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De Jong y dos extremos

De Jong y dos extremos

A propósito del tridente formado por Messi, Luis Suárez y Griezmann, afirmaba Ernesto Valverde tras el triunfo en Eibar que «es cuestión de tiempo que estos futbolistas se vayan entendiendo mejor«. Y es que, a pesar de que el Barça disputara ya su noveno encuentro de Liga, el mencionado tridente contó en Ipurua apenas su segunda participación desde el arranque en la competición. A nadie se le escapa que tanto por su peso en el juego y en el marcador, como por la singularidad de su mezcla, una parte importante de la suerte que corra el tercer año del proyecto del Txingurri pasará por las botas de sus tres delanteros, y en este sentido no es aventurado asegurar que la temporada culé empezó realmente cuando las recuperaciones físicas de Messi y Luis Suárez permitieron al técnico unir a los dos latinoamericanos con Antoine. No en vano, en su ausencia, el equipo configuró su vanguardia desde una novedosa propuesta posicional, poco reproducible con el teórico once de gala, en el que la relación de los extremos con la banda resultó mucho más estrecha y obediente. Sin embargo, aunque el regreso de Luis y Leo insinuaran ruptura, lo cierto es que una de las noticias del Barça 2019-20, una vez integradas todas sus piezas importantes, viene siendo la amplitud de sus atacantes más externos en determinantes (y muy relevantes) momentos del juego.

Ni Messi ni Griezmann son chinchetas sumisas que enjaular en las baldosas más próximas a la línea de cal, pero aunque ambos están acudiendo y pesando en pasillos interiores, cuando su equipo inicia juego desde atrás en ocasiones su comportamiento posicional se asemeja más al que hace unas semanas tuvieron Carles Pérez o Ansu Fati que al que hace unos meses representaban Coutinho y el propio Messi. Con el Barça instalado cerca del área rival, su espacio está por dentro, pero con el balón en los pies de Ter Stegen o de alguno de los centrales no es tan extraño como antes encontrarlos abriendo el campo. Este aspecto, ante el Eibar, resultó fundamental no sólo para que los barcelonistas se llevaran los tres puntos sino también para que, como consiguieran en Getafe, tomaran la iniciativa a la hora de definir el rumbo del partido en un escenario tan condicionante como el que da cobijo al conjunto de Mendilibar. Marcado por la intensidad de su presión, de lo adelantado de sus líneas y de lo directo y vertical de sus ataques, el armero es un equipo que en su casa acostumbra a condenar a los rivales a una incomodidad en los primeros pasos de la jugada que, en esta ocasión, el Barça supo esquivar.

A nivel estratégico, las claves del planteamiento culé fueron dos. Por un lado, la ausencia en su once de cualquier posible punto ciego en el que el adversario pudiera apoyar su presión. Alineando a Busquets, De Jong y Arthur en el centro del campo y devolviendo el lateral derecho a Sergi Roberto se aseguró, como en Getafe, de que el rival no pudiera desatender a ninguno de los protagonistas involucrados en el inicio de la acción. En segunda instancia, una vez activadas individualmente para la salida de balón cada una de las posiciones de la zaga y el mediocampo, la segunda clave se fundamentó en impedir que uno de los cuatro defensores del Eibar pudiera sumarse al acoso como respuesta al movimiento de apertura de Valverde (Imágenes arriba). Es en este punto de la propuesta del Barça donde cobró importancia el posicionamiento por delante del balón de los tres delanteros, ya que separándose entre sí sujetaron lejos de la presión tanto a los centrales como a ambos laterales. De haber esperado más juntos, en el supuesto que uno de los zagueros locales se hubiera sumado a la presión incrustándose en una de las líneas superiores, los restantes habrían encontrado un escenario de tres contra tres que, por proximidad, podría mantener activado el sistema de ayudas entre ellos, pero, en cambio, teniendo que defender alejados los unos de los otros, más que un tres contra tres la defensa habría consistido en tres uno contra uno con mucha más dificultad para la cobertura. Por eso De Blasis y José Ángel, con posesión barcelonista, esperaron por detrás de su mediocampo, y por eso el Barça pudo usar a De Jong para desactivar la presión adelantada del Eibar.

Desde el interior derecho aumentó su habitual peso en la base de la jugada (Imagen de la derecha), apareciendo más que Arthur por delante de los centrales, a modo de reto para hacer valer la superioridad numérica de la medular barcelonista. Con Sergio Álvarez emparejado con el brasileño, el desafío de Frenkie se lanzó sobre Diop, quien una y otra vez debía elegir entre perseguir al holandés con tal de no conceder una salida liberada o guardar la posición por delante de Arbilla y Oliveira para proteger el servicio vertical hacia los apoyos de espaldas de Luis Suárez (Imágenes abajo). Cuando decidió lo primero el Barça activó el desplazamiento de Ter Stegen, Busquets o Lenglet para conectar con el uruguayo, y cuando optó por lo segundo se apoyó en De Jong primero y Arthur después para una salida más contemporizada. De una forma u otra, el efecto sobre el partido fue similar, pues a través de ambos caminos lograron los visitantes girar las dos líneas más adelantadas del Eibar y llevar su atención hacia el carril central, de modo que a continuación el balón pudiera salir hacia las bandas con muchas posibilidades de avance.

Tan localizada estuvo la ventaja del Barça en su fórmula para superar la presión que, de hecho, apenas tuvo que elaborar ataques posicionales, pues una vez roto el muro de contención enfiló el camino al área sin necesidad de detenerse. Con De Jong guiando la jugada siempre de cara, Suárez compensando hacia los lados las diagonales de los extremos, y la llegada de los laterales con tal de ocupar los carriles en el último tercio del campo. También a nivel defensivo la respuesta del Barça vino definida por su superioridad en salida, pues obligando al Eibar a defenderse corriendo hacia atrás las posibilidades de que los de Mendilibar edificaran un contraataque capaz de sorprender a Lenglet y Umtiti se redujeron notablemente.

Si acaso, el camino más despejado para el despliegue armero fue su banda izquierda, a través de los centros de José Ángel. El lateral, que no necesita ganar línea de fondo para lanzar un balón peligroso al corazón del área rival, se valió tanto de la soledad defensiva de Sergi Roberto como de lo condicionante de la pareja de puntas local para convertirse en el activo más peligroso de su equipo en campo contrario. Con Messi desactivado en tareas de retorno, la intención del Barça fue organizarse atrás según un 1-4-4-2 que dispusiera a De Jong en banda derecha en el papel de Rakitic el curso pasado, pero el hecho de que los centrales culés enfrentaran en igualdad numérica su duelo ante Charles y Enrich llevó a que Busquets ganara presencia en el interior del área, a modo de desempate, y a que, en consecuencia, Frenkie tuviera que cubrir el centro del tablero con mayor asiduidad. En esta ocasión, si bien el Barça no cerró el caudal de centros desde la banda, Ter Stegen, Umtiti y Lenglet sí alcanzaron a sofocar los posibles daños.

– Foto: Juan Manuel Serrano Arce/Getty Images

– Gráficos: as.com

Comments:2
  • vi23 21 octubre, 2019

    Creo que está claro que desde ya se tienen que buscar estrategies que contrarresten presiones altas del rival en campos más pequeños que el nuestro. Tener muy abiertos a Messi y Griezmann parece una solución muy razonable. Si cualquiera de ellos recibe ahi, es difícil que la pierdan y, desde luego, abre mucho más hueco por dentro para conducciones (Sergi Roberto es también bueno en eso, no sólo de Jong).

    El único pero, falta alguien más afilado para romper al espacio…

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  • Mos 22 octubre, 2019

    El Barça ha demostrado que contra planteamientos como el del Eibar o Getafe, tiene armas para progresar fácilmente, cosa que le costó al inicio de temporada, por las bajas entre otras cosas. Ahora, falta ver como se desenvuelve ante repliegues rivales, ya que probablemente carecerá de 1×1 y amplitud en 3/4 por la falta de un extremo puro, haciendo más vital la participación de los laterales (carece de esta en el lado derecho) y exponiendose más, además del mayor porcentaje de error en descargas de Suárez. Si se mantiene el 11, creo que una de las soluciones puede pasar por anclar bastante a uno de los interiores en la base, para sumar más efectivos en caso de transición rival. Aunque yo apostaría por dar entrada a un extremo en banda derecha, y con Griezmann y Messi alternando la función de falso 9 y extremo izquierdo (liberando mucho la zona para las incorporaciones de Alba)

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