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A falta de Dembélé

A falta de Dembélé

Después de la derrota en Mestalla, el Barça ha sido diferente. Ha cambiado en la forma y se ha matizado en el fondo. A la espera de comprobar si el viraje ha sido circunstancial, una nueva herramienta que alternar con el plan inicial que presentó Quique Setién o la nueva dirección hacia donde el cántabro desea encaminar a su equipo, lo cierto es que tanto ante el Leganés en Copa como, más recientemente, contra el Levante en Liga, el conjunto azulgrana ha renovado numerosas de las pautas que habían definido los primeros compases del nuevo cuerpo técnico. Los tres primeros encuentros disputados por los culés a las órdenes de Setién, así pues, se habían caracterizado, en esencia, por un control extremo y una pausa muy desarrollada, ejecutados a partir de un dibujo novedoso con tres cambios especialmente significativos: la sujeción de uno de los laterales en salida hasta el punto de darle apariencia de tercer central con el balón en poder de su equipo, la convivencia de Griezmann y Messi en el carril central formando una suerte de doble falso nueve en la punta de ataque, y la consecuente presencia de un único futbolista del Barça en cada una de las bandas a la hora de llevar a cabo la jugada ofensiva. Particularmente este último factor, atendiendo a las características de sus protagonistas, se había revelado como un aspecto con potencial de conflicto en el funcionamiento del equipo.

Asegurando los primeros pases, manteniendo a tres futbolistas en el mediocampo, acercando a Sergio Busquets sobre la frontal del área rival y orientando hacia ella a los dos elementos más peligrosos del ataque barcelonista, los de Quique Setién lograban el dominio territorial de los partidos a cambio de favorecer una estructura del rival especialmente cerrada ante la cual, para abrirla, extrañaban a determinadas piezas. Así, por ejemplo, la lenta puesta a punto de Arthur Melo limitaba la capacidad del equipo de generar una circulación competente para agujerear un muro compactado, a la vez que restaba el recurso de su desborde interior como vía alternativa. Mientras tanto en banda, sin socios ni aliados, Ansu y Jordi Alba no generaban el desequilibrio suficiente como para reclamar al adversario una atenciones hacia fuera que pudieran generar espacios interiores. El joven delantero, en un puesto que bien podría estar pensado para Ousmane Dembélé, por tener virtudes más vinculadas a la diagonal y a la finalización partiendo a pie cambiado, y el lateral por tenerlas más afines a la aparición y la llegada. Las dificultades del equipo a la hora de generar peligro se completaban con el hecho de que, esperando el balón desde arriba y sin un delantero por delante que arrastre a los defensores fuera del carril, las subidas por banda izquierda de Jordi Alba como solución para activar «el Messipase» quedaban desactivadas.

Los encuentros ante Leganés y Levante, en cambio, han visto de partida a un Barça menos reposado y más vertical. Más abierto. A nivel formal, la lista de modificaciones es extensa, aunque la nuclear, como ocurre siempre, tiene que ver con la ubicación de Leo Messi sobre el campo. De vuelta a la banda derecha, la relación del argentino con la cal viene siendo ambivalente, alternando tramos de clara sujeción, sobre todo cuando el equipo inicia juego desde atrás, con otros mucho libres en los que trasladas su hábitat al carril central. El cambio de posición del 10, a su vez, ha afectado a las responsabilidades de las tres piezas más próximas a él. El lateral, plaza que últimamente ha recaído en Nélson Semedo, adquiere una mayor relevancia por fuera a la hora de llenar los vacíos que genera Messi con sus recorridos hacia dentro, a la vez que afronta un mayor número de situaciones de exposición defensiva cuando el equipo no alcanza a poner en funcionamiento su mecanismo de repliegue. En éste son protagonistas tanto De Jong -el interior derecho- como Griezmann – el delantero centro- encargados de cerrar la banda por delante del lateral. Si Antoine, la primera opción, en el momento en que el balón cambia de manos está demasiado lejos de la acción, es el holandés quien se viste de volante.

Y es que el galo, en el nuevo dibujo, asume un papel que aglutina una gran cantidad tanto de zonas como de tareas. Así, pese a partir como punta dando opciones por delante del balón para la dejadas, la ruptura y la combinación de espaldas, es frecuente también verle acostarse sobre la zona del teórico extremo -todavía no con la rectitud que seguramente el mecanismo colectivo necesita-. Es una inclinación hacia el dentro-fuera que también se observa en De Jong, toda vez los movimientos de Messi hacia el interior vacían un sector del campo que en el libreto posicional del técnico debe ocupar alguno de sus compañeros. A resultas de la nueva ubicación de Leo en el dibujo, también la demarcación del tercer delantero ha cambiado, en este caso pasando Ansu Fati de la banda derecha a la izquierda. El cambio de perfil del canterano hasta el momento ha traído algunas de las mejores noticias de la nueva fórmula, pues permite que un Barça que todavía no puede contar con la mejor versión de su celebro brasileño mantenga activada la ruta alternativa del «Messipase» para generar peligro. En este sentido, además de la velocidad, pegada y sensibilidad en el desmarque de Ansu, el hecho de que guineano esté ocupando en la relación con Leo el lugar de Jordi Alba, pero desde una posición de delantero y no de lateral, por un lado ha incrementado el número de situaciones en las que el equipo puede ejecutar el mecanismo ya que no necesita esperar a que el zaguero alcance posiciones de atacante, y por el otro ha permitido que manteniendo a Alba por detrás del extremo el Barça muchas veces cuente con un futbolista más por detrás del balón en el momento de la pérdida.

Seguramente, una de las cuestiones en las que próximamente más deba evolucionar el plan sea en su capacidad para hacer valer este hecho de cara a reforzar la transición ataque-defensa. Es probable que por el hecho de que la nueva idea conjugue la posición adelantada de los interiores con el descenso de Sergio Busquets para ejercer de tercer central cuando el primer escalón del juego culé adquiere una altura que no permite a Ter Stegen desenvolverse como un jugador de campo más, la mayor verticalidad de los ataques del Barça en los últimos dos partidos se ha traducido, también, en una mayor facilidad para el rival a la hora de progresar en campo contrario. Soluciones como un uso más centrado de los laterales o el acercamiento de uno de los interiores a la base de la jugada, aunque hasta cierto punto contrarios a lo que ha probado el equipo las últimas semanas, podrían contribuir a ello, a la espera de que, a falta de desborde en banda, el crecimiento del ataque posicional barcelonista le permita a Setién convertir de nuevo al control y a la pausa en los pilares de su Barça.

– Foto: David Ramos/Getty Images

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