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Alumno Dembélé

Alumno Dembélé

Como jugador, Koeman no llegó al Barça hasta la temporada 1989-90, aunque Johan Cruyff lo pretendiera antes. Tan pronto como El Flaco fue nombrado entrenador del conjunto azulgrana, puso sobre la mesa su voluntad de incorporarlo, pues entendía que en Ronald encontraba dos cuestiones fundamentales para la puesta en marcha de su ciclo en el Camp Nou. En primer lugar, Koeman le proporcionaría un ocupante para un papel tan especial en su sistema como era el de El 4, una pieza inicialmente a medio camino entre la posición de central y el puesto de mediocentro, clave para formar su querido rombo en el centro del campo sin renunciar a un cierre con defensa de cuatro. Ronald ya conocía las particularidades de tan emblemático papel por haberlo representado a las ordenes de Cruyff en el Ajax. Pero el primer 4 de Johan en el Barça no fue Koeman, sino Luis Milla, abriendo una puerta nueva a la historia de Johan en conjunto catalán. El otro objetivo que probablemente buscaba Cruyff arrancando su andadura en el banquillo culé de la mano del fichaje de Ronald era contar, desde el inicio, con un aliado. Un convencido. Un futbolista que ya hubiese trabajado con él y que, por lo tanto, conociera los entresijos de una propuesta que para el resto de miembros de la plantilla blaugrana sonaría nueva, extraña y rompedora.

La propuesta en la que, por ejemplo, los extremos debían mantenerse sujetos en las bandas casi permanentemente, aunque eso implicara una participación directa con el esférico muy escasa. Cuenta Andoni Zubizarreta que tras uno de los muchos encuentros que organizó el técnico neerlandés en Papendal, el lugar donde nació el Barça de Cruyff, Txiki Begiristain se mostraba contrariado con su actuación. Clavado junto a la línea de banda, prácticamente no había tocado el balón, y en consecuencia temía una airada reprimenda de su entrenador. De vuelta al hotel, Cruyff reunió a la plantilla para analizar el partido y, para sorpresa del hoy director deportivo del Manchester City, puso especial interés en alabar la actuación del extremo zurdo: «El mejor ha sido Txiki, porque ha jugado tácticamente, bien posicionado«. Y es que en la idea de juego del neerlandés, la amplitud de los extremos resultaba un aspecto clave, haciendo ancho el ataque, estirando a la defensa rival, generando espacios por dentro y aguardando la oportunidad para enfrentar el uno contra uno ante su par.

Este verano, la llegada de Koeman al banquillo del Barça se ha traducido en varios cambios en la manera de jugar y de organizarse del equipo. Una de las novedades más sustanciales ha tenido que ver con la posición inicial de Leo Messi quien, como pretendieran tanto Valverde como Setién en el arranque de sus respectivos ciclos azulgranas, con Ronald no parte desde la banda sino desde el carril central. A veces como falso nueve y más recientemente como mediapunta, ubicando al argentino por dentro el objetivo del técnico seguramente tenga que ver con dotar de un mayor equilibrio al perfil derecho del Barça tanto en ataque como en defensa, contando con una figura más fija y presente por delante del lateral. En este sentido, durante las últimas semanas, al tiempo que Pedri ha cambiado el significado del extremo izquierdo del equipo y tanto Ansu como Griezmann han alternado en el carril central, Dembélé ha ganado protagonismo en la banda derecha del sistema de Koeman.

El francés es un futbolista complejo. Con una técnica en el control del balón que, por irregular, reclama espacios, pero con un fútbol mucho más amigo de recibir el esférico al pie que de buscarlo a través de la carrera y el desmarque. A Ousmane también lo define una toma de decisiones demasiado errática para el volumen de participación que reclama su juego, tanto por lo que respecta a sus zonas de intervención como al número de las mismas. Sin embargo, en las semanas previas al parón de selecciones, Koeman ha parecido querer combatir la naturaleza futbolística de Dembélé haciendo bandera de una máxima: menos es más. Le ha reducido su espacio y su paleta de acciones, y, de forma quizá inesperada, Dembélé ha obedecido. No en Mendizorroza, pero sí en Turín y contra el Betis. Ha suavizado su inclinación natural a buscar parcelas más centradas a cambio de una sujeción por fuera mucho más responsable y disciplinada; y sustituido su afición a intervenir mucho y en zonas del campo de lo más variadas por una mayor paciencia en la espera sin volverla desatención. Además, su desordenado muestrario de acciones por momentos ha dejado paso a un catálogo más acotado y selecto.

Fijando al lateral izquierdo rival lejos de las batallas que libran Messi, Griezmann o Ansu Fati cuando se mueven por dentro. Recibiendo el regalo de los espacios en el carril que, con De Jong, Pedri y Jordi Alba creciendo desde la izquierda y con Messi apareciendo por el centro, hace las veces de lado débil. Reduciendo su valor efectivo con balón al desborde partiendo desde la banda y a una simplicidad que reduzca el riesgo cuando el esférico le llega lejos de la esquina. Koeman está buscando a un Dembélé que espere el balón arriba y tan abierto como sea posible, que cuando reciba el esférico en esta posición encare a su marcador si se le presenta una situación de uno contra uno, y que, si ésta no ha surgido, toque fácil hacia el compañero más cercano. Un Dembélé que haga menos cosas, pero que haga las cosas correctas.

 

– Foto: David Ramos/Getty Images

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