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La jugada de Mendilibar

La jugada de Mendilibar

Johan Cruyff nunca fue muy amigo de la figura del carrilero. No tanto por el significado propio de este tipo de futbolista, sino porque, habitualmente, su desempeño subiendo y bajando la banda implicaba la renuncia a una posición fundamental en la idea de juego del neerlandés: el extremo. Para Cruyff, abrir el campo con, al menos, un extremo, quería decir ensanchar a la defensa rival, abrir espacios para combinar por dentro, generar situaciones de uno contra uno y dotar de una profundidad al ataque que permitiera facilitar el acercamiento del balón al área contraria. Para que todo esto ocurriera, entendía El Flaco, su sistema necesitaba delanteros que no abrieran el campo llegando desde atrás, sino que lo estiraran por delante de la pelota. El incómodo empate del Barça ante el Eibar de Mendilibar del martes, en parte se explicó por la diferencia entre una cosa y la otra.

Después de una presentación positiva en Pucela la anterior jornada, el último dibujo que ha probado Ronald Koeman para su equipo chocó con la propuesta armera. Preparado ante la sorpresa que Sergio González no pudo prever, el entrenador vizcaíno ajustó la disposición de sus piezas más adelantadas para contrarrestar algunas de las ventajas que hallaron los culés en la estructura de tres centrales. Así, en lugar de coronar su dibujo con una pareja de delanteros que viviría en inferioridad numérica tanto a la hora de atacar como de presionar la salida de balón azulgrana, el Eibar formó con un punta y dos extremos, algo que le permitió un emparejamiento mucho más sencillo y directo con Mingueza, Araújo y Lenglet. Tres delanteros contra tres centrales, igualando en número la batalla y evitando que su rival gozara permanentemente de una opción extra para trasladar el cuero. Además, como el ajuste táctico dibujó un mediocampo con tres hombres, justo en la siguiente línea también ganó un efectivo para encimar sobre la pareja de mediocentros del Barça sin desocupar la parcela del pivote. Por dentro, los visitantes lanzaron su característica presión a partir de un cinco contra cinco en el que a cada futbolista culé le correspondía una vigilancia.

Donde en Valladolid los de Koeman siempre habían tenido a un jugador sin marca, contra el Eibar no hubo hombre libre. En realidad, la presión que planteó el conjunto eibarrés en el Camp Nou no liberaba a un rival, sino a dos, pero el comprometido posicionamiento que tuvieron estas dos piezas dejó sin efecto su teórica superioridad. Y es que, movilizando tanto a los delanteros como a los mediocampistas hacia la presión en el carril central, el rival del Barça asumió que tanto Dest como Junior Firpo, desde el rol de carrilero, no sufrieran una vigilancia directa. Sin embargo, ninguno de los dos logró aprovecharlo para beneficio propio o del equipo. Después de recibir el balón, su incitativa y su acierto fue irregular, y antes de recibirlo, su posición no generó beneficios al equipo. Aguardaron lo suficientemente cerca de los centrales como para que tanto Inui como Kądzior saltaran del centro a la banda sin tener que invertir mucho tiempo ni recorrer grandes distancias, pero no lo suficiente como para dibujar un cuatro contra tres en salida que se impusiera numéricamente a la primera línea de presión visitante. No por nada, los tramos en que mejor salió desde atrás el cuadro azulgrana durante el primer tiempo fueron aquellos en que Frenkie de Jong descendió un escalón para vestirse de zaguero (Imágenes abajo).

Otra alternativa, posiblemente la más productiva, habría pasado por verlos ascender hasta zonas de extremo cuando el Barça iniciaba jugada, teniendo en cuenta que la presencia de los tres centrales cubre mejor su espalda y que las recepciones que más daño podía hacerle al acoso de los de Mendilibar eran las de Pedri y Griezmann a la espalda de la presión. Ubicados ambos por dentro, como una suerte de doble mediapunta que se juntaba en el centro con Braithwaite, su aparición es la que podía girar el partido hacia la mitad de campo que defendía Dmitrovic. El Eibar, no obstante, sin amenaza directa sobre sus laterales, pudo defender el pase vertical a la espalda de su mediocampo concentrando a sus cuatro zagueros por dentro. A partir de Pedri y Griezmann, el Barça aspiraba a dos tipos de superioridades numéricas: un dos contra uno ante Sergio Álvarez, o un tres contra dos junto a Braithwaite contra la pareja de centrales. Teniendo libres a Pozo y Soares para librar esas dos batallas, el Eibar no sólo logró igualarlas sino que disfrutó de un efectivo más en la zona que su oponente. Por eso, la entrada de Dembélé tras el descanso repercutió positivamente en el juego de los locales. Eliminó al lateral izquierda armero de las disputas interiores, lo que permitió que mediapuntas y mediocentros ganaran presencia.

No la suficiente para que el equipo llegara al minuto sesenta por delante en el marcador, circunstancia que este curso marca en los partidos del Barça el inicio de una fase en la que los cambios y los vaivenes tácticos mellan su competitividad. Con empate a uno, pues, Ronald Koeman movió el banquillo, eliminó a un hombre del mediocampo y lo incorporó cerca del área rival. La medida, habitual en lo que llevamos de temporada, probablemente persiga el objetivo de romper el partido y propiciar un ida y vuelta de cierto desorden que haga constar la superior calidad individual de sus piezas en el área rival. Hacerse más vulnerable a cambio de que el contrario corra la misma suerte, y que hombres como Coutinho, Dembélé o Griezmann castiguen más que los delanteros rivales. Sucede que, como ha ocurrido las últimas temporadas en Champions cuando los culés bajaban el ritmo para dormir el encuentro pero, como no eran capaces de contagiar a sus adversarios, terminaban disputando el duelo con una evidente inferioridad rítmica, también ahora la voluntad de desordenar el encuentro repercute sólo en su propia solidez. Queriendo romper el partido, el Barça se rompe a sí mismo, mientras el rival, manteniendo una posición firme, se aprovecha de ello.

 

– Foto: PAU BARRENA/AFP via Getty Images

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