El nuevo Liverpool de Fernando Torres

El nuevo Liverpool de Fernando Torres

torresLa llegada de nuevos inversores a la Premier League supone un punto de inflexión de gran importancia, al nivel de la ley Bosman o de la conversión de clubs en sociedades anónimas. De repente, clubs con un potencial económico limitado se han visto catapultados a los primeros puestos en la pelea por los fichajes, y la entrada de nuevo capital en el circuito futbolístico se traduce, a su vez, en un encarecimiento de los precios y a un cambio de estrategias para el resto de clubs. Un ejemplo es el Manchester United que gracias a la llegada de Malcolm Glazer ha disparado el mercado con las contrataciones de Nani y Anderson, procedentes del Sporting de Lisboa y el Porto respectivamente, pagando a precio de cracks contrastados dos futbolistas con apenas experiencia a gran nivel, aunque muy prometedor futuro. Ante esta situación, la estrategia del resto de clubs se ha visto afectada ya que lo que la temporada anterior costaba 15 millones de euros, en la presente supera los 25. El Chelsea de Abramovich, por su lado, parece aletargado, convaleciente de la ineficacia de sus grandes desembolsos en los últimos veranos y da la impresión que ha optado por cambiar el rumbo de su estrategia hacia una política de contratación más austera y reflexiva, vistos lo poco satisfactorio de la anterior política tanto en resultados deportivos como su extraordinariamente deficitario balance económico. Por último, esta temporada entra en liza el nuevo Liverpool con la llegada de los inversores americanos George Gillett y Thomas Hicks. Así, Rafa Benítez contará con un presupuesto mayor para acometer los nuevos fichajes, pero a su vez, esto repercutirá en una mayor exigencia hacia el equipo.

El nuevo Liverpool ya no podrá salvar unas desastrosas actuaciones en la Premier, alejado durante toda la temporada de la cabeza de la liga, con un extraordinario rendimiento en las competiciones con sistema de eliminatoria. Los torneos de la regularidad son los que marcan el verdadero potencial de un equipo, y en la próxima campaña el equipo red no puede conformarse con asegurarse una plaza de Champions, sino que debe pelear hasta el final por alzarse con el título de campeón. Para cumplir con estas nuevas expectativas, Rafa Benítez tenia claro el objetivo de contar con un punta de primer nivel que permita dar un salto de calidad al conjunto inglés. La primera opción del técnico siempre fue el atacante azulgrana Samuel Eto’o, un viejo sueño del entrenador español quién ya intentó acometer su fichaje en su etapa en el Valencia. Ante la negativa del F.C.Barcelona a desprenderse del camerunés a no ser por una extraordinaria cifra de dinero, todos los esfuerzos se dirigieron hacia la segunda opción, el delantero del Atlético de Madrid Fernando Torres. La negociación no fue sencilla pero las tres partes implicadas sabían que estaban condenadas a entenderse ya que se trataba de una operación que beneficiaba a todos.

torresEl club colchonero temía que la salida del buque insignia del equipo, el único motivo de esperanza para el aficionado atlético, colocara a la junta en el disparadero y con la difícil tarea de ilusionar a una masa social demasiado acostumbrada a los desencantos y decepciones deportivas. Año tras año los aficionados iniciaban la temporada con la ilusión de volver a ver a su equipo pelear codo con codo con los grandes del fútbol español, de pelear por los títulos, pasear por los estadios de media Europa, identificarse con un equipo que siempre fue grande y lucha por volver a ser «el tercer equipo de España». Prácticamente la única causa de esta ilusión era la figura de Fernando Torres, un delantero con un potencial extraordinario pero al que la mediocridad del resto del equipo limitaba su fútbol. Esta fue la condena de Torres, ya que a los 20 años un futbolista debe trabajar para mejorar, perfeccionar su definición ante el portero, mejorar la lectura de los partidos o diversificar su repertorio de desmarques, y no tener que soportar todo el peso de un club histórico como el Atlético de Madrid sobre sus hombros. Con Torres el Atlético sólo podía encomendarse al acierto en los fichajes, de manera que éstos pudiesen construir un colchón sólido sobre el que descansara el equipo y que permitiera a Fernando Torres ofrecer el plus que posibilita su calidad. Torres será grande cuando no tenga que aguantar al equipo, rallará a su verdadero nivel cuando el equipo sea una maquinaria bien engrasada que le permita no extralimitarse en sus funciones y explotar su calidad en la delantera. En cambio, con la salida de Fernando, el club logra una importante inyección económica que debe permitirle confeccionar un equipo con tres, cuatro o cinco jugadores de un nivel inferior a Torres, pero que la suma de todo ellos de como resultado un Atlético de Madrid más competitivo, que le permita, esta vez si, cumplir con los objetivos.

La posición de Fernando Torres en la negociación era clara. El escenario ideal para el delantero sería poder pelear por los títulos con su club de siempre, el Atlético de Madrid. Poder disputar la Champions League o levantar títulos con el brazalete atado al brazo y enfundado en la camiseta colchonera colmaría todas sus aspiraciones. Año tras año, se ha intentado ilusionar al «Niño» con nuevos proyectos con aspiraciones de grandeza sobre el papel pero que en el campo se traducían en la enésima decepción atlética. El punto culminante del desencanto de Torres fue el fracaso del proyecto Bianchi. Ese mismo verano el pase de Torres tanto al Manchester como al Barcelona estuvo muy cercano, pero con la llegada del técnico argentino, la directiva cumplió el objetivo, ilusionar a Torres con un proyecto ganador. Cuentan que en la primera charla del técnico con el grupo en que convencía a los futbolistas que el objetivo debía ser ganar la Liga y no conformarse con las plazas europeas, a Fernando Torres le brillaban los ojos, creyendo ciegamente en esas palabras que reproducían letra por letra todo lo que había soñado. Tras el fracaso de Bianchi Torres lo tuvo claro, para crecer tenia que salir del Atlético. En el equipo colchonero había llegado a su techo, siendo la máxima estrella, el capitán y el símbolo, pero encorsetado futbolísticamente por un equipo incapaz de codearse con los grandes. Sirva como ejemplo la comparación entre dos capitanes surgidos de la cantera y convertidos, después, en símbolos de sus respectivos equipo: Raúl y Fernando Torres, y es que mientras el jugador que le dio el pase a Raúl en el primer gol que consiguió con el primer equipo fue Michael Laudrup, el primer gol de Torres como Atlético vino precedido de un servicio del defensa central Iván Amaya.

torresCon su pase al Liverpool Torres encuentra un equipo competitivo, que se sostiene sobre unos soportes sólidos y en el que podrá preocuparse, solamente, de cumplir con su función de delantero y de permitir salir todo el fútbol que dejó entrever en su etapa atlética. El equipo inglés, por su parte, se hace con un delantero de nivel en plena progresión, que se adapta perfectamente al juego basado en el contraataque que permita explotar la velocidad, verticalidad y habilidad para el desmarque del «Niño». El fichajes de Torres, a la vez, supone el fichaje de un capitán, de un gran profesional, un jugador comprometido y sorprendentemente maduro para su edad. Esto, unido a la amplia representación española en el vestuario red, aseguran una buena adaptación de Torres al fútbol británico y más concretamente al Liverpool, el nuevo Liverpool capaz de aguantar la mirada a los todopoderosos Manchester United o Chelsea, el nuevo Liverpool lo suficientemente fuerte para pelear hasta el final en todas las competiciones, el nuevo Liverpool de Fernando Torres.

Comments:1
  • txolo 12 julio, 2007

    Soy del Atleti, y lo que más me jode es que es verdad todo lo que se dice en el artículo. Me da muchisima pena y todavía veo fotos de Torres con otra camiseta y me parecen fotomontajes, pero habrá que acostumbrarse.

    Recuerdo cuando vi debutar a Torres en segunda división, no me las quiero dar de sabio pero me asustó ver a la gente tan enloquecida con un chaval de 17 años, porque lo suyo habría sido dosificarle y no cargar todo el peso con el, yo ya lo decía que así íbamos a cagarla, así que bastante ha aguantado con nosotros.

    Le deseo toda la suerte del mundo y me alegra que al equipo al que se ha ido sea el Liverpool, que aunque respecto a títulos al Atleti nos saca muchisima ventaja, respecto a sentimientos es un club muy similar

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