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Quererlo casi todo

Quererlo casi todo

Algunas voces, como la de Xavi Hernández, en los últimos años han defendido la idea de que el fútbol debería plantearse la opción de jugar con equipos formados por diez jugadores y no por once. Como una medida para agrandar los espacios que, entienden, el desarrollo táctico y físico de los conjuntos ha tendido a reducir en exceso. Preguntado sobe la cuestión, Pep Guardiola bromeó asegurando que él preferiría jugar con doce para tener un hombre más que el contrario. El desenfadado comentario del de Santpedor sobrevuela una cuestión que atraviesa la historia táctica de muchos conjuntos, y que tiene una de sus máximas expresiones en la aparición de perfiles dobles. De jugadores capaces de representar dos papeles a la vez, dependiendo del momento del juego, dando luz a una superioridad numérica inexistente sobre plano. Falsos nueves capaces de coronar un rombo en mediocampo y de golear entre centrales, laterales encargados de cerrar defendiendo la banda y avanzar como extremos o interiores, delanteros de banda vestidos momentáneamente como arietes o mediapuntas, e incluso centrales encargados de incorporarse a la línea de medios como un centrocampista más. Como jugador, durante años Ronald Koeman fue uno de estos últimos, ejerciendo de comodín en los planes iniciales de Cruyff en su particular rol de «líbero adelantado». Mediocentro con balón y cuarto zaguero en defensa, la suya era una función desempolvada por Johan para que a sus sistema no le faltara nada. Para atacar con tres delanteros, mover el balón con cuatro medios y defenderse cerca de su portero con una barrera de cuatro. Koeman, su primer cuatro, se encargaba de que a ninguna línea del equipo extrañara una pieza cuando la necesitara.

Ya en los banquillos, justamente la historia de los primeras meses de vida del Barça de Ronald es también la historia por intentar dar con la tecla doble indicada. Con el comodín táctico que le permita al sistema no echar de menos a nadie. Primero no echar de menos al delantero centro cuando Messi ejerciera como falso nueve, después no echar de menos a un segundo hombre en tres cuartos de campo cuando Leo pasó a habitar la mediapunta, y finalmente, desde la lesión de Sergi Roberto y Dembélé, no echar de menos a los extremos. La primera añoranza la había saldado Ronald con la utilización de referencias ofensivas más fijas como Braithwaite o un Griezmann enclaustrado, y la segunda con una utilización asimétrica de los hombres de banda que le permitía abrir con Dembélé y Jordi Alba en los costados y centrar a Pedri y a Sergi Roberto a diferentes alturas. Ocurre que cuando se ha quedado sin extremos por las lesiones del galo y de Ansu Fati, el recurso del Barça para ensanchar el campo en ataque ha pasado por emplear a ambos laterales a la vez como si se tratara de dos extremos. Sostener en sus hombros la amplitud ofensiva culé, acercándolos a las esquinas. Más allá de la producción que desempeñando este papel hayan podido aportar Dest y Jordi Alba, el principal problema desencadenado por el plan había sido el debilitamiento defensivo de la estructura. Sin primera presión, sin interiores para la cobertura en banda y sin Piqué para sobrevivir en área propia, la distancia abierta a la espalda de los laterales con respecto a los centrales azulgranas se convirtió en una herida difícil de cicatrizar.

Así las cosas, la última propuesta de Koeman para conseguir tenerlo todo ha sido un esquema con tres centrales que, al menos en su presentación en Valladolid, cumplió con el cometido. La idea es simple pero acorde a las necesidades del equipo: acompañar a Messi de tres centrocampistas, uno de los cuales (Pedri) se reparta con él la mediapunta; generarle espacios a este cuarteto con un nueve y con la presencia muy adelantada de dos carrileros; y reforzar la seguridad defensiva con un zaguero más, tanto a la hora de salir a tapar la espalda de Alba o Dest, como a la hora de fortalecer su respuesta en el área. Formando parte de una línea de tres centrales, en Pucela tanto Mingueza como Lenglet pudieron abrir y adelantar más su posición llegando a vestir en determinados momentos -especialmente el canterano- como laterales, y mantener a Araújo en una posición central desde la que poder imponer su propia autoridad y corregir la posición de sus compañeros. A diferencia de otros equipos que han abrazado un dibujo con tres centrales, el cambio de esquema no le permitió a los culés realizar una presión más eficaz gracias a un emparejamiento sin balón más natural con los laterales rivales, pero sí le valió para ser aparentemente más sólido ante las consecuencias de su dificultad para recuperar arriba. Si no hay más remedio que oponerse al ataque del rival con los centrales, Koeman decidió que fueran tres hombres y no dos los encargados de hacerlo. En paralelo, además, la presencia de un tercer central le dio al sistema del Barça superioridad numérica inicial sacando el balón desde atrás.

Contra la pareja de puntas local, los blaugranas tendrían un futbolista extra, lo que se tradujo en una contención posicional en cadena muy positiva para la armonía de su juego. Sin necesidad de que Pjanic o De Jong bajaran un escalón, los mediocentros se mantuvieron por delante de la zaga, y con ellos habitando la base de la jugada, Pedri y Messi pudieron concentrarse a la espalda del mediocampo rival. El argentino recibió más arriba que de costumbre. También más cómodamente, gracias a la capacidad de Pjanic para filtrar el pase vertical y a la actividad con la que recientemente lo están rodeando tanto De Jong como Pedri. Se mueven a su alrededor, dividen atenciones y le siguen el ritmo en la pared y la descarga. Están lo suficientemente cerca para ser sus socios pero con el acierto de no cerrarle caminos. Son sus aliados más próximos con la pelota. Su buen entendimiento, de hecho, disimuló uno de los aspectos más exigentes del nuevo plan, como es que tanto en defensa como, sobre todo, en ataque, el equipo sólo cuanta con un futbolista en banda. A Sergiño Dest pareció afectarle menos, pues además de un mayor manejo del regate en espacios reducidos contó con la beneficiosa atracción que generaban hacia dentro hombres como Pjanic o Messi. En el caso de Jordi Alba, el peligro del catalán en los últimos metros se resintió en la medida que sin un extremo por delante nadie arrastraba al lateral rival para dejarle el carril libre. Su posición no fue paralela a la de Dest, pues él, probablemente para priorizar la llegada sobre la desborde con el balón al pie, arrancó unos metros por detrás. Fue el principal precio que pagó Koeman por quererlo casi todo.

 

– Foto: CESAR MANSO/AFP via Getty Images

 

 

Comments:1
  • José Luis 24 diciembre, 2020

    Me parecía la solución lógica, como ya comenté en un post anterior, la de jugar con tres centrales y dos carrileros, en las circunstancias que estaba el equipo, que se solía partir en dos, dejando a los dos centrocampistas vendidos y llevando los partidos a un correcalles. Otro acierto fue la de sentar a dos futbolistas intrascendentes como Coutinho y Griezmann, que han demostrado no tener ni gol ni ser generadores de acciones de peligro. Y para terminar, darse cuenta de que Busquets ( excelente medio centro durante muchos años) ya solo está para jugar en el Barça de veteranos.
    Creo que Koeman, por lo menos ha demostrado valentía para intentar buscar la tecla que haga funcionar al conjunto, aunque a futuro no creo que sea el entrenador ideal del equipo a largo plazo. Por cierto Araujo un pedazo de central, y Umtiti desgraciadamente ya es un exfutbolista.
    Feliz Navidad a todos.

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