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Un 4-4-2 contra Robertson y Alexander-Arnold

Un 4-4-2 contra Robertson y Alexander-Arnold

En la temporada 2017-18, el Liverpool de Jürgen Klopp alcanzó la final de la Champions League gracias a su excelencia en las transiciones. Su activación de la presión y del contraataque, justo en el instante en que el balón cambiaba de manos, distinguió a un conjunto red al que sólo le faltó un peldaño para alzar el cetro continental pero que en la Premier League no fue capaz de seguir el ritmo del Manchester City. Esta facultad la alcanzó el curso siguiente, disputándole la Premier League a Guardiola hasta la última jornada e inaugurando el mes de junio con su victoria europea en Madrid, sustentando su crecimiento en un un desarrollo indisimulable de su juego en aquellos tramos de los partidos en los que el balón se establecía de forma más continuada y paciente en una de las dos mitades del campo. La pizarra de su entrenador, las incorporaciones de pilares defensivos como Fabinho, Alisson y Virgil van Dijk, o el impacto ofensivo de ambos laterales, dieron con una versión prácticamente redonda del actual e incontestable líder de la liga inglesa.

Anoche, en el mismo Estadio Metropolitano que hace unos meses le sirvió de decorado en la fotografía con la sexta Copa de Europa de su historia, el inicial gol de Saúl Ñíguez retó al conjunto red desde el principio invitándole a poner sobre la mesa su versión más capaz manejando el peso de la posesión y haciendo frente a su adversario a partir del ataque posicional. Sin metros para correr ni opciones de recuperar en primera línea. Teniendo el balón en campo contrario contra un rival organizado sobre su propia mitad.

No es éste un guion que le resultara nuevo al vigente campeón, ni tampoco uno que este curso se le haya atragantado a un equipo contra el que por momentos ha parecido no existir antídoto, pero la suma de la eficacia con la que el Atlético de Madrid ejecutó su planteamiento y la insuficiente puesta en escena que hizo el Liverpool del suyo, sí terminó por darle al encuentro cierta apariencia de kriptonita red. A la hora de analizarlo, e insistiendo en el hecho de que el tempranero 1-0 dejó paso a un partido de decantado repliegue atlético y de una asumida iniciativa visitante con el balón que no cuestionó ninguno de los dos equipos, debe resaltarse que uno de los factores clave en la mejoría del ataque posicional de los de Klopp a lo largo de las dos últimas temporadas ha tenido que ver con el valor, tanto táctico como individual, que el sistema del alemán ha otorgado a sus laterales. Trent Alexander-Arnold y Andrew Robertson tienen impacto de delantero tanto en lo numérico como en lo estructural.

Como una sucesión en cadena, su despliegue en ataque hasta ocupar zonas propias del extremo permite que los goleadores Salah y Mané acudan a posiciones más interiores, fijando la atención de los centrales rivales y activando con ello la versión más libre e indetectable de un Roberto Firmino cada vez menos delantero centro móvil y más falso nueve. Una estructuración en campo rival que arranca cuando el Liverpool libera los carriles para la ascensión de los laterales, y que encuentra una de sus grandes ventajas en que, dada la amplitud que alcanza el reparto de sus piezas sobre el campo, le hace muy difícil al rival poder llegar a todas partes. Por eso, una de las notas más singulares de la actuación del Atlético de Madrid, y un punto especialmente interesante para el análisis, fue que su exitosa respuesta se produjera a partir de un repliegue en 1-4-4-2 al que se le suponía una clara desventaja ante el conjunto más ancho del continente.

Sobre el papel, con sólo cuatro hombres formando por delante de la zaga y encargados de tapar de lado a lado una horizontal que el Liverpool siempre mantiene muy estirada, los de Simeone podían encontrar problemas parecidos a los que sufrió el Barça hace unos meses, perdiendo las bandas a cambio de ser fuerte en el centro o abriéndose en el interior para contener el juego exterior de los ingleses. Para que los de El Cholo lograran esquivar esta teórica amenaza y, a la postre, hacerse con el dominio táctico del encuentro, sobre el Metropolitano comparecieron invitados que son habituales cuando un equipo es capaz de lucir a este nivel defensivo, tales como el acierto en los duelos individuales, el ajuste en las basculaciones o una interpretación de la cobertura zonal que rozó la excelencia. Sin embargo, el planteamiento colchonero contó también con determinados arreglos más particulares, propios de un plan especifico para hacer frente a las virtudes de su contrincante.

Uno de los más provechosos fue el de impedirle al Liverpool su despliegue habitual en campo contrario, negándole el escenario posicional descrito anteriormente y que logra a través de las posiciones de  Robertson y Alexander-Arnold. La versión red más peligrosa cuando los de Klopp se establecen en campo contrario es la que convierte a sus dos laterales en dos extremos, pero anoche el Atlético de Madrid no permitió que lo fueran. Para ello, uno de los principios del plan de Simeone sería que ninguno de sus dos centrocampistas más exteriores – Koke y Lemar en el primer tiempo, Koke y Llorente en el segundo – centraran demasiado su posición regalando las bandas. En pos de poder mantener siempre activada la vigilancia sobre las dos orillas del campo, así pues, no serían ellos dos los encargados de compactar el esqueleto atlético en el carril central, sino que ese encargo lo tendrían los dos puntas, quienes defendiendo la base de la jugada red por delante de Thomas y Saúl, formaron una suerte de cuadrado defensivo central.

El Atlético cerraba el interior sin necesidad de apartar a sus volantes de las bandas, por lo que Koke, Lemar y Llorente pudieron enfocar su juego sin balón a la defensa del pase de los centrales o de Fabinho hacia el lateral. A pesar de la salida de tres que muchas veces dibujaron los visitantes bajando a su mediocentro para iniciar entre Joe Gomez y Van Dijk o a uno de sus lados, el Liverpool no contó con una conexión despejada que enlazara el pase diagonal del primer escalón con la posición adelantada de Arnold o Robertson, ya que, por norma, el centrocampista de banda del Atlético se encontraba en disposición de interrumpirla. Si los laterales reds querían recibir el balón, tenían que hacerlo por debajo de la posición que marcaba el mediocampo del Atlético, acudiendo a zonas más retrasadas del campo para crear una línea de pase en la que no se interpusiera ningún jugador colchonero.

La segunda clave en la defensa que hicieron los de Simeone del juego por bandas de su rival tuvo que ver con la respuesta a los movimientos hacia dentro de Mané y Salah. Habitualmente, situados entre central y lateral, éstos tienen como uno de sus objetivos el arrastre del zaguero más externo del adversario con tal de abrir el carril a las internadas de Arnold y Robertson. Una alternativa para recibir a la espalda de la medular rival, girar su estructura, ganar profundidad y estirarlo hacia las esquinas. En este punto el desempeño tuvo varios matices, pero destacaron los tramos en que ni Vrsaljko ni Renan Lodi interiorizaban con su par pudiendo mantener ocupado su espacio, delegando la respuesta al desmarque del extremo sobre Felipe en izquierda y Thomas en derecha. El central y el mediocentro, saliendo el primero y retrasándose el segundo, protagonizaban el relevo con el que Simeone conservaba cerrados los carriles del Liverpool.

Los de Klopp, que encontraron en Firmino la mejor alternativa para dar fluidez a sus ataques a pesar de la incomodidad, recurrieron a soluciones como la diagonal dentro-fuera de Henderson para descompasar la defensa exterior del Atlético o a la presencia de Origi, que movilizó más a Vrsaljko que Mané permitiendo un mayor volumen de apariciones adelantadas de Robertson en el segundo tiempo. Ninguna le favoreció lo suficiente como para desequilibrar a la versión más competitiva del conjunto de Simeone en lo que llevamos de curso.

 

– Foto: OSCAR DEL POZO/AFP via Getty Images

Comments:1
  • Augusto 19 febrero, 2020

    Excelente análisis. Muy ilustrativo, objetivo, y sobre todo, ajeno a la pasión disfrazada de hincha que domina gran parte del periodismo deportivo en la actualidad.

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