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James Rodríguez y la corona de Benzema

James Rodríguez y la corona de Benzema

El pasado sábado, en el entretiempo del partido que enfrentó a Madrid y Levante en el Bernabéu, el compañero de Ecos del Balón Alejandro Arroyo se preguntaba sobre una hipotética receta para desactivar a Karim Benzema del juego de su equipo, a propósito de la versatilidad y capacidad del francés para influir sobre el ataque madridista de formas tan diversas como efectivas. En banda, en el área, de cara, de espaldas, desde el desmarque al espacio o el apoyo, a la contra o sin espacios, con el balón o en movimiento… Tales son las posibilidades del nueve blanco que, probablemente, más que anularlo, el objetivo de sus adversarios sea obligarle a librar aquellas batallas en las que pueda ser menos determinante de cara al éxito final de su equipo. De forma parecida obró, por ejemplo, el Barça de Ernesto Valverde el curso pasado, cuando movilizó la mayor parte de los esfuerzos hacia el sector de Vinícius Jr. a cambio, incluso, de regalarle la comodidad a Benzema en tres cuartos de campo, confiando en que, controlado el juego del brasileño, Karim extrañara la compañía de un socio necesario. Que el delantero tuviera que bajar a protagonizar la acción de ataque de modo que no hubiera nadie para concluirla en zona de remate, o que si el 9 quien esperaba en el área su equipo no lograra surtirle de balones sin la participación de su descarado extremo izquierdo. Hacer necesario a Benzema por partida doble, de modo que, ante esta imposibilidad, el plan alrededor del francés siempre pareciera incompleto.

Esta es una cuestión que también ha estado presente en el arranque de temporada del Real Madrid, en cuyo último capítulo, en el choque entre Real Madrid y Levante, Zidane incorporó a una nueva protagonista: una fórmula que, hasta que las sustituciones rompieron el partido, abrigó los minutos más completos del equipo en lo que va de curso. Así, si ante el Real Valladolid la intervención de Zizou pasó por liberar de la banda al teórico punta izquierdo -Isco-, en esta ocasión el futbolista lanzado hacia el centro provino del interior derecho -James Rodríguez-. Para llevarlo a cabo sin romper las sociedades por parejas que viene utilizando el Madrid por fuera, el técnico dio más vuelo a la posición y a la actitud en ataque de Dani Carvajal, otras veces más comedido en la incorporación y en esta ocasión muy vinculado al desarrollo exterior de Lucas Vázquez. Habilitado por el desplazamiento en largo de Toni Kroos después de que el alemán juntara a Marcelo, Vinicius, Benzema y a un buen número de jugadores granotas en la orilla contraria, el tándem formado por los dos canteranos no sólo le permitió al equipo activar el carril derecho sino que, más importante todavía, influyó en lo que pasaría por dentro.

Valiéndose de las particularidades del 1-5-3-2 rival para atacar en superioridad numérica contra Clerc después de que James atrajera a las posibles ayudas, condujo el ataque sin necesitar que ni el colombiano ni Benzema perdieran constantemente su posición centrada. Ambos se juntaron por dentro, con libertad y entendimiento para que los movimientos de uno compensaran los del otro, y vistieron con una doble amenaza un centro del ataque otras veces poco ocupado (Imagen arriba a la derecha). Con James por detrás, Karim no estuvo forzado a salir para crear la ventaja, y cuando lo hizo para mejorar la jugada encontró en el cucuteño la réplica necesaria para que la punta del ataque mantuviera el peligro (Imagen de la izquierda). Además, puesto que la tendencia del francés a la aproximación es menor cuando el ataque avanza por banda derecha, la insistencia de este sector en los metros finales localizó de forma más fija al delantero en zona de remate en el momento de la finalización.

No obstante, aunque la profundidad por bandas del Madrid diera opción a que tanto Kroos como Casemiro adelantaran su influencia y, a pesar de partir desde una posición baja en el mediocampo, se conectaran con la mediapunta tanto a la hora de circular el balón como de presionar la salida del Levante, cuando los de Paco López pudieron esquivar el primer envite descubrieron que las ventajas que había hallado el Madrid lanzando a Carvajal también implicaban algún inconveniente atrás. Concretamente, debido a que la presión blanca se desarrollaba con Lucas encimando al central izquierdo levantinista y con Carvajal repartiéndose entre el carrilero y las caídas a banda de Morales, o bien Clerc podía recibir libre de marca o bien la espalda del lateral quedaba acondicionada para el desmarque dentro-fuera tanto por parte de uno de los puntas como por parte de José Campaña. Abriendo a los centrales y dibujando sendos duelos de uno contra uno en el primer caso, o sacando a Casemiro a banda en el segundo, como condición previa para el apoyo de un delantero a la espalda del mediocampo madridista (Imagen de la derecha). Mientras su ataque funcionó, fue una concesión que a Zidane le salió a cuenta.

 

– Foto: Denis Doyle/Getty Images

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