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Ansu Fati en tiempos de Leo Messi

Ansu Fati en tiempos de Leo Messi

2005 fue el año de la irrupción de Leo Messi en el primer equipo del FC Barcelona. Había debutado antes y se había estrenado como goleador la temporada anterior, ante el Albacete en el Camp Nou, pero fue después de su estruendoso Gamper contra la Juventus que su camino en el equipo de Frank Rijkaard se puso en bajada. Aquel primer Messi, regateador incansable que sobre el campo todavía se relacionaba sobre todo con lo que ocurría muy cerca de él, encontró una muy provechosa ventaja en el hecho de compartir ataque con Ronaldinho y Eto’o, dos de las figuras del momento: Leo estaba lejos de ser la prioridad defensiva de sus adversarios. Situado en el extremo contrario que Ronnie, y con Samuel como cortafuegos en el centro, Messi ganaba batallas, muchas veces casi individuales, en una zona del campo donde a sus marcadores apenas les llegaban ayudas. Visto el impacto de esos aclarados no pasaron muchos meses hasta que los adversarios se vieron obligados a replantearse las prioridades, algo que, se intuye, puede que no tarde mucho en ocurrir en el Barça actual a propósito de Ansu Fati. El canterano barcelonista resultó el nombre propio del estreno de los de Koeman en Liga, como estilete más afilado y lanza más punzante de su ataque.

El encuentro sirvió, sobre todo, para que los culés presentaran en partido oficial algunas de las novedades que pretende su técnico a propósito de los rasgos de juego y organización del equipo. Se confirmó, por ejemplo, que la primera intención de Koeman en cuanto a la situación de Leo Messi en el dibujo es la misma que en su día tuvieron inicialmente Ernesto Valverde y Quique Setién: ubicar al argentino partiendo desde el centro liberando la demarcación de extremo derecho para otro compañero. En este caso el elegido fue Griezmann, encargado de abrir el campo por la derecha y de defender por delante de Sergi Roberto, pero con licencia para centrar su posición hacia el área y la frontal una vez la jugada se adentrara en fase de desenlace. Su lado, se intuye, será en el que el Barça guardará las mayores dosis de reposo y control, pues en él además del francés coinciden por ahora Sergi Roberto desde el lateral, Busquets o Pjanic desde el mediocampo y las aproximaciones de Messi desde la delantera.

El vértigo, en cambio, se le supone a la banda izquierda, y como anoche el Villarreal, estrecho pero muy largo cuando no tenía la pelota, invitó a ello, resultó el sector del campo protagonista en la abultada victoria local. Es el que cuenta con la visión y pase profundo de Clément Lenglet, a quien las referencias ganadas por delante tanto entre líneas como en banda le valieron una actuación de sobresaliente impacto en la distribución. También el de Frenkie de Jong, aliado del central dividiendo las atenciones de la doble punta visitante cuando retrasaba su posición a la izquierda del francés, y sobre el papel nombre propio del mediocampo que pretende Koeman en su Barça. Sólo Jordi Alba superó sus ochenta y tres pases ante el Villarreal, una cifra que incrementa su significado comparada con los sesenta y uno que promedió el neerlandés durante el curso pasado. Busquets, su acompañante, le guardó la posición tanto cuando se encaramó al ataque como cuando bajó a iniciar junto a los centrales y por detrás del mediocentro catalán. Si hace apenas unos meses el fútbol de Frenkie pareció ahogarse teniendo que recibir como centrocampista adelantado, ayer respiró desde el primer escalón de la medular.

Y es que además del estatus que le otorgan el entrenador y el sistema, esta vez el Barça contó con Philippe Coutinho para una tarea que durante tiempo en el Barça no tuvo dueño. Desde la mediapunta, el brasileño fue la referencia entre líneas que buscaron los pases más cortantes, como solución a la espalda del doble pivote amarillo y escala previa a una aceleración de la jugada que no permitiera a los de Unai la recomposición. Más tendente al sector izquierdo que al derecho, lo que permitió generar incertidumbre en el reparto de vigilancias del Villarreal, menos parsimonioso soltando el balón que en sus últimos episodios como azulgrana, y con un cambio de orientación hacia el carril diestro apenas insinuado pero que debería proporcionarle al equipo nuevas alternativas en los últimos metros, la presencia de Coutinho resultó clave añadiendo una altura más al ataque culé y, por lo tanto, dándole un escalonamiento que la defensa castellonense no tuvo. Ante el submarino amarillo, sin embargo, el factor diferencial del Barça llegó por fuera. Primero en la figura de Ansu Fati y, como consecuencia, también en la de Jordi Alba.

El abanico a la hora de acercarse al partido del canterano es amplio. Permite un recorrido que abarca multitud de caminos que van desde la sorpresa por la madurez de su fútbol y de la personalidad con la que lo administra, al impacto real y presente de sus virtudes, pasando por las necesidades que durante años ha venido arrastrando el Barça y que ahora su irrupción apunta poder paliar. La mezcla de amplitud y de profundidad con la que administra su rol de extremo izquierdo es la síntesis de cuanto han extrañado los azulgranas durante los últimos años en el perfil izquierdo de su delantera. Una pieza que ensanche el campo hasta que la jugada llegue arriba y permita el relevo con el lateral, que amenace la espalda del rival con un desmarque veloz y al espacio, y que sea capaz de intimidar de tal modo delante del portero que o bien el oponente tenga que retrasar la altura y la intensidad de su presión para protegerse, o bien reciba castigo como respuesta a su atrevimiento.

Su duelo ante Mario Gaspar resultó definitivo para la suerte del partido, y una puerta abierta tanto para los envíos de sus compañeros como para las apariciones de Jordi Alba desde la segunda línea. El catalán, sirviéndose de los movimientos fuera-dentro del extremo llevándose al lateral derecho del Villarreal hacia el centro, irrumpió por banda con una constancia que dejó sin réplica a Samu Chukwueze. El del Villarreal sufrió como extremo la ausencia de su lateral, al tiempo que, en el Barça, Jordi Alba disfrutó como lateral del regreso de un extremo.

 

– Foto: David Ramos/Getty Images

 

Comments:2
  • Iniesta10 28 septiembre, 2020

    Partidazo del «nen». Por cierto, en banda derecha, no pensáis que el trio Dest-Pjanic-Trincao pueden mejoran bastante las prestaciones del Roberto-Busquets-Griezmann?

    Reply
  • Raúl 29 septiembre, 2020

    Es interesante lo que apunta Iniesta10. En muchos partidos, tener esa banda derecha cuando Ansu esté en la izquierda, puede ayudar a generar muchos espacios por dentro para Messi, Coutinho o Depay (en caso de que llegase). Y Trincao, por potencia y juventud, podría ayudar más en el balance defensivo y la presión que Griezmann.
    Gran post como siempre.

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