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Puño de hierro, mandíbula de cristal

Puño de hierro, mandíbula de cristal

«Sí, pensaba que iba a ser un partido de ida y vuelta (…) Cuando te plantean un intercambio de golpes, al final la clave está en la pegada, porque eso implica que el contrario te va a llegar pero también que tú le vas a llegar a él y vas a disponer de espacio«. La alineación de Ernesto Valverde fue engañosa. Con el precedente reciente del segundo tiempo ante el Inter de Milán en Champions, y el resultado que ante los de Conte tuvo la doble entrada de Arturo Vidal y Dembélé por Busquets y Griezmann, la repetición del once -con la salvedad de Todibo- que dio la vuelta al duelo contra el conjunto neroazzurro hacia presagiar una continuidad en el planteamiento que finalmente no se dio. Así pues, para recibir al Sevilla en el Camp Nou, el Barça no formó con un mediocampo organizado con dos futbolistas en la base de la jugada y uno por delante tomando apariencia de mediapunta, sino que mantuvo su 1-4-3-3 habitual esta temporada pero cambiando los protagonistas en las posiciones de su medular. La entrada de Vidal por Sergio Busquets, pues, situó al chileno en el interior derecho y, en consecuencia, retrasó a Frenkie de Jong hasta el mediocentro, dos decisiones de peso en relación a lo que esperaba el Txingurri del partido.

En cuanto a la presencia de Arturo Vidal en el interior derecho, desechado el duelo ante el Inter como antecedente, su función y espacio en el equipo tuvo más que ver con lo que planteó el Barça ante el Villarreal, en la primera titularidad de Leo Messi este curso, que entre semana contra los italianos. Entonces con Semedo en el lateral derecho y Sergi Roberto en el interior, el de Reus mezcló recorridos con tal de compensar los acercamientos del 10 hacia el centro a través de movimientos largos sin balón de dentro a fuera con los que terminar en posición de extremo derecho. Contra el Sevilla la labor correspondió a Vidal (Imagen de la derecha), toda vez en esta ocasión Sergi Roberto se hizo cargo de uno de los laterales, aunque la lista de pedidos encomendados al chileno resultara más extensa que la que una semana antes recibiera el canterano.

Además de para trazar desmarques hacia la esquina, el rango de recorrido de Arturo Vidal le permitió a Valverde que, según la naturaleza de cada acción, el interior derecho pudiera ubicarse en banda, en la base de la jugada cerca de De Jong, en primera línea irrumpiendo desde atrás, cubriendo la zona del mediocentro en transición defensiva o conteniendo por fuera por delante del lateral. No obstante, a la espera de que las semanas descubran si la idea de Valverde es combinar la presencia de Messi en el extremo derecho con la de un interior de mayor dinamismo con el que ocupar la orilla cuando el argentino viaja al carril central, la otra cara de la decisión del técnico tuvo que ver con la suplencia de Sergio Busquets. Y es que como reconocería nada más iniciarse la rueda de prensa post-partido, el técnico culé preveía un partido tendente a las transiciones rápidas, a las idas y venidas y a un intercambio de golpes en las dos mitades poco vinculado al control.

Lo fue, en primer lugar, porque ambos equipos fueron capaces de salir de la presión rival con espacios que atacar a la carrera. El Barça, a pesar de contar con dos futbolistas fuera de posición en el inicio de la jugada, a través del tres contra dos en salida (Imagen de arriba a la izquierda), de la velocidad de Ter Stegen poniendo el balón en juego y de la seguridad de Arthur y Frenkie de Jong a la hora de proteger el cuero; y el Sevilla conectando la comodidad de sus primeros pases y la lucidez de Ever Banega (Imagen de la derecha) con los movimientos de Luuk de Jong fuera del área. El delantero holandés, finalmente triste protagonista por representar la diferencia de contundencia rematadora que desniveló el partido, sin embargo fue clave en el desarrollo ofensivo del cuadro hispalense, permitiendo con sus apoyos de espaldas que el mediocampo visitante recibiera de cara una y otra vez con la posibilidad de abrir juego hacia la profundidad de sus bandas. El ex del PSV se dejaba caer detrás de la segunda línea de presión del Barça, sacando de zona a los centrales y obligando con ello a que los laterales tuvieran que cerrarse para cubrir la parcela central, tocaba hacia atrás para que un compañero mandara el balón hacia la orilla en busca de la entrada de Navas, Reguilón o Lucas Ocampos, y terminaba la acción atacando el centro lateral en el segundo palo haciendo valer su superioridad física con respecto a Semedo o, sobre todo, Sergi Roberto.

El ataque por parte azulgrana se desarrolló con menos patrones y por momentos excesivamente acelerado. Después de que De Jong y Arthur dieran salida al juego y trasladaran la jugada rápidamente al último tercio del campo, la irregularidad técnica de Dembélé, Suárez y Vidal en la combinación, así como su tendencia a la verticalización, culminaron en un desenlace culé propensos a la precipitación y a una pérdida de balón desorganizada que lastró la presión local y oxigenó la salida sevillista. Con un Messi más lanzador ante la ausencia de paredes por delante de la pelota en las que apoyarse, y sin los apoyos interiores y descargas hacia atrás con las que Griezmann viene dando continuidad a las posesiones en campo rival, la nota sorprendente del ataque barcelonista fue Nélson Semedo. Situado a pierna cambiada en el lateral izquierdo, el portugués fue uno de los pocos descansos que encontró el balón cerca de la portería de Vaclík, quizá debido a que jugar en su perfil menos natural le incentivó el pase atrás (Imagen de la izquierda) con la pierna buena, hacia Arthur o Dembélé.

– Foto: Josep Lago/AFP via Getty Images

– Gráficos: as.com

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