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Andreas Christensen. El central ordenado

Andreas Christensen. El central ordenado

«Sin Piqué, se nos caía el invento». La frase de Tito Vilanova cada temporada resuena más fuerte debido a que cada año que pasa está más cerca el día en que el FC Barcelona ya no pueda recurrir a Gerard Piqué para dar forma a su defensa. El momento estuvo a punto de llegar el pasado curso, con un Gerard muy mermado a nivel físico, pero que gracias al talento único para entender la posición que ha demostrado el catalán durante años, se las arregló para ser uno de los nombres propios del mejor tramo de juego y de la competición del Barça de Xavi. Siendo el orden al lado del ímpetu y del despliegue de Eric y Araújo, para que la línea defensiva culer pudiera ser más que la suma de sus cuatro individualidades. Para que cada pieza siguiera ligada a las demás.

A la hora de defender, hay dos tipos de centrales. Están los que priorizan la atención sobre la posición del delantero rival, y los que están pendientes de la posición de sus compañeros para que la red defensiva no se deshilache. Andreas Christensen, uno de los centrales que ha incorporado el FC Barcelona este verano, pertenece al segundo grupo. Se trata de un central ordenado, cuidadoso con la posición que ocupa él mismo y con la que ocupan sus colegas de línea, atento a la colocación de todo el equipo y con una alta capacidad de corrección aunque su físico invite a pensar lo contrario. Alto, espigado, de piernas largas y muy buen juego aéreo, a pesar de que su arquetipo lo esconda, el danés es un central con buena punta de velocidad y capaz de aguantar la carrera a los delanteros a campo abierto, que además normalmente busca que su interpretación del juego le permita iniciar el reto individual desde una posición ventajosa en relación a su adversario. Sobre todo, porque si bien su carrera es veloz, debido a su alto centro de gravedad su reacción es menos eléctrica que la de centrales como Koundé o Araújo, quienes también se muestran más dominantes que el danés en el cuerpo a cuerpo.

Junto a su orden defensivo, la otra faceta del juego en la que más destaca Christensen es en la construcción del juego desde atrás. En un fútbol en el que ya es norma que los zagueros tengan la lectura y la capacidad técnica suficientes para soportar la salida del equipo desde la defensa, el danés es un central que sobresale por encima de la media en el trato de balón. Su capacidad en el golpeo es muy alta, tanto para filtrar unos pases verticales fundamentales en el juego del Barça de Xavi para conectar con los apoyos del delantero centro, como a la hora de buscar el cambio de orientación hacia unos extremos clavados cerca de la cal. En un equipo que durante los últimos meses ha evidenciado alguna dificultad para conseguir que sus interiores reciban el balón orientados hacia la portería rival, Christensen habilita la opción de un pase largo que vincule directamente a los delanteros para que sean estos los que cedan el esférico hacia atrás. «Que Márquez no la juegue con Deco. Que la juegue con Eto’o y que Eto’o se la deje a Deco«.

No solo del pase vive Christensen, sino que además de en el golpeo el danés demuestra mucha habilidad en la conducción. Entiende cómo, cuándo y hasta dónde llegar con el balón en los pies para obligar a que un jugador rival salte a la presión y de este modo pueda liberarse la posición de un compañero más adelantado. Como se ha comprobado con Eric Garcia, esta es una solución que el Barça de Xavi utiliza mucho para ocupar las zonas próximas a Sergio Busquets a través de la conducción de unos de los centrales, incorporando una pieza más a un mediocampo que dispara a sus dos interiores hasta una posición cercana al punta. También se trata de una acción que en los últimos años ha empleado mucho el Chelsea de Tuchel, donde Christensen, Rüdiger, Thiago Silva o Azpilicueta podían avanzar con el balón gracias a la protección extra que les proporcionaba el sistema de tres centrales del alemán. Será uno de los principales cambios a los que deberá hacer frente el danés en su  nueva aventura como jugador del Barça, no solo por lo que respecta a los riesgos de avanzar con balón dejando detrás a un único compañero, sino también a nivel defensivo.

Pasar de una línea de cinco a una de cuatro, para el defensa por lo general significa tener que gestionar distancias más grandes con respecto a sus compañeros de línea. Que la separación con el lateral aumente tanto si se trata de ofrecer la cobertura cuando éste se proyecta por banda, como a la hora de acercarle el apoyo cuando se mide al extremo rival. A su vez, también implica que la parte central de la zaga, que en el Chelsea defendían tres hombres, en el Barça sea cosa de dos. Para Christensen, el escenario será distinto. Por número, por contexto y por exposición. Ha cambiado un conjunto que arropaba tanto a sus mediocentros como a sus centrales, por otro que deja menos futbolistas atrás, que prefiere defender más arriba y que suele ofrecer más espacios al rival. Un equipo que, sin el balón, necesitará un orden como el que puede darle Christensen para que no se le caiga el invento.

– Foto: Michael Reaves/Getty Images

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