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En el segundo movimiento

En el segundo movimiento

Esta temporada Jack Grealish está entrando más veces en contacto con el balón que la anterior. A pesar de ceñirse como extremo izquierdo a las restricciones posicionales obligadas en un equipo dirigido por Pep Guardiola, y aun con el hecho de que como skyblue su protagonismo ofensivo no es tan absoluto como lo fue en el Aston Villa, la pelota pasa por los pies del de Birmingham un 8% más. El aumento es incluso superior si en lugar de compararlo con el último curso de Grealish se compara con la carrera en el Etihad de Riyad Mahrez, la pieza que recientemente ha venido utilizando Guardiola en la demarcación de extremo de manera más fija y sostenida.

Entre aquel Mahrez y este Grealish existen varias diferencias tanto individuales como colectivas, como la forma en que la pizarra citizen transige con los acercamientos del inglés hacia el carril central, o los recursos que está movilizando el City en el arranque de temporada para surtir a su nueva adquisición. Al respecto, el equipo de Guardiola viene reproduciendo las mismas pautas. Por un lado, una conexión tan estrecha como directa entre el central izquierdo -Laporte- y el extremo -Grealish-, que se potencia con el recorrido interior del lateral -Cancelo- para limpiar la trayectoria del pase; y por el otro la tendencia del delantero de banda a recibir en zonas más retrasadas. Cuando el Manchester City inicia el juego desde atrás, la atracción de Grealish no es hacia el banderín de córner, sino que la altura del inglés suele estar más cerca del mediocampo que de la última línea. La medida, además de enlazar por el gusto de Grealish por el apoyo, le está sirviendo a Guardiola para activar fácilmente determinados automatismos ofensivos. Contra el Leicester, por ejemplo, especialmente durante el primer tiempo, resultaron constantes los desmarques de Bernardo Silva, desde el interior izquierdo, hacia la zona del extremo (Imágenes abajo). Aprovechaba así el City las persecuciones de Castagne sobre Grealish cada vez que Jack retrasaba su posición en busca del envío diagonal de Laporte, atacando la espalda del lateral con la irrupción del mediapunta portugués.

Desde el habitual posicionamiento adelantado que está dando Guardiola a sus interiores, Silva dibujaba una y otra vez el mismo desmarque hacia la banda, en lo que pareció una clara estrategia para vaciar de efectivos la parcela central del sistema defensivo local (Imagen abajo). Bien Tielemans desde la medular o más habitualmente Soyuncu desde la zaga se veían llevados hacia la orilla por el mecanismo del City, dejando desprotegido su lugar inicial sobre el campo. No fueron pocas las veces en que con la caída de Bernardo Silva a banda el City abrió distancia entre la pareja de centrales del Leicester, si bien no llegó a encontrar la fórmula para castigar a través de ella. Ferran Torres, que en el inicio del movimiento se encargaba de sujetar a Vestergaard tan lejos de Soyuncu como fuera posible, lo intentó en más de una ocasión desmarcándose a la espalda del turco. También Gündogan, esta vez interior derecho, llegando al remate desde segunda línea. Ambos se toparon con la buena respuesta de su rival a la hora de recomponerse, y en especial de un Vestergaard que a pesar de la adversidad mantuvo en todo momento el control de su zona.

Por eso en la segunda parte la estrategia del City cambió. Sumó un tiempo más a su jugada de ataque. Los apoyos de Grealish y la caída de Bernardo a banda no serían el pretendido origen de la ocasión de gol, sino el paso previo para llegar a ese origen. De este modo, lo que en el primer tiempo habían sido servicios al área desde al zona del extremo, en el segundo se convirtieron en pases hacia atrás, de forma que la jugada de ataque ganara un punto extra de desarrollo. Para que la respuesta defensiva del Leicester tuviera que responder a un segundo movimiento. Para que Vestergaard, Soyuncu, Ndidi y compañía tuvieran que ajustar la defensa una vez más. Para que no fuera suficiente con que su coordinación resultara perfecta una vez, sino que tuviera que serlo al menos dos veces. Para que la exigencia a nivel técnico, físico e interpretativo se alargara durante más tiempo. Para que esquivar el golpe no significara estar a salvo.

 

– Fotos: Darren Staples / Sportimage; Graham Wilson; Paul Terry / Sportimage.

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