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Distinto al Madrid de Kroos

Distinto al Madrid de Kroos

«Kroos es uno de los jugadores más importantes del equipo, él maneja cómo va el balón y a qué ritmo jugamos: Si Toni quiere que el equipo vaya más despacio, el equipo va más despacio; si quiere que el equipo vaya más rápido, el equipo va más rápido. Nosotros jugamos en función de Toni Kroos«. Con esta rotundidad y precisión describía hace un tiempo Casemiro la influencia de Toni Kroos en el fútbol del Real Madrid. Desde su aterrizaje en el Santiago Bernabéu el alemán ha sido el director del juego madridista, el encargado de crearle contextos favorecedores desde la administración del balón y de dirigir al equipo hacia esas zonas de confort. Una influencia que desde su origen individual contagia lo colectivo, y ante la ausencia de la cual, por lógica, todo es distinto. Así, el comienzo de curso del Real Madrid, sin Kroos, está escribiendo guiones completamente diferentes a los que conocía cuando la batuta del germano mandaba sobre la partitura.

Los últimos cursos, por ejemplo, los blancos agradecieron enfrentarse a equipo que tuvieran la voluntad de presionar arriba, pues salvo célebres excepciones el conjunto de Zidane, a través de las botas de Kroos, Ramos, Modric o Marcelo, encontraba la forma de salir y de atacar a un adversario con el ritmo y las intenciones cambiadas. Al mismo tiempo, también competía mejor cuando su contrincante trataba de elaborar una salida desde atrás en corto, ya que esto le permitía poner en práctica una presión alta que más que en los esfuerzos físicos se apoyaba en la inteligencia a la hora de fijar posiciones y orientar a los rivales hacia callejones sin salida. Su capacidad a la hora de imponer su propia presión y de esquivar la de los contrarios permitía a aquel Real Madrid post-BBC atacar con espacios sin renunciar por ello a instalarse como bloque en campo rival. El Madrid 2021-22, sin embargo, ha empezado la temporada luciendo unas constantes diferentes. Prácticamente opuestas.

Sin las soluciones de Kroos en el inicio de la jugada le cuesta superar en ventaja las presiones que le plantean sus adversarios, y sin su influencia con y sin balón a la hora de contener arriba, es más habitual ver a los blancos forzados a construir la jugada desde la primera línea. Al respecto, las dos últimas visitas del cuadro de Ancelotti, a Milán y Valencia, han dado lugar a dos encuentros de evolución similar marcada por las opciones que en cada momento ha encontrado el Madrid para juntarse cerca del área contraria. Anoche, contra el conjunto de Bordalás, el duelo volvió a arrancar con el dominio posicional a manos del rival, gracias sobre todo al éxito que demostraron los locales cerrando los caminos de salida. Aunque Carlo repitió con Nacho ejerciendo labores de tercer central a la hora de construir la jugada como en Milán, el trabajo de la segunda línea che sembró de minas el avance blanco, permitiendo que los integrantes de la zaga que encabezaban Gabriel Paulista y Omar Alderete cortaran por anticipación todo cuanto Modric lograba filtrar a la espalda de Wass o Gillamón.

Tampoco las bandas se descubrieron como refugios habituales, pues la falta de un atacante de referencia en la derecha dificultó su activación mientras en la izquierda el siempre insistente Vinícius chocó contra la gran defensa que le planteó su lateral (primero Thierry y luego Foulquier) con las ayudas del central, el mediocentro y el volante de ese lado. En consecuencia, sin poder juntar pases y futbolistas en las proximidades de la portería de Mamardashvili, y sin la posibilidad de poder construir con piezas como Vinícius, Benzema y Hazard una presión alta que no estuviera apoyada en la previa creación de escenarios favorables con el balón, sin la pelota los blancos tendieron al repliegue.

Se trata del contexto defensivo que más castiga a una pareja como la que conforman Militao y David Alaba, enfrentados esta vez a un duelo en igualdad contra Maxi Gómez y Gonçalo Guedes. Los dos centrales madridistas, por lo tanto, ganaron comodidad en el partido a medida que el éxito y la intensidad de la presión valencianista descendió y permitió que el Madrid llevara el juego a campo contrario. Posicionándose arriba, lejos de Courtois, y corrigiendo a campo abierto su teórica desventaja a la hora de defender el juego directo. Además, los blancos esta temporada están mostrando una mayor facilidad a la hora de atacar situaciones de juego más cerradas, de la mano de la lucidez de Benzema y de un Vinícius que encarna la nueva personalidad ofensiva de su equipo. Más vivaz, eléctrica y agitada. Más abierta y menos controlada. Distinta a la que tenía con Toni Kroos.

 

– Foto: Ivan Terron

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