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«Cruyff era un ídolo para nosotros»

Entrevista | Jon Andoni Goikoetxea

«Cruyff era un ídolo para nosotros»

  • La llegada de Jon Andoni Goikoetxea al Barça es un poco peculiar. Fichas en 1988, cuando Cruyff llega a Barcelona, pero no te vistes de azulgrana hasta dos años más tarde.

Sí, a mí y a Juan Carlos Unzué nos fichan de Osasuna, pero me ceden dos años a la Real Sociedad en una operación en la que el Barça ficha a Txiki Begiristain y a Bakero. Cuando fiché ya sabía que iría cedido a la Real. Me dijeron que iba a estar dos años cedido y que luego me iban a repescar. Pero en esos momentos tienes tus dudas. Nunca se sabe que va a pasar. Cuando ves que se van a terminar los dos años de cesión siempre tienes dudas de si van a contar contigo o de si te van a volver a ceder. Al final, lo que le interesaba al Barça en el 88 era hacer esa operación y quedarse con Txiki y Bakero.

Pero esas dos temporadas en la Real fueron muy buenas. Mejoré mucho, jugué en un equipo que estaba jugando competición europea, que tenía una buena mezcla de gente con experiencia y gente joven, y con un entrenador como Toshack con el que aprendí muchísimo. Lo cierto es que tuve dos años muy buenos, y en 1990 me llamó el Barça para decirme que haría la pretemporada con ellos.

  • Desde luego el Barça de Cruyff no parecía un mal destino para un extremo de cuna.

Es verdad que desde mis inicios había jugado arriba, como delantero. Tanto en una banda como en la otra. En cada sitio es diferente porque por ejemplo en Osasuna tenía más libertad mientras que en la Real Sociedad tenía que estar más metido en banda y no podía cambiarme tanto de lado, y alguna vez hasta jugué de carrilero, pero siempre había sido extremo.

A Cruyff le gustaba jugar con dos extremos muy abiertos, y con él empecé jugando como extremo derecho pegado a la banda. Johan nos pedía a los extremos que nos atreviéramos a encarar al lateral cuando tuviéramos la opción del uno contra uno. Además, yo estaba acostumbrado a trabajar en defensa porque tanto en Osasuna como en la Real Sociedad los extremos teníamos que perseguir al lateral rival cuando subía. Era un extremo disciplinado sin balón.

Cuando llegué al Barça me encontraba en un muy buen momento. Estaba bien físicamente y jugaba en un equipo que se pasaba todo el tiempo atacando. Fue todo muy rodado. Venía a un equipo muy hecho. En el año 90 se hicieron dos o tres retoques, recuerdo que vinimos Stoichkov, Nando, Ferrer que estaba cedido en Tenerife y yo. Había muy buenos extranjeros y jugadores nacionales en buena edad y con ganas de ganar títulos.

Funcionábamos bien todo el equipo, pero yo con Eusebio y Guillermo Amor me entendía muy bien. Tanto me podían poner un balón en profundidad como por banda, y a partir de ahí encarar. Enseguida le cogí la idea al equipo y a lo que quería Cruyff. Estar bien abierto, no perder balones fáciles y tratar de encarar al lateral cuando tuvieras la oportunidad. Hay alguna anécdota de Txiki, que también jugaba de extremo, de partidos en los que quizá tocaba poco el balón pero se mantenía en su posición abriendo la banda. Johan valoraba eso también.

  • ¿Se están perdiendo esos extremos?

Desde hace algún tiempo los extremos están desapareciendo. Sobre todo la figura del extremo encarador. Quizá ahora en las bandas juegan futbolistas de más toque, que se asocian bien, y no se estila tanto ese extremo veloz y atrevido a la hora de regatear. Todavía hay casos como Vinícius o De Frutos del Levante, que son jugadores rápidos que se atreven a encarar, pero hay muchos equipos que juegan con cuatro hombres en mediocampo y los dos de banda tienen otras características. Técnicamente son muy buenos, con mucha tendencia a jugar por dentro para que suban los laterales.

Ahora los equipos dan prioridad a tener mucho la posesión, ir de lado a lado y no perder el balón, y antes quizá éramos más atrevidos a la hora de llegar, poner centros y definir rápido. Hoy quizá estás en posición para tirar un centro y el balón vuelve otra vez para atrás, hacia el mediocampo, para llevar el balón al otro lado. Es un juego más pausado. Los futbolistas son muy buenos técnicamente, pero se esperan a una jugada muy clara para finalizar. Antes era diferente. Recuerdo que en mi etapa en Osasuna nuestra idea, especialmente en casa, era finalizar las jugadas con centros y llegadas al área. Ahora cuesta más. Se mantiene más la posesión. La figura del extremo ha cambiado bastante, pero siempre hay jugadores que conservan ese juego. Esperemos que no se pierda.

  • Tu adaptación como extremo en el Barça fue rapidísima y muy positiva. De hecho te conviertes en una pieza clave en la primera Liga que gana el Dream Team. Incluso fuiste elegido el mejor jugador de la temporada.

Me salió una temporada muy buena. Desde el principio encajé muy bien en el equipo. Antes de terminar la temporada con la Real me llamó Cruyff, luego fui a entrenar con la selección y cuando empezamos la pretemporada en Japón ya vi que estaba muy bien. En los torneos de verano, en Coruña o en el Gamper, me empezaron a salir muy bien las cosas y eso me dio mucha confianza. Además físicamente estaba muy bien. Fue todo rodado. Me encontré con un gran equipo y enseguida entendía la idea del entrenador. Me encontraba en un momento muy bueno.

  • Y eso que en aquel Barça, como extremo, no tenías un nueve al que ponerle los centros.

Es verdad que, en aquel momento, delantero centro claro normalmente no había. Luego vino Romário, pero sí que había jugadores con muchísima llegada como Stoichkov, Laudrup, Amor o Bakero, que tenía tendencia a llegar desde segunda línea y mucho gol. Como dominábamos tanto y creábamos muchas ocasiones de gol, al final siempre llegaban jugadores desde atrás que lo podían aprovechar.

  • ¿Cómo era Johan Cruyff como entrenador?

Era diferente al resto ya desde las explicaciones que te daba en los entrenamientos. Al principio quizá no lo terminabas de entender, pero después te dabas cuenta de que tenían mucho sentido. Tampoco era el típico entrenador que te cogiera por banda y te pegara un rollo. Él era más de decirte cuatro cosas concretas pero que se te quedaban. Todo lo que nos decía la plantilla lo absorbía enseguida, y viniendo de quién venía nos ayudó muchísimo. Para nosotros era un ídolo. Yo tenía el recuerdo de verlo cuando era niño, y ahora lo tenía dándome indicaciones.

Lo mismo con los rondos. Al principio podías pensar que era un poco de cachondeo, pero al final eran trabajos muy importantes. Hasta llegar al Barça yo no había conocido ese tipo de ejercicios, y me sirvieron mucho para aprender sobre colocación o sobre cómo recibir el balón.

  • Después de aquella primera Liga vinieron tres ganadas en el último partido.

Era una situación complicada porque no dependíamos de nosotros mismos, dependíamos de algún pinchazo del rival. Sí que recuerdo que en una de las Ligas de Tenerife el Tenerife se jugaba entrar en la UEFA. La del Dépor también la veíamos muy complicada, porque jugaban en su campo con todo a favor. Pero nosotros luchamos hasta el final, no nos rendimos y confiamos en esa posibilidad. Y al final sucedió. Tuvimos suerte porque no es fácil cuando no depende de ti.

  • Aún con esas cuatro Ligas, sin duda el momento más importante de aquel Barça fue cuando se gana la primera Copa de Europa, en Wembley.

Fue un antes y un después. En casi cien años de historia del club o se había podido ganar. Fue la culminación de esos años en los que enamoramos con nuestro juego, que era muy llamativo. Allá donde íbamos la gente nos iba a ver y nos quería mucho. Ganar la Copa de Europa fue un antes y un después que sirvió para superar el gafe del Barça en Europa. Sobre todo después de la final de Sevilla, en la que el Barça parecía tenerlo todo a favor contra el Steaua.

Teníamos mucha presión porque no podíamos volver a fallar. La Sampdoria era un rival que no había llegado nunca a una final de Copa de Europa, pero tenía una gran plantilla. Veíamos que era una oportunidad importante y la cantidad de aficionados que viajaron a la Final. La verdad es que el partido estuvo igualado, y aunque quizá nosotros tuvimos alguna ocasión más, ellos también tuvieron las suyas. Al final lo importante es que acertamos con esa falta de Koeman. Confiábamos mucho en que el gol llegara con esa falta.

  • Atenas fue la otra cara. Una final perdida que, además, termina provocando el final de aquel ciclo.

Aquel día creo que pecamos de exceso de confianza. Partíamos como favoritos y pensábamos que el Milan no estaba muy fino, pero nos pasó por encima. Estuvieron muy bien. Hicieron un gran partido, quizá el mejor de la temporada, y nos habían estudiado muy bien. Tenían un gran equipo y quizá nosotros no los respetamos como deberíamos haber hecho. Fue una pena por la derrota y por la imagen que dimos.

Después de la final no hablamos mucho del partido. Era final de temporada y enseguida empezaron a salir muchos rumores de salidas, cambios de ciclo y cosas así. Fue una final en la que perdimos claramente, con justicia, y Cruyff optó por hacer un cambio de ciclo. Hubo bastante revolución. Poco a poco nos fuimos yendo muchos jugadores y se terminó una época. En mi caso salió la opción del Athletic a través de una operación con Eskurza. Johan me dijo que si quería seguir no había ningún problema, pero que había esa posibilidad. Al principio no le di mucha importancia. Luego, en pretemporada, volvieron a salir esos rumores y el Athletic estaba bastante interesado en que saliera esa operación. Me ofrecían cuatro años de contrato y era un gran club. Al final se hizo. Me tiraba mucho el Athletic, pero también habría estado contento de seguir en el Barça.

  • Curiosamente, llegaste al Barça como extremo y te fuiste jugando sobre todo como lateral. ¿Cómo recuerdas esa reconversión?

Cuando el Barça me repescó de la Real Sociedad es verdad que se habló de que Cruyff me podía querer para el lateral, pero aquella pretemporada me salió muy bien jugando de extremo y no fue hasta el segundo o el tercer año que Johan empezó a contar conmigo en el lateral. Creo que siempre lo había tenido en mente. Nunca me lo dijo, pero tengo esa impresión.

La primera vez fue un día que teníamos bastantes bajas en defensa, pero en ningún momento me dijo nada entre semana, ni que estaba pensando en ponerme como lateral ni nada. Simplemente llegó la charla, empezó a dar la alineación, fui de los primeros que nombró y me dijo que iba a jugar de lateral. Luego, después del partido, Cruyff contó en la rueda de prensa que me veía entrenar, sabía cómo trabajaba y el perfil que tenía, y que por eso sabía que podía funcionar jugando ahí. Además, como en los entrenamientos hacíamos muchos ejercicios de tres contra tres o cuatro contra cuatro en espacios reducidos él veía que yo era rápido y que defendía bien. Era un partido en el Calderón y coincidí mucho con Futre, pero salieron muy bien las cosas. Creo que ganamos 1-4 o 2-4, y a partir de entonces empezó a contar mucho conmigo de lateral además de como extremo. Para mí todo lo que fuera jugar era positivo.

Al principio estaba nervioso, pero confiaba en mis posibilidades. Era un jugador rápido y en defensa no era fácil irse de mí. Primero me costaba un poco la colocación, pero enseguida me acostumbré. Además, como éramos un equipo que siempre dominaba, no nos atacaban mucho. Eso sí, cuando nos atacaban nosotros defendíamos con poca gente. Era el riesgo que corríamos. Nos gustaba salir jugando desde atrás, y la gente que teníamos alrededor del balón era muy buena. Koeman, Guardiola, Eusebio, Amor… era un lujo combinar con ellos. Había momentos, en algunos campos, en que sufríamos, pero en casa dominábamos mucho, el campo era grande y era una gozada. Podíamos sufrir en momentos puntuales cuando el rival nos apretaba, pero jugábamos a eso. Lo normal era que los extremos contrarios fueran rápidos, pero si nosotros nos poníamos por delante en el marcador, dominábamos bastante. Al final le cogí el gustillo a jugar de lateral.

  • Con esa reconversión no solo pasaste del extremo al lateral, sino también de la banda derecha a la izquierda.

Yo era un delantero al que le daba igual jugar en cualquiera de las dos bandas. Desde niño había tratado de manejar también la pierna izquierda y me defendía bastante bien con ella. Cuando he entrenado a chavales siempre les he insistido mucho en eso. A veces ves jugadores de Primera División que prácticamente solo juegan con una pierna y es algo que choca bastante. Yo tuve la suerte de aprender a jugar con las dos piernas desde pequeño, y no tenía problema si me ponían en la banda derecha o en la banda izquierda.

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