
No obstante, curiosamente el Barça de los dos trajes no nació para enfrentarse al Chelsea, al Milan o al Arsenal, sino que fue una solución planteada con motivo de la visita al campo del Villarreal. A finales de la primera vuelta, el F.C.Barcelona se encontraba en un momento dulce y poco a poco se distanciaba de sus perseguidores en la clasificación y la visita al Madrigal se presumía como, posiblemente, el partido más complicado de lo que quedaba de Liga después de golear al Madrid en el Bernabeu por cero a tres. La percepción era que si se lograba salir con un buen resultado del Madrigal la consecución de la Liga era un hecho por la autoridad mostrada por el equipo ante todos sus rivales, pero antes debían enfrentarse a un rival peligrosísimo al que solamente la mala suerte de un penalti fallado alejó de la final de la Champions, dirigido por su, por aquel entonces, máxima estrella Juan Román Riquelme. Éste era el principal peligro del Villareal, a su alrededor giraba el resto del equipo y anulándolo el Barça tenía mucho camino recorrido para lograr un resultado positivo. La solución del cuerpo técnico fue la de introducir en el once a un hombre encargado de realizar un marcaje individual al mediapunta argentino, función que recayó en el italo-brasileño Thiago Motta.
Una de las debilidades del 4-3-3 que habitualmente utiliza el Barça es que al presentar un único mediocentro éste no puede destinarse a la marca individual del mediapunta contrario ya que el equipo perdería el factor correctivo que ofrece el hombre que ocupa esta demarcación. Ante rivales claramente inferiores que solamente presentan un delantero (pudiendo presentar un 4-2-3-1 o un 4-4-1-1) la marca al mediapunta puede realizarse mediante los movimientos de todo el equipo en una defensa zonal, pero ante rivales de envergadura o ante equipos que alinean dos puntas, suele ser necesaria la entrada en el equipo de un segundo mediocentro para realizar la marca al mediapunta rival a la vez que se mantiene el factor correctivo del otro mediocentro.
*Aunque el ejemplo de Stamford Bridge es el más perfecto para explicar la capacidad de mutación del Barça 2005-06, sirven también los dos partidos de la eliminatoria ante el Milan o la primera mitad de la Final ante el Arsenal.
Pues bien, la pasada jornada ante el Sevilla pareció que volvía ese equipo capaz de controlar el partido desde la solidez defensiva y buscando la verticalidad en ataque, dejando el Jogo Bonito para otra ocasión (cuando el equipo recupere un ritmo competitivo muy abandonado durante la pretemporada, al enfrentarse a rivales de una calidad muy inferior) y buscando el gol en pocos toques y practicando un fútbol directo. Defensivamente el equipo fue un valladar gracias en gran parte a la solidez mostrada por el triangulo formado por Milito como central marcador, Márquez de líbero y Touré Yaya en el mediocentro, mención especial para este último, quien realizó un partido soberbio, ganando todos los balones aéreos que llegaban desde la defensa rival, guardando bien la posición, apoyando en el pressing defensivo e incrustándose entre centrales cuando el rival llegaba por las bandas. El rendimiento de los laterales, por otra parte, fue también sobresaliente en defensa y comedido en ataque ante la peligrosidad de las contras del Sevilla. No obstante, el planteamiento de Juande Ramos ayudó, ya que quitando uno de los dos puntas con que habitualmente viene jugando (aunque en este inicio de temporada, probablemente pensando en la Champions, parece decantarse por un 4-2-3-1) permitía liberar de exigencias defensivas a los interiores culés.
La solución a este problema no llegó hasta la segunda parte cuando Frank Rijkaard reubicó a Leo Messi a una posición más centrada y cercana a Henry, para así, partiendo desde la banda, crear superioridades con la pareja de centrales o desplazar a uno de los dos mediocentros. El resultado de este movimiento es esclarecedor: Messi autor de los dos goles y el argentino convertido en héroe de un partido del que el F.C.Barcelona salió muy reforzado, por el resultado, solidez defensiva, eficacia en la presión y determinación arriba, pero sobretodo porque si el Barça recupera los dos trajes estará por el buen camino para revalidar éxitos anteriores.
