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Un goleador para Guardiola

Un goleador para Guardiola

El cambio de posición de Leo Messi, desde la banda derecha al rol de falso nueve, es sin duda uno de los episodios más icónicos y recordados de la carrera como entrenador de Pep Guardiola. Un capítulo crucial tanto en el estallido definitivo del poder del argentino como en el trascendental impacto que el nuevo lugar de Leo tuvo sobre el Barça que dirigía el técnico de Santpedor. Aunque, en consecuencia, la figura del catalán en los banquillos haya quedado fuertemente vinculada a esta concreta y tan especial función de uno de sus delanteros, lo cierto es que la solución del falso nueve no ha sido, ni mucho menos, una constante en la trayectoria de Guardiola. Aquel Barça empezó con Eto’o y continuó con Ibrahimovic antes de reubicar a Messi, su Bayern coronó el ataque con Mandzukic o Lewandowski, y posteriormente arrancó su proyecto en Manchester con el Kun Agüero como punta de lanza. «Es que se tiene que ser muy bueno para ser falso nueve«, concluía Martí Perarnau. «Guardiola lo intentó en el Bayern, pero se encontró que no tenía al jugador para hacerlo. Ribery prefería quedarse en la banda y, sobre todo, le faltaba gol. Y un falso nueve sin gol no es un falso nueve«.

En la línea de lo que comenta Perarnau, de hecho, después de haberlo utilizado como recurso puntual, con gloriosos resultados en el Bernabéu o en la final de Champions contra el United, la apuesta definitiva de Guardiola por un Messi que jugase falso nueve coincidió con la explosión goleadora del argentino. Leo tenía todo lo bueno de un falso nueve a la hora de asociarse con sus compañeros, generar espacios y sembrar la duda en los centrales rivales, pero sin tener que renunciar al gol y a la certeza rematadora tradicionalmente vinculada a la posición de delantero centro. Un falso falso nueve, que jugaba según patrones diferentes al de un delantero centro, pero que tenía un impacto directo sobre la portería rival no solo equivalente sino incluso superior. Tanto si ha utilizado la figura de un ariete más clásico como si ha apostado por una referencia más vaporosa en punta, los equipos de Guardiola han tenido un goleador. Un hombre hacia el que desembocar el juego, como principal encargado de trasformar en goles el caudal futbolístico del equipo. Un seguro. Un especialista con el que asegurarse que todo cuanto el colectivo fuera capaz de generar no caería en saco roto. No obstante, primero el ocaso y posteriormente la definitiva salida de Agüero habían dejado al Manchester City sin la carta de un goleador.

Sus dos últimos títulos de Premier League los citizen los han logrado sin que ninguno de sus futbolistas haya superado los quince goles en liga. Esta particularidad no solo no ha alejado al conjunto skyblue de los éxitos domésticos, sino que ni siquiera le ha impedido terminar ambos cursos como el equipo con más goles a favor del campeonato, pero sí que ha subrayado la necesidad que tiene el equipo de Guardiola de llegar al gol a través del juego. Donde otros tenían la posibilidad de llegar al gol «desde la nada», el City a estado obligado a merecerse cada tanto, un listón que gana relevancia cuando más se igualan las fuerzas y se cierran los partidos, y que en algún momento puede haber dificultado a los de Manchester cerrar partidos o eliminatorias con una solvencia rematadora a la altura de sus superioridad en el juego. Seguramente por eso, aunque el propio Guardiola reconozca que «como mediocentro, nunca he encontrado tantos espacios ni tantas opciones de pase como cuando jugaba en el Barça de Cruyff con Laudrup haciendo de falso nueve«, en el verano de 1994 Johan optó por sumar a su Dream Team a un mago del área como Romário. «Tiene la virtud de que si llegan pelotas al área puede marcar gol. Esta tranquilidad la transmite a todo el equipo, que puede tener la certeza de que marcará. Esto es lo que no teníamos la temporada anterior«, comentaba el técnico neerlandés para explicar su decisión.

Probablemente, aquella tranquilidad de cara el gol que buscó Johan con un especialista como Romário es la que haya buscado el Manchester City este verano con el fichaje de Erling Haaland, el ariete más codiciado de una posición nuevamente al alza y un finalizador con unas cifras incuestionables. Haaland es gol. La tranquilidad de que lo que el City genere en el juego tendrá una traducción en el marcador, y de que incluso en aquellas noches donde menos fluya el fútbol skyblue las porterías rivales seguirán estando en peligro. Se trata de un delantero centro infalible en el remate, y físicamente diseñado para arrasar con espacios. Alto y corpulento pero potente y muy veloz, cuando arranca a correr es muy difícil detenerlo, convirtiéndose por momentos en una suerte de estampida contra los centrales rivales. Atacando su espalda o, más a menudo, arremetiendo contra ellos para obligarlos a recular, su agresividad en carrera debe ofrecerle al City una nueva variante para el ataque. Una pieza con la que dificultar las decisiones defensivas de sus contrarios, enfrentados a la encrucijada de elegir entre dejarle espacios al delantero noruego o dejárselos al mediocampo skyblue. Entre ir hacia atrás o ir hacia delante.

La llegada de Haaland al City es una mano tendida hacia sus centrocampistas, que a cambio de arriesgar parte de la fluidez que les proporcionaba la figura del falso nueve, ganaran una referencia fijando centrales, alejando a la línea defensiva y rematando sus pases. Un fichaje que forzará al City a diseñar caminos de ataque diferentes a los que ha seguido los dos últimos cursos, pero que a su vez debe servirle para incrementar la peligrosidad de alguna de sus soluciones más utilizadas. En este sentido, recientemente en los ataques del City el centro al área ha sido un recurso con mucho protagonismo. Bien desde la zona del extremo, desde pasillos interiores a través de De Bruyne, o aprovechando la libertad de Cancelo jugando como lateral a pierna cambiada, los de Guardiola han tenido mucha facilidad para introducir en el área balones de gran calidad. Haaland, pese a su envergadura, define mejor con los pies que con la cabeza, pero en Manchester va a tener multitud de compañeros que acercaran su remate al gol. Él encontrará socios que lo alimenten, y ellos la tranquilidad de que si llegan pelotas al área puede marcar gol.

– Foto: KAMIL KRZACZYNSKI/AFP vía Getty Images

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