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El Madrid de Vinícius Jr.

El Madrid de Vinícius Jr.

Los caminos del Real Madrid y de Vinícius Jr. se han encontrado. Hace tres años el brasileño aterrizó en un conjunto blanco marcado por la experiencia de control heredada por un ciclo que, dirigido por Zinedine Zidane, mezcló el dominio de su mediocampo y la determinación de su delantera sin necesitar excesivas dosis de agitación ofensiva. No había que forzar la victoria, ya que ésta terminaba cayendo como fruta madura. Vinícius representaba lo contrario a aquel equipo, una suerte de contrapeso definido por la agitación que más de una vez culminó en una discordancia. Cuanto más se definía el Real Madrid, más se alejaba de Vinícius. Hoy, sin embargo, el equipo que está construyendo Carlo Ancelotti responde a coordenadas distintas. Más ágil, más abierto y más expuesto, su libro de instrucciones se asemeja mucho más al del brasileño, quien a su vez ha recibido el acercamiento incorporando a su fútbol virtudes que pertenecían al antiguo Real Madrid, y que ahora redimensionan su rendimiento individual. Cuanto más se entrega Carlo al espíritu de Vinícius, más se parece éste a la versión controlada, precisa y sensata del equipo que fue de Luka Modric y Toni Kroos.

Así ocurrió el martes en su enfrentamiento contra el Shakhtar Donetsk, en un partido que Vinícius despidió con dos goles y una asistencia, y en el que su entrenador puso las virtudes del brasileño en el origen de su planteamiento. La cuestión principal de la estrategia del técnico italiano para medirse al Shakhtar giró alrededor del aprovechamiento que pudieran hacer los blancos de los espacios que dejara su rival cuando tuviera el cuero. El de De Zerbi es un conjunto marcado por su diálogo con el esférico. Por el uso de gran cantidad de recursos para controlar los duelos a través de la pelota, y por la voluntad de llevar tanto el balón como a un gran número de futbolistas cerca del área contraria. Frente a eso, el planteamiento del Real Madrid fue un repliegue llamativamente pasivo, que por momentos llegó a situar a todas sus piezas por detrás del balón, y con el que pretendía un escenario de ataque con muchos espacios (Imagen arriba a la izquierda). Como se apunta, destacó el bloque defensivo madridista por la prudencia a la hora de intentar arrebatar la posesión a su adversario, a pesar de un emparejamiento por pares que, por ejemplo, en más de una ocasión llevó a que Kroos ocupara una zona más adelantada que Casemiro o Modric (Imagen arriba a la derecha). En su propio campo, los de Ancelotti permitían que el Shakhtar tuviera y moviera el balón, incluso cuando éste pudiera llevarlo a la zona de los extremos para que Tete o Solomon intentaran desequilibrar a la defensiva merengue encarando al lateral.

La pasividad defensiva blanca, sin embargo, tenía una evidentísima salvedad: sus centrales. Alaba y, sobre todo, Militao, tuvieron una actitud mucho más agresiva en los duelos, saliendo lejos de la línea para anticipar sobre los apoyos del punta Fernando (Imágenes arriba). No fue inusual que por momentos la defensa blanca dibujara una suerte de 3+1 con uno de sus centrales claramente por delante de sus compañeros (Imagen abajo a la izquierda), e incluso hubo situaciones en las que eran Lucas y Mendy los dos zagueros más retrasados del equipo (Imagen abajo a la derecha). En este planteamiento resultó importante la participación de Mendy y Casemiro, ya que además de cerrar su banda el francés se encargó se lanzar coberturas constantes a la espalda de la pareja de centrales, al tiempo que el mediocentro hacía labores de escoba por delante. La idea del Real Madrid consistía en permitir que el Shakhtar adelantara líneas, perdiera el balón con muchos jugadores metidos en campo contrario, y poder afrontar una transición ofensiva con espacios por delante.

Lo hizo, principalmente, a partir de la sociedad que se estableció en su banda izquierda entre Alaba, Mendy, Kroos, Vinícius y Benzema. Un sector del campo en el que fueron habituales los intercambios entre el central y el lateral, en el que Karim y Vinícius se entendieron tanto en el reparto como en la circulación, y en el que Kroos se encargó de unir todos los puntos jugando en corto con sus compañeros de carril o en largo hacia un Rodrygo en ventaja para encarar en el uno contra uno (Imágenes abajo).

Aún así, no fue hasta después del 0-1 que el ataque madridista explotó, pues se juntó un mejor engranaje del mecanismo merengue con el debilitamiento de la estructura defensiva del Shakhtar. A los locales les pesó, por ejemplo, la salida del campo de sus dos extremos, una pérdida que obligó a sus laterales a asumir un superior protagonismo en ataque y que descubrió desnudas sus respectivas espaldas para deleite de los delanteros del Madrid (Imágenes abajo). La urgencias en el marcador, además, a menudo precipitaron su juego en terreno madridista, ayudando a que las salidas de Kroos y Modric, los apoyos de Benzema entre líneas, o las conducciones exteriores de Rodrygo y Vinícius tuvieran siempre menos rivales cerca que antes. El Madrid llegó con ventaja a las inmediaciones de Trubin, el conjunto de De Zerbi se mostró débil defendiendo cerca de su área, y los delanteros madridistas hicieron sangre con la mezcla justa de agresividad y control. De agitación y de mesura. De aceleración y de temple. De las virtudes que hasta este curso el Madrid y Vinícius tenían por separado, pero que ahora los definen en la misma medida a los dos.

 

 

– Foto: Marco Luzzani/Getty Images

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