios.

Y es que ahí también había situado Pep a un destacamento, juntándose los movimientos de los dos puntas con Vidal y los hombres más interiores de cada una de las islas de banda: Douglas en la derecha y Ribery o Alaba -más a menudo este último- desde la izquierda. Lo frentes a contener por parte del Atlético eran muchísimos y sólo faltaba quien por parte del Bayern conectara todas las opciones repartidas por delante de la pelota. Este fue Xabi Alonso, ayer prolongación de Guardiola, que se encargó de regular la temperatura de su equipo y de dar sentido al sistema diseñado por el técnico. Con tantas opciones por delante de la pelota y el mediocentro eligiendo a cuál activar según la ocasión, el Bayern estaba logrando descomponer a la defensa colchonera mediante el giro de sus dos líneas de contención. El mediocampo se daba la vuelta cuando recibía uno de los hombres que esperaban entre líneas, y la zaga cada vez que a uno de sus laterales les ganaban la espalda producto de las superioridades en banda.

Pero donde otros habrían sucumbido y terminado por entregar el partido y el pase a la final, los de El Cholo se mantuvieron en pie. Apenas fueron capaces de protegerse o esquivar ninguno de los golpes que les lanzaba su adversario, pero el combate les guardaba su momento y como no besaron la lona antes de tiempo estuvieron ahí para aprovecharlo. Llegó merced a un movimiento genial de Simeone desde el banquillo, de esos que valen tanto o más que una acción decisiva de los que van de corto. Carrasco sustituyó a Augusto en lo que pareció una sustitución con afán de ataque, y aunque resultó ser así, lo fue por cómo mejoró al Atlético sin la pelota más que por lo que le dio con ella. El cuadro madrileño, gracias al cambio, se estabilizó. Con Yannick pasó a formar en 4-5-1 situando al belga y a Griezmann en las bandas, lo que le permitió ganar a un centrocampista con respecto al 4-4-2 del primer tiempo. De este modo, en primer lugar, pudo subir algunos metros su defensa de la salida bávara haciendo su desarrollo más incómodo, y posteriormente, ya cerca de Oblak, por juntar por el centro a un mediocentro y dos interiores, contó con un efectivo de más a la hora de cerrar los pasillos interiores y de ofrecer la ayuda en banda.

Rubricó la intervención Simeone con un detalle delicioso: sacrificado Augusto, el designado para ejercer de cierre no fue Gabi como de entrada cabía imaginar, sino Saúl Ñíguez, un hombre que pudo ayudar más y mejor por alto a los centrales en la batalla contra la doble punta alemana. Y entonces sí, repuesto atrás, el cuadro atlético sacó provecho en ataque de la carta Ferreira-Carrasco, por lo que directamente implicó el concurso del extremo, y por cómo afectaba ahora a la defensa del Bayern la presencia de dos atacantes en banda capaces de amenazar la espalda de unos laterales que tanto peso ofensivo habían adquirido hasta entonces. Así encontró el gol que le bastaba, el que lo situó a las puertas de Milán en una noche grandísima de Champions que lo fue por las historias de los equipos que en ella se dieron cita y por cómo nos las contaron.

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– Foto: JOHN MACDOUGALL/AFP/Getty Images

Comments:2
  • Silvio 4 mayo, 2016

    Muy bien el análisis, pero si fútbol es lo que hace el Atlético (Y me simpatiza su afición) me paso al golf.

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  • Silvio 4 mayo, 2016

    Y nada, que el planteamiento del primer juego y la falta de crack del Bayer decidió el match. Saludos Albert

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