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La danza de Marcos Antonio

La danza de Marcos Antonio

La presión adelantada ha sido una de las señas de identidad del Real Madrid desde que Zinedine Zidane regresó al banquillo blanco. El camino gracias al cual el técnico francés ha encontrado atajos hacia la ocasión de peligro que, de otro modo, al equipo le habría costado más encontrar. La posibilidad de que el balón esté lejos de la portería de Courtois, de forzar el error del rival y de castigarlo con el oponente situado pesando más en abrirle rutas a la pelota que en custodiar su propia área. Presiones adelantadas, principalmente, las hay de dos tipos: La presión tras pérdida, que llega cuando el balón cambia de manos sin que el juego se detenga y que marcaba la pauta hasta hace unos años; y la presión tras reinicio, que nace cuando el rival da comienzo a su ataque desde cero y que, recientemente, ha adquirido tanto protagonismo como la que más. En su derrota contra el Shakhtar Donetsk, ambas le dieron problemas al Real Madrid.

Empezando por la presión tras pérdida, aquella más estrechamente relacionada con la fase del juego que la precede, pues es heredera directa de un contexto y de una ordenación de los futbolistas provocada por lo ocurrido inmediatamente antes de darse, la que intentó el conjunto merengue en su regreso a la Champions se vio muy castigada por su flojo desempeño con el esférico. Sin el hilo conductor que establecen Sergio Ramos, Toni Kroos y Karim Benzema en el mecanismo madridista, el fútbol de los locales, sobre todo durante el primer tiempo, apenas encontró ventajas colectivas. Como ocurriera en Liga ante el Cádiz, el Madrid pudo localizar su posesión en campo contrario, pero sin provocar con ella el orden propio y el desorden en el rival. El esférico, en los pies de los madridistas, circuló de lado a lado y prácticamente siempre por delante del bloque defensivo del Shakhtar, sin movimientos en el frente de ataque que arrastraran con corrientes y acumulando piezas estáticas en primera línea a la espera de un envío más o menos directo.

Los de Zidane, por lo tanto, ni se juntaron alrededor de la pelota ni forzaron a su adversario a un posicionamiento perjudicial, mientras el avance de la acción desprotegía cada vez más su posterior transición defensiva. De las dos presiones blancas, de todos modos, esta es la que mayor mejoría experimentó después del descanso, con la entrada al campo de Benzema y la modificación del dibujo por parte de Zidane. Con Karim el Madrid recuperó los movimientos que guían desde la cabecera su propuesta con balón, y la ubicación centrada de Marco Asensio introdujo una escala intermedia que acercara a todas las piezas entre sí. Con las alas igualmente para ambos laterales, el escalonamiento de sus delanteros por dentro mejoró el ataque de los locales y, en consecuencia, su posterior respuesta cuando la posesión cambiaba de lado.

La presión madridista tras reinicio del conjunto ucraniano, no obstante, siguió siendo problemática a lo largo del segundo tiempo, si bien no en los niveles que había expuesto el primero. El planteamiento de Zidane en este tipo de situaciones partió de un emparejamiento en igualdad numérica, cerca de Trubin, con los centrales y el mediocentro visitantes. Jovic y, en la primera mitad, Valverde y Casemiro, formarían el triángulo encargado del acoso inicial (Imagen arriba a la izquierda). Debido a la altura de los laterales del Shakhtar en salida y a que la amplitud de sus delanteros de banda obligaba a los laterales del Madrid a fijarse por fuera, este primer tres contra tres forzaba al Madrid a aceptar la superioridad numérica del rival en el siguiente escalón: Dodo, Korniyenko, Marcos Antonio y Marlos contra Asensio, Rodrygo y Modric. La solución prevista por el técnico madridista al respecto era ubicar a sus tres efectivos de tal manera que cada uno de ellos estuviera en disposición de llegar a la defensa de dos rivales distintos.

Situados en el intervalo entre dos contrarios, pues, deberían elegir en cada momento la marca más indicada. Así, Rodrygo podría saltar sobre el lateral derecho o sobre Marlos, Modric sobre Marlos o sobre Marcos Antonio, y Asensio sobre Marcos Antonio o sobre el lateral izquierdo ucraniano. El antídoto de Luís Castro fue simple pero devastador. Consistió en separar a sus dos centrocampistas más adelantados, obligando a la creación de tres vigilancias individuales y a la aparición de un hombre libre que, además, habitualmente fue el genial Marcos Antonio. Bajando a Marlos hacia el espacio abierto entre el lateral derecho y el central del Shakhtar (Imagen abajo a la izquierda), Luís Castro obligó a Modric a decidirse entre mantener su posición en el centro del tablero o volver a igualar numéricamente la defensa de la salida de balón visitante.

Marcos Antonio, con la colaboración del punta Dentinho, lo aprovechó para detectar el lugar donde más daño podía hacerle a los blancos y para atraer con sus recepciones libres a la pareja de centrales del Madrid (Imagen arriba en el centro). Varane y Militao vivieron una jornada de pesadilla, no sólo por su errática toma de decisiones en defensa, sino porque el contexto ahora descrito en lugar de ampararla la expuso. En cada jugada de ataque del rival, se enfrentaban a una elección trascendental. Fruto de ello, en muchas más ocasiones de lo deseado el comportamiento de los dos zagueros blancos dejó totalmente vacía su teórica parcela, perfectamente dispuesta para la entrada desde segunda línea de un centrocampistas o de un extremo desde la banda (Imagen arriba a la derecha). Sin temor al fuera de juego y favorecidos para la recepción por ubicarse el desmarque entre su marcador y el balón. Tanto Solomon como Tetê se cobraron la ventaja y, como en el caso de los centrales, expusieron una aciaga actuación de Marcelo que el Madrid no tuvo cómo ocultar.

– Foto: GABRIEL BOUYS/AFP via Getty Images

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