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Un problema lateral

Un problema lateral

Si algo ha definido la temporada del FC Barcelona son sus idas y venidas. La falta de una constante con la que sacar una imagen fija de su trayectoria. La dificultad para establecer un patrón lo suficientemente sostenido como para considerarlo asentado. Seguramente, de hecho, su condición más repetida no haya sido un aspecto positivo, sino una perniciosa vulnerabilidad defensiva que provoca que habitualmente sean los culés los primeros en encajar un gol. Demasiadas veces sus partidos empiezan con la losa de un tanto en contra. La falta de control sobre el juego que ha tenido en la mayoría de tramos de la temporada, y el nivel individual de Ter Stegen y de buena parte de su defensa, invitan a escenarios en los que no resulta costoso ni llegar al área del alemán ni sacar provecho de ello. A las órdenes de Xavi y en el mejor momento de juego del equipo, esta fue una herida que pareció controlada, no tanto por la mejoría individual de sus actores principales sino por la recuperación del control en el juego y por el hecho de haber ganado un potencial ofensivo capaz de compensar las lagunas atrás. Si el Barça recibía un gol, era capaz de marcar dos, tres o cuatro.

Durante este mes, sin embargo, aquel Barça parece haberse diluido. Por norma general, ha perdido el control sobre el juego, y su funcionamiento en ataque se ha encasquillado. El cuadro de Xavi marca menos, pero siempre puede encajar. A la hora de analizar las nuevas dificultades del juego de ataque barcelonista, hay un hilo que conecta muchas de ellas: el papel difuso de los laterales culés en el juego ofensivo del equipo de Xavi. Y es que, después de que la andadura del egarense en el banquillo azulgrana arrancara dando un papel protagonista en el juego a los laterales, ya fuera como laterales-centrales, laterales-interiores o como laterales-extremos, desde hace semanas su papel se ha empobrecido. Navegan en tierra de nadie, sin participar en banda ni en el centro, ni tampoco generar superioridades numéricas o posicionales. Se ubican a ambos lados de los centrales cuando el equipo tiene el balón, como si una defensa de futbolín se tratara (fantástica metafora de Daniel Pascual), sin tener una incidencia directa en el desarrollo ofensivo azulgrana y obligando al equipo a atacar con dos efectivos menos. Recuperar la figura de los extremos ha permitido a los blaugranas relevar a los laterales de su antigua función abriendo el campo y ganarlos a la hora de librar otras batallas, pero el Barça no los está utilizando para ninguna misión concreta.

Su ligereza, por ejemplo, se nota en la pérdida de juego interior a la que sin Pedri se ha visto empujado el equipo. Con los interiores arriba y los centrales atrás, los de Xavi están extrañando más presencia en el escalón intermedio, el que ocupa Busquets en soledad y en el que únicamente Dani Alves (y no siempre) se asoma desde el lateral para sumar referencias para el rival y pasadores para sus compañeros. El empobrecimiento del juego interior del Barça ha contribuido, también, a sobrecargar la importancia de Aubameyang en el apoyo y el juego de espaldas precisamente en un momento en el que el gabonés parece acusar el volumen de participación que el sistema de Xavi le demanda a su posición. El nueve de este Barça tiene que estar permanentemente activo, ya sea desmarcándose o viniendo a recibir, y en el último mes al ex del Arsenal le está costando aguantar el ritmo (Imagen abajo). Además, sus toques de espaldas han perdido precisión, en parte por un momento de inspiración del jugador más bajo, y en parte también porque el contexto de juego en el que se desenvuelve se ha vuelto más hostil.

Otra vez, la presencia adelantada de los interiores, en ocasiones más altos que el propio delantero y, por lo tanto, desactivados como receptores de la dejada, reclaman más presencia de jugadores cerca de Busquets para que el mediocentro no sea la única opción hacia la que dar el pase atrás. Los laterales acudiendo a zonas interiores, o proyectándose por banda para generar permutas que llevan al extremo a la frontal y al interior a la base de la jugada, son opciones que el Barça apenas está utilizando. De hecho, no solo el juego interior culé sufre por la falta de protagonismo de los laterales en ataque, sino que también por fuera esta circunstancia le ha generado a los extremos un escenario de juego menos favorecedor. Como el Barça no es capaz de fijar dentro las atenciones de su rival, no genera ni aclara los espacios para sus hombres de banda. Así, a Ferran Torres se le cierran los caminos para sus movimientos sin balón y sus diagonales con la pelota, al tiempo que aumentan el número de adversarios que debe sortear Dembélé si quiere generar una ocasión de peligro.

Lo paradójico, sin embargo, es que la pérdida de los laterales en ataque no le está suponiendo al Barça un aumento de su seguridad defensiva. La imposibilidad de imponer el discurso con balón y el descontrol que esto le genera a sus partidos, la menor exigencia a la que se ven obligados los extremos rivales cuando el conjunto azulgrana maneja la posesión, y la escasa compañía que recibe Sergio Busquets en el mediocentro a la hora de frenar las contras, abandonado por unos interiores y laterales demasiado lejos de su posición, abren en canal al sistema defensivo del Barça cuando los de Xavi pierden la posesión. Ya lo decía Simeone: »En el fútbol de hoy, no tengo ninguna duda de que lo más importante son los laterales. Te dan la vida».

 

– Fotos: LLUIS GENE/AFP y David Ramos via Getty Images

Comments:1
  • Pedri8 27 abril, 2022

    Albert, un artículo muy revelador

    Entre los interiores, que se posicionan demasiado arriba, y los laterales, que se posicionan demasiado abajo, el centro del campo queda desnudo, Busquets sufre y no llega, y el equipo es muy vulnerable y no controla los partidos. Es así

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