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Pjanic en el mediocampo de Frenkie de Jong

Pjanic en el mediocampo de Frenkie de Jong

Lo extraño fue el caso de Toni Kroos. Verlo llevar los mandos del campeón de Europa desde su posición de interior y función de cerebro, en un tiempo que suele reclamar a los de su estirpe una mayor paciencia hasta poder imponer su tiranía con tal nivel de impacto. El Xavi Hernández de mayor calidad e influencia sobre su equipo y sobre el rival explotó cuando el de Terrassa contaba los veintiocho, y alcanzó la cumbre entre los veintinueve y los treinta. De Luka Modric puede decirse que, incluso, retrasó algún año más el momento más álgido de su carrera, y la última Champions League la levantó el Bayern Múnich dirigido por un Thiago Alcántara que al rozar la treintena se ha convertido en el futbolista que siempre quiso ser. En medio de estos nombres, y más oculto debido a la oscuridad a la que condena no conquistar el cetro continental, ha vivido Miralem Pjanic desde 2017, después de completar en la Juventus de Turín el camino hasta transformarse en uno de los directores de juego más determinantes y eficaces de la élite mundial. A pesar de que su último curso, en el enrarecido equipo de Maurizio Sarri, no mantuviera la línea de rendimiento de sus anteriores campañas, entre 2017 y 2019 el bosnio opositó con justicia a entrar en el debate sobre los mejores en su posición.

El camino de Miralem en la élite empezó en una demarcación distinta a la que ha alumbrado su versión más poderosa, pero escondiendo algunas pistas que, recuperadas hoy en perspectiva, invitan a pensar que el suyo era un camino marcado. Entre el mediapunta estimulante que incorporó el Olympique de Lyon y el mediocentro dominador que ha redondeado la Juventus hay prácticamente una década y varios metros de distancia sobre el campo, pero un destino en común. Como centrocampista más adelantado, en el fútbol francés Pjanic no fue tanto un receptor a la espalda del mediocampo rival como un futbolista que, partiendo por delante de la línea de balón, retrasaba su posición para empezar a mandar viendo el juego de cara. Del mismo modo, como mediocentro su singularidad es la capacidad para establecer a su equipo y el dominio de éste sobre el partido una vez cruzada la línea de medios, tan arriba como se le permita plantar el campo base. Ejerciendo de pivote, el bosnio busca ascender hasta las mismas cotas desde donde, como enganche, descendía. La diferencia estilística entre las dos versiones del jugador radica, por un lado, en su trascendencia situando al equipo en la altura desde la que su fútbol más brilla, y por el otro en el rol que adquiere cuando esto sucede. Se dirige al mismo lugar, pero comandando él la expedición y con el objetivo de hacer cosas distintas una vez en la cima.

Lo segundo señala a uno de los directores más preclaros del panorama actual, tan veloz en la lectura como en el gesto y capaz de sostener y comandar ataques posicionales de ritmo alto en zonas cercanas al área rival. El fútbol con balón de Pjanic, si es de cara a portería rival, no necesita espacios de más. Lo primero, su aporte en el avance del equipo hasta estabilizar las constantes del colectivo a la altura deseada, guarda relación con lo ahora apuntado, y tiene que ver con su brillantez en la fase de inicio del juego. Excelente conservando el balón, ágil lanzando el primer pase, con un rango muy amplio y un abanico muy rico en el golpeo, en el inicio de la jugada es un hombre muy afilado detectando compañeros liberados y encontrando caminos interesantes, tanto cercanos como alejados.

Ahora llega al Camp Nou para sumarse a un equipo que tiene ambos pies sobre la frontera que separa un Barça que termina y otro que está por empezar, y que dependiendo de hacia cuál de los dos lados termine decantándose le planteará a Pjanic dos escenarios muy diferentes. En un Barça cortado por el mismo patrón que ha orientado sus últimas temporadas, el fútbol de Miralem proporcionaría una arma novedosa en la a menudo maltrecha salida de balón culé y un argumento a la hora de ordenarse desde la circulación en campo contrario, si bien algunas de las particularidades del bosnio no encontrarían ayuda en el contexto que rodearía al futbolista. Por ejemplo su punzante pase largo, ese con el que es capaz de generar peligro desde muy abajo y que, sobre el papel, debe tener en alerta a cualquier defensa adelantada, descubriría dificultades a la hora de dar con un socio que respondiera desde la primera línea corriendo al espacio en busca de sus servicios, toda vez los últimos tridentes ofensivos del Barça no se han caracterizado por la profundidad, agresividad y distancia de sus desmarques sin balón. Además, su preferencia por la primera altura del mediocampo, la que se mueve preferiblemente de frente a la medular del contrario y no a su espalda, sobre el papel podría redundar con las que también son las preferencias de los medios más importantes del equipo: Sergio Busquets y Frenkie de Jong.

Que los tres centrocampistas principales del equipo compartan preferencia por la base de la jugada tiene el peligro de que o bien uno de ellos tenga que sacrificar su mejor versión en favor de un reparto más equilibrado de las alturas en la zona ancha, o bien algunas piezas del once como los laterales o los delanteros se vean obligados a forzar su posición y sus funciones en pos de dar sentido a tan particular línea de medios. Sin embargo, aunque su fichaje se cerrara antes, la llegada de Pjanic al Barça se produce después de que el conjunto catalán haya puesto el destino del primer equipo en las manos de Ronald Koeman, quien, pese a lo conflictivo del momento, probablemente trate de reordenar al equipo a partir de nuevas coordenadas tanto de organización como de juego. Al respecto, dos factores parecen beneficiar la entrada de Miralem en los planes del técnico. En primer lugar, Koeman es un entrenador muy vinculado a una disposición en el centro del campo formada a partir de la presencia de dos futbolistas en la base y de un sólo jugador en el segundo escalón de la media. A Pjanic esto le asegura, por un lado, una segunda plaza para entrar naturalmente en el once, y por el otro la seguridad de una referencia por delante a la que encontrar con el pase vertical. A menudo, los centrocampistas adelantados de Ronald tienen el encargo de abrir una línea frontal al poseedor del balón, lo que unido al gusto por los apoyos de delanteros como Messi o Griezmann, parecen garantizarle a un pasador como Pjanic la existencia de posibles receptores.

El segundo factor clave a la hora de profundizar en la adaptación del bosnio en el nuevo ecosistema que Koeman pretenda desarrollar en Barcelona es la figura de Frenkie de Jong. Tanto por lo esperado como por lo declarado, el neerlandés será el futbolista que definirá el contexto del mediocampo culé, un contexto que para su mejor acomodo todo indica que tenderá a reproducir de la forma más fiel posible determinadas situaciones del Ajax de Ten Hag y de la selección de Países Bajos. En consecuencia, en el Barça 2020-21 se intuye una medular que integre a dos futbolistas en el primer escalón, y en el que Frenkie, situado en el perfil izquierdo, goce de libertad tanto para administrar la base como para desplazarse conduciendo el esférico hacia adelante. Pjanic, más vinculado al pase que el neerlandés, en este esquema encajaría en las funciones que en otro momento y en otras latitudes han desempeñado futbolistas como Lasse Schøne o Marten de Roon. Elementos con un comportamiento y una lectura más posicional de la demarcación, capaces tanto de cubrir la zona cuando De Jong se despegue de ella como de entregársela al de Arkel cuando la reclame.

A propósito de esto último, y a pesar de la ascendencia y el mando que ha ejercido Pjanic en Turín, resulta interesante recuperar el funcionamiento del mediocampo que compartió con De Rossi y Nainggolan en la Roma de Rudi García, antes de recalar en la Juventus. Un centro del campo en el que ninguno de sus tres integrantes adquiría en propiedad la zona del mediocentro sino que la alternaba con los otros dos. En cada jugada podía encontrarse en el pivote a un ocupante diferente e, incluso, verlos turnarse en ella en el transcurso de un mismo ataque. Entrando, saliendo, bajando o acudiendo hacia arriba o hacia una banda, buscando en cada momento la disposición más interesante. En este caso, si bien como bianconero sí ha ocupado la demarcación de mediocentro de una forma más individualizada, cabe señalar la forma como se vio reforzado su rendimiento con la presencia cercana de un centrocampista de mucho dinamismo como Sami Khedira, en contraste con las dificultades que se ha encontrado más recientemente en la soledad que le deparaba la propuesta de Maurizio Sarri. Tener a De Jong al lado, a Messi por delante y a Ansu Fati en diagonal, dibujan un decorado más acogedor del que se le presumía hace dos meses y medio al nuevo metrónomo azulgrana.

Foto: Julian Finney/Getty Images

Comments:2
  • Iniesta10 16 septiembre, 2020

    Tiene buena pinta el mediocampo de esta temporada. Igual los dos mediocentros que el hombre más adelantado. El único pero es que sobran jugadores, Pero el mediocampo pinta muy bien, y las bandas también.

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  • JF 23 septiembre, 2020

    Vi algo de su debut. Me dio la impresión que no es de los que decide antes de recibir.
    No crees que haya sido un (otro) error no fichar a Thiago en vez? Piensas que quería venir?
    Un abrazo!

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