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De Jong y el fantasma de las Navidades Pasadas

De Jong y el fantasma de las Navidades Pasadas

La primera temporada de Frenkie de Jong en Barcelona no ha sido fácil. Su llegada a un equipo que ya contaba con Arthur Melo y Sergio Busquets planteaba interrogantes acerca de la posición finalmente destinada al neerlandés, pues con ellos compartía preferencia por las demarcaciones de mediocentro e interior izquierdo, pero los problemas de De Jong en su primer curso como blaugrana no han tenido tanto que ver con la ubicación en el mapa como con las funciones a desempeñar en él. El ex del Ajax arribaba al Barça habiendo impresionado a Europa a partir de un fútbol muy presente, casi empalagoso, en la base de la jugada del equipo de Ten Hag, interviniendo de cara a la portería rival, viajando con el balón de abajo a arriba y con libertad para romper los grilletes de la cuadrícula posicional en pos de trasladar su influencia sobre el balón fuera cual fuera la zona por la que éste se moviera. Los encargos que por norma ha recibido en Barcelona, sin embargo, han transcurrido por caminos muy distintos, ya que cuando no se le ha reclamado ser el centrocampista más adelantado del equipo, viendo llegar la pelota en lugar de viéndola salir y haciéndolo normalmente de espaldas al arco contrario, ha venido representado un rol de protagonismo matizado tanto en la base de la jugada como en el nacimiento de la misma. Las llaves del mediocampo azulgrana no han sido suyas, en contraposición a un último curso en la Eredivisie donde él se encargaba de abrir todas las puertas dejando para otros la labor de cerrarlas una vez Frenkie las cruzara.

Todo esto cambió anoche en el encuentro que enfrentó a Barça y Nápoles en el Camp Nou, y que probablemente vio la mejor versión de Frenkie de Jong como culé hasta la fecha. Protagonista principal e indiscutible en la zona de conexión entre los centrales y el mediocampo, toda vez con la ausencia de Busquets el mediocentro -Rakitic- muy a menudo escaló su posición desnudando el primer escalón para las apariciones de su compañero (Imagen a la derecha), y libre para acomodarse en el lado izquierdo del campo recibiendo a pierna cambiada (Mapas abajo), el neerlandés además encontró aliados en ciertas pautas de la organización del equipo. Optó en esta ocasión Quique Setién por recuperar un esquema en rombo en el que por delante de los tres centrocampistas formaran por dentro tanto Griezmann como Messi y Suárez. El primero más móvil y conectado con la medular y los otros dos más unidos a sus recorridos habituales en punta o en la zona derecha de la mediapunta. En primer lugar, el hecho de que las tres piezas más ofensivas del dibujo formaran inicialmente por dentro y que, en consecuencia, la responsabilidad de ocupar las alas recayera en los laterales, provocó que el Barça pudiera ocupar las cinco parcelas del ataque (los dos extremos y los tres intervalos entre defensores) sin reclamar la posición adelantada de ninguno de sus medios. De Jong, Rakitic y Sergi Roberto jugarían de cara, viendo por delante, de izquierda a derecha, a Jordi Alba, Griezmann, Luis Suárez, Messi y Semedo.

El segundo apoyo que le brindó a Frenkie la pizarra fue el hecho de que con Messi acudiendo con cierta continuidad a su zona de influencia habitual por delante del interior derecho azulgrana, Griezmann desplazó la posición hacia la izquierda, de tal modo que el rombo culé se convirtiera en un trapecio (Imagen arriba a la derecha). En una primera altura formarían los tres medios, y en la segunda lo harían Antoine y Leo. En el caso particular del francés, vencido hacia el mismo sector del campo que De Jong, le brindó al holandés una línea de pase abierta en vertical para situar el esférico a la espalda de la presión y una movilidad posterior que el neerlandés aprovechó para sumarle ritmo y dinamismo a su actuación. Probablemente la actuación del interior izquierdo del Barça fuera la nota más agradable de la noche a propósito del juego de los de Setién, tanto por en lo particular del partido como por lo que había sido la temporada de De Jong, pues por lo demás, y a pesar de lo positivo del resultado y de la clasificación, los culés no lucieron una versión demasiado alejada de otras tantas que han señalado las dificultades del equipo cuando se expone a la naturaleza competitiva de la Champions. A modo de recuerdo y aviso para los siguientes capítulos que trate de escribir el equipo en el futuro inmediato, la actuación local resultó, de hecho, prácticamente un muestrario de los problemas que recurrentemente viene arrastrando el Barça en la Copa de Europa:

– El ritmo: Probablemente es la batalla más repetida de cuantas libra el Barça durante los últimos años en Europa. Una pelea previa a las demás que condiciona las circunstancias desde las que enfrenta el resto de desafíos. Dada la veteranía de buena parte de sus futbolistas más importantes e influyentes, el azulgrana es un conjunto que tiene difícil la disputa de 90 minutos a una alta intensidad, y al que le resulta mucho más favorable un duelo a bajas revoluciones afín a las constantes vitales de su columna vertebral. Por ello, su hoja de ruta en competición europea acostumbra a consistir en un intento por domar y dormir el ritmo de juego que, sin embargo, generalmente sólo repercute en el propio Barça. El conjunto culé juega lento pero no consigue ralentizar a un rival que, por lo demás, no se siente aludido. La Champions, además, en fase de eliminatorias guarda siempre un momento del cruce en el que uno de los dos contendientes ya no tiene nada que perder, y para quien el riesgo ya no esconde un castigo más severo que al que ya se está condenado. El resultado suele ser un duelo a dos velocidades en el que los azulgranas no logran imponer su ritmo ni sumarse al de su adversario.

– La ausencia de amplitud y de profundidad en ataque: En la era de la presión adelantada, éste es un factor que combinado con su inferioridad rítmica le dificultan mucho al Barça imponer su guión de partido. El fútbol no es una ciencia exacta y permite un abanico de soluciones casi infinito, pero cuando la incomodidad aparece el hecho de poder activar las zonas vacías del campo es un factor con un gran potencial oxigenador. Contra un rival tendente a juntar a todas sus piezas sobre el mismo carril con el objetivo de coordinar una presión que cierre espacios y termine alcanzando el robo, poder dirigir el esférico hacia posiciones adelantadas de banda o a la espalda de una línea defensiva adelantada acostumbran a ser recursos útiles bien para aprovechar parcelas del campo menos concurridas o bien para movilizar hacia ellas a determinados jugadores rivales que abran nuevos espacios por dentro. Así pues, con Ansu en el banquillo y Griezmann en la mediapunta, contra el Nápoles el Barça apenas contó con herramientas para amenazar con un desmarque al espacio desde la primera línea del ataque.

Por lo que respecta a la amplitud, la presencia inicialmente interior de los tres delanteros unida al hecho de que Semedo y Jordi Alba difícilmente se ubicaron por delante del balón sino que avanzaron en paralelo al mismo (Imagen arriba a la derecha), posibilitó que los dos laterales del cuadro italiano pudieran sumarse sin incertidumbre en el acoso sobre la salida por dentro culé. Es cierto, sin embargo, que mediado el primer tiempo Leo Messi optó por abrir su posición a la banda, sujetando de esta forma la atención de Mário Rui y posibilitando tanto la creación de mayores espacios para la medular como una distancia más grande con respecto a Koulibaly para que el ataque profundizara por el agujero (Imagen a la izquierda). La prudencia posicional de los laterales del Barça, si bien entendible viendo cómo también los culés han sido castigados recientemente en el espacio abierto entre el lateral convertido en extremo y el central, sorprendió por el hecho de que, en el encuentro de anoche, dada la disposición del mediocampo, entre Semedo y Piqué y entre Jordi Alba y Lenglet normalmente se ubicaron los interiores para ejercer de escala.

– La aportación de Luis Suárez: La relación del actual ciclo del Barça con Luis Suárez es una relación de necesidad y limitación. Por un lado, en ausencia del uruguayo el equipo no ha logrado encontrar un plan de juego eficaz como alternativa al formulado a lo largo de las últimas temporadas, y por el otro el plan de juego que tiene con Suárez no parece alcanzar las expectativas que marca la primera línea. El Barça necesita al 9 para hallar un sistema a partir del cual jugar, organizarse y reconocerse sobre el campo, pero el sistema que encuentra en él es uno con problemas y con límites. Las dificultades del delantero jugando lejos del área cuando el rival lanza hacia arriba la presión, su poca autonomía tanto al espacio como escondiendo la pelota hasta que el resto de líneas gana metros, su imprecisión en la frontal o su desventaja rítmica respecto a los centrales rivales, de un tiempo a esta parte no le están permitiendo trasladar el aporte numérico que tiene en Liga a la Copa de Europa.

– La falta de recuperación: Lo apuntó Gennaro Gattuso en su rueda de prensa post-partido al señalar que, a su parecer, la mejor forma de enfrentarse al Barça actual es queriendo el balón porque la capacidad de recuperación de los azulgranas es escasa. Si el rival no pierde la pelota, los culés tienen difícil arrebatársela. En esta ocasión los locales optaron por recomponerse sin balón a partir de un 1-4-4-2 en repliegue que se formaba cuando Griezmann descendía desde la mediapunta para convertirse en un cuarto centrocampista, normalmente por dentro aunque en ocasiones, y dependiendo de los instantes previos de ataque o de presión, también por fuera. Se trató de cuatro futbolistas, a menudo en línea, encargados de contener todo el ancho del campo ante un Nápoles que involucrando a los laterales no sólo disfrutaba de un efectivo más (cinco visitantes contra cuatro locales) sino que además podía estirar mucho más su estructura hacia los costados de manera que la basculación del Barça no llegara a tiempo de evitar la progresión o el dos contra uno en banda.

Y es que para los italianos resultó muy fácil llevar el balón hacia fuera debido a la escasa presión que recibió su pareja de centrales, con tiempo y espacio tanto para abrir el juego sobre el lateral de su sector como para cruzar el pase hacia el perfil contrario (Imágenes abajo). A la hora de avanzar con el balón y darle continuidad a la circulación, para los visitantes siempre había compañeros o zonas del campo libres, un aspecto ante el cual la zaga del Barça se vio forzada a recular para sumar fuerzas en el área alrededor de Gerard Piqué y Clément Lenglet.

– Foto: LLUIS GENE/AFP via Getty Images

– Mapas: as.com

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