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Menos Suárez, pero mejor

Menos Suárez, pero mejor

Habiendo alcanzado prácticamente el ecuador de la Liga, y atendiendo a lo ofrecido y pretendido por el Barça 2019-20, hoy no resulta osado aventurar que en la suerte que corra el tercer año del proyecto de Ernesto Valverde en el Camp Nou volverá a ser clave, en un sentido u en otro, la figura de Luis Suárez. No se presume que la actual vaya a ser la temporada en la que la estructura culé se aleje de la influencia que ha venido teniendo en ella el delantero uruguayo desde su llegada al equipo. Eje del cambio de dirección por el cual el juego azulgrana pasó de definirse a partir de lo que Xavi e Iniesta le daban a Leo Messi a hacerlo por lo que Suárez y Neymar le permitían ser al Diez, el charrua es una pieza, clave en el día a día competitivo de la Liga pero con algún interrogante más en el ritmo de la Champions League, cuya presencia en el engranaje difícilmente es accesoria. El Barça, a partir la campaña 2014-15 se reconfiguró desde de un nueve como él, en virtud del cual se integraba no sólo el espacio, la función y las relaciones de la máxima estrella, sino también gran parte de los mecanismos de juego del equipo. Ir más allá de Suárez es salir al encuentro de un Barça nuevo, siendo éste un viaje que, a pesar del último verano culé, no parece formar parte del presente del equipo. Las piezas que opositan a ocupar en el futuro un rango equivalente al que actualmente ostenta el uruguayo, por el momento inclinan su encaje a la mejoría de un Barça de Messi que también es de Luis Suárez.

En este sentido, las últimas semanas han permitido ver una de las versiones recientes más potenciadas del delantero centro azulgrana a partir del nuevo escenario que han abierto para él futbolistas como De Jong o Antoine Griezmann. Ambos claves para hacer salir al equipo ante presión, para alargar las circulaciones y acortar las distancias con respecto a la portería contraria, vienen delimitando un marco de juego más reducido para Suárez tanto en volumen como en espacio. Luis, que arrancó el ciclo con Valverde haciéndose cargo en solitario de dos de los tres carriles del ataque, vive en la actualidad una temporada especialmente ceñida, en la que la presencia de Frenkie en la medular le ha liberado de esfuerzos a la hora de dar salida al juego y en la que la movilidad y e insistencia de Griezmann para mezclar la banda con las apariciones entre líneas le dibujan nuevos márgenes a su juego. Numéricamente sus cifras se han reducido del orden de un 20% tanto en intervenciones como en pases por partido, y su radio de acción se ha concentrado en el carril central a la espera de que el equipo alimente de balones su zona. Así ocurrió el sábado ante el Mallorca en el Camp Nou, en un encuentro positivo para los culés tanto en juego como en sensaciones edificado sobre un dominio territorial que permitió a los locales disputar buena parte de las batallas cerca de la meta de Manolo Reina.

– De izquierda a derecha, los mapas de calor de Luis Suárez en las temporadas 2017-18, 2018-19 y 2019-20 (vía sofascore.com).-

En particular, y una vez comprobado que bien gracias a la participación con los pies de Marc-André ter Stegen o bien debido a la intervención de unos de los medios en el primer escalón para generar superioridad numérica contra la doble punta balear, el avance y superioridad barcelonista a la hora de tocar el cuero con profundidad para conquistar la corona del área tuvo que ver con dos constantes que se repitieron durante buena parte del partido. La primera fue que, en el centro del tablero, los azulgranas siempre contaron con un futbolista más que su adversario, toda vez el cuadrado que formaban los dos delanteros y los dos mediocentros del 1-4-4-2 mallorquín dejaba libre a uno de los centrales o a uno de los centrocampistas del Barça. Para el pasador blaugrana siempre había una opción sin vigilancia a la que entregar el esférico. Además, puesto que con frecuencia en el inicio de la jugada ambos extremos tendieron a abrir su posición para ensanchar el campo, tanto Messi como Griezmann sujetaban a los laterales visitantes impidiéndoles sumarse a la batalla en el carril central. Así las cosas, fueron los hombres de banda del Mallorca quienes tuvieron que acercarse a los interiores culés, abriendo la puerta a la segunda constante en la comodidad local, ya que de este modo tanto Junior como Sergi Roberto descubrieron desnudos los carriles para incorporarse al ataque.

En las orillas del Camp Nou se formaba un permanente emparejamiento de tres contra dos favorable a los azulgranas en el que el lateral podía apoyarse para irrumpir al espacio. Messi y Griezmann, como agravante, a medida que la acción avanzaba abandonaban la cal para introducirse en la frontal, un movimiento que tendió a cerrar mucho la posición de los dos laterales del Mallorca y a despejar dos enormes pistas de aterrizaje para Junior y Sergi Roberto a la espalda de Kubo y Dani Rodríguez. Especialmente provechoso fue el impacto del catalán en este tipo de jugada, pues además de profundizar una y otra vez por banda gracias a ella, su lectura posterior en los últimos metros prendió la mecha de la superioridad del Barça. Mezclando la asociación por fuera, el centro raso en el área y al pase atrás activando la frontal, el catalán fue una puerta permanentemente abierta a través de la cual los de Valverde pudieron llegar hasta sus delanteros. Concentrados cerca de la medialuna pero armoniosos en un reparto de espacios que permitió ver a Griezmann apareciendo en la derecha o a Suárez ocupando el perfil izquierdo, recibieron, a la espalda de la medular rival, incontables balones que los pies de Messi pintaron de oro.

– De izquierda a derecha, los mapas de pases de Sergio Busquets, Sergi Roberto y Junior Firpo ante el Mallorca (vía as.com). –

Avanzando por fuera y encontrando la pausa suficiente arriba para dar tiempo a que todas las líneas del equipo se juntaran cerca del área, la actuación blaugrana contó, también, con un muy entonado desempeño en la presión, fruto del desorden causado al Mallorca, de la proximidad entre los jugadores del Barça en el momento de la pérdida y de la altura alcanzada tanto por los interiores como por los centrales. Con Rakitic ejerciendo de trampolín para que el trabajo de Busquets y De Jong en la recuperación fuera más arriba que otras veces, y Piqué y Lenglet anticipando más allá de la línea divisoria, durante varios tramos de la noche los locales acortaron el campo y concentraron el juego en las zonas más frecuentadas por sus hombres más peligrosos. Haciendo más cortos los recorridos y más próximas las distancias. Acercando a Busquets a la posición de Messi y no al contrario.

– Foto: Alex Caparros/Getty Images

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