El verano de 2017 cambió la posición de lateral izquierdo del Barça. Una de las consecuencias más importantes de que el conjunto barcelonista viera partir al principal elemento de profundidad de su delantera, y a que a esto se le uniera el discontinuo rendimiento de los jugadores llamados a sustituirlo, fue la transformación de Jordi Alba en uno de los futbolistas más necesarios del sistema culé. Uno de los pilares básicos de su funcionamiento. Por su relación de ida y vuelta con Leo Messi, pero también por ser el azulgrana más capacitado para cortar con un desmarque al espacio o de estirar a la defensa rival hacia la esquina con tal de plantear una fuerza de tensión entre la espalda de la defensa y de la línea de medios, el lateral adquirió un peso específico en el último tercio del campo equivalente, cuando no superior, al de delanteros específicos. A lo largo de las dos últimas temporadas, esta enorme relevancia de Jordi Alba en el desarrollo del juego de ataque le ha planteado al Barça dos dificultades a propósito de su recambio. En primer lugar porque, como actor principal, ha generado una suerte molde para la demarcación, reflejo de sus características individuales, en el que se han visto forzados a encajar futbolistas distintos que, por lo tanto, no han podido desempeñar sus mismas funciones de la manera equivalente. Para un puesto tan trascendente en el sistema barcelonista, cada milímetro de diferencia ha ido en contra del engranaje, toda vez el Barça, en la posición, más que un lateral ha utilizado un Jordi Alba.
La segunda dificultad a la hora de reemplazar al internacional, tanto por necesidad como por rotación, ha sido el desequilibrio entre el peso específico del encargado de ocupar la plaza de lateral izquierdo y el escaso protagonismo, a priori, reservado para un suplente. Es decir, el reserva debía ser un jugador llamado a participar muy poco, pero con el nivel de impacto suficiente para que, al hacerlo, el efecto vital del titular no se desvaneciera. Así, el pasado verano la dificultad del molde dio con Digne rumbo a la Premier League, y la dificultad del protagonismo llevó al club a no incorporar una alternativa al francés, contando con la omnipresencia de Jordi Alba a lo largo de la temporada y con la participación puntual de hombres como Sergi Roberto, Semedo, Vermaelen o Juan Miranda en caso de necesidad. Hasta que Anfield rompió el hechizo. El descalabro del Barça en el estadio del Liverpool fue también el colapso de una apuesta que, por límite, requería de una exigencia descomunal para ser sostenible. Esto es así porque la dependencia que durante el curso reflejó el ataque culé de la figura de Jordi Alba no se vinculaba únicamente a los tramos en los que el conjunto pudiera asentarse en campo rival, sino también al proceso para llegar a ello. El Barça necesitaba a su lateral izquierdo en el papel de delantero para darle profundidad a las transiciones, independientemente de si antes éste había tenido el tiempo suficiente como para pasar de su inicio en la zaga a su posición final ofensiva.
Así se vieron escenarios como el emparejamiento permanente entre el central izquierdo azulgrana y el extremo derecho red, variantes para disminuir el espacio entre Lenglet y Alba a través de un tercer jugador (el mediocentro o el interior izquierdo), o experimentos como el que en Wembley llevó a que en los minutos finales Vermaelen formara como lateral por detrás de Jordi. La temporada que en breve empieza tendrá que revelar si, como consecuencia de aquello, el Barça arriesga una de sus principales certezas tácticas a nivel ofensivo en busca de una solución alternativa que fuerce menos la máquina, pero hasta entonces parece haber decidido cubrirse las espaldas en caso de volver a hacer el mismo camino. Si Ernesto Valverde quiere destensar la temporada de Jordi Alba procurándole tramos de descanso y descompresión, en Junior Firpo encontrará una solución que ya ha tenido rendimiento en la Liga y cuyas características principales no contradirán el molde al que, durante las dos últimas campañas, ha dado forma el catalán en el lateral izquierdo barcelonista.
En tercer lugar, y relacionado con esta apuesta ofensiva de los carrileros en las propuestas con tres centrales, contar con un efectivo extra a sus espaldas habilita a sus equipos para cubrir de forma más eficiente los espacios que sus internadas dejan tras de sí. En el caso particular de Junior, por otro lado, este refuerzo en la cobertura no sólo ha tenido una aplicación táctica, sino también individual, pues a pesar de que en el joven futbolista se adivinan atributos para hacer crecer su fiabilidad defensiva, hoy todavía es un zaguero con dificultades para cerrar su sector sin ayudas. A su favor, además de la evolución que pueda encontrar en el Camp Nou, jugará el hecho de que el Barça es un conjunto acostumbrado a que sus laterales pesen más cerca de los delanteros que de los centrales, por lo que entre los encargos que éstos últimos reciben ya se integran las caídas a banda para tapar las salidas rivales a la espalda de los laterales. Cabe recuperar, en este punto de la descripción, la opción comentada anteriormente de que de cara al nuevo curso Valverde pretenda un papel menos extremado de sus laterales, ya que en este matiz Firpo podría esconder algunas de estas lagunas defensivas. En todo caso, nuevamente debido a su complexión física, dependiendo de su respuesta, el dominicano podría resultar también una alternativa de emergencia en el centro de la zaga, sobre todo si el curso de Samuel Umtiti no recupera la regularidad que le faltó el curso pasado.
Y es que el manejo de Firpo en espacios reducidos todavía tiene margen de crecimiento. Por eso, compartir perfil del campo con un futbolista como Giovani Lo Celso le acercó una suerte de rampa de despegue capaz de entregarle pista incluso en contextos cerrados. A través de la capacidad del argentino para recibir libre, aguantar el esférico, protegerlo, atraer contrarios y, en el momento justo, soltar el balón, Junior pudo moverse en escenarios más amplios. De cara a su futuro barcelonista, compartirá vestuario con varios jugadores en los que podría encontrar un refuerzo parecido. Arthur Melo o Frenkie de Jong en una altura algo menos profunda que Lo Celso, o Antoine Griezmann entre líneas y en la frontal, son el tipo de futbolistas que juegan cómodos con el aliento rival en los talones, que absorben vigilancias y que, en consecuencia, proporcionan oxigeno en forma de tiempo y espacio a sus socios más próximos. El contrapunto necesario al fútbol de Junior Firpo para que éste, a su vez, sea el contrapunto necesario al juego de ataque culé.
– Foto: Aitor Alcalde/Getty Images

