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enero 2009

A priori cuando se conocieron los emparejamientos de cuartos de final de la Copa del Rey, uno de los enfrentamientos más interesante era el que enfrentaba al Valencia de Unai Emery contra el Sevilla de Jiménez. El partido de ida no defraudó a las expectativas, y tras unos noventa minutos en los que hubo de todo, el 3-2 que reflejaba el marcador dejaba, si tenemos en cuenta el valor doble de los goles fuera de casa, la eliminatoria prácticamente igualada a la espera del desarrollo del partido de vuelta en el Sánchez Pizjuan. Ambos técnicos afrontan este partido con algunas dudas tanto de resultados -tanto Sevilla como Valencia perdieron con relativa claridad en su último partido de Liga-, como a la hora de confeccionar los onces que saltarán al campo debido a las bajas de algunos jugadores.  Especialmente difícil es el caso del Sevilla que durante prácticamente toda la temporada se ha visto castigado sobremanera por las lesiones, hasta el punto que en las últimas convocatorias el entrenados se ha visto obligado a tirar de algunos jugadores del Sevilla Atlético.

En su presentación como nuevo técnico del F.C.Barcelona, Pep Guardiola decía ser consciente de que en un gran club un entrenador no puede pedir tiempo, ya que pese a que todo proyecto necesita un período de crecimiento hasta llegar a su madurez, el día a día en un club grande es muy exigente obligando al equipo a sumar de tres en tres cada fin de semana. Con esta premisa, Pep Guardiola empezó a construir un equipo que garantizase resultados a corto plazo, potenciando sus puntos fuertes, disimulando sus debilidades y tratando de sacar el máximo rendimiento a todas las piezas. El objetivo de esta temporada era el de conseguir crédito, que el equipo transmitiese buenas sensaciones que se ganasen a un entorno que venía de dos años muy convulsos, y a final de temporada estar en la pomada en la lucha por los títulos. El Barça, en el primer año de Pep, debía volver a ser competitivo y poco a poco ir creciendo para edificar las bases de un nuevo proyecto campeón a la altura del de Frank Rijkaard que le precede. El crecimiento más importante deberá producirse a lo largo de la próxima temporada, pero Guardiola se ha encontrado con un regalo en forma de tiempo que puede acelerar el proceso. Los once puntos de ventaja en Liga respecto al segundo clasificado pueden permitir al técnico azulgrana adelantar los tiempos al crecimiento del equipo y aprovechar este margen para abordar determinados campos de mejora.