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Zinedine el camaleón

Zinedine el camaleón

La evolución del fútbol durante los últimos años es un reto para quienes lo practican, pero también para quienes pretenden explicarlo. Sus coordenadas, sujetas al cambio, paulatinamente han reorientado las prioridades hacia otras zonas del campo y otros aspectos del juego. Hoy vivimos la era de las salidas desde atrás y de las presiones adelantadas, un hecho, por lo general bastante ineludible, que requiere la adaptación tanto de sus protagonistas como de sus cronistas. El foco ha cambiado de lugar, y al hilo que recorre la historia de cada encuentro ya no se lo puede ir a buscar en los mismos sitios que antaño. Si el fútbol se juega distinto, probablemente también deba contarse de otra forma. En este sentido, el partido que enfrentó anoche al Madrid de Zidane con la Real Sociedad de Imanol Alguacil, como en tantas otras latitudes, localizó uno de sus puntos claves en el choque entre el inicio de la jugada y la presión adelantada de cada uno de los contendientes. Al respecto, la puesta en escena local fue la esperada, con un ejercicio en bloque alto que dificultó los circuitos de salida blancos más habituales, y que a cambio transigió con la concesión de grandes espacios a la altura de su línea defensiva.

El de Zinedine, sin embargo, es un equipo que aunque sufra rara vez padece, quizá en parte por el respaldado convencimiento de que siempre le aguarda una oportunidad para escapar de la dificultad. En Anoeta su válvula de escape fue Vinicius, novedad en el once del técnico francés y a la postre uno de los futbolistas que más claramente marcó los ritmos y el devenir del partido. Podría decirse que la naturaleza del extremo brasileño en cierto modo es extraña al carácter pausado, controlador y asociativo que por lo general distingue a los pilares principales del mecanismo merengue, pero también que, precisamente por eso, su impacto, debidamente seleccionado, le permite el contrapunto agitado y frenético que en ocasiones extraña el conjunto. Cuanto más fuerte se agarra el Madrid con una mano a Vinicius, más abre la que habitualmente tiende a Toni Kroos. A propósito de este juego de equilibrios, para medirse a la Real Sociedad el Madrid priorizó claramente su versión más próxima a su joven extremo izquierdo, queriendo buscar en su verticalidad, su insistencia en el uno contra uno y su velocidad, el camino directo hacia la meta de Remiro. Su planteamiento, pues, tocó todas aquellas teclas que pudieran procurarle el escenario más favorable posible al brasileño, con el objetivo prioritario de que el extremo pudiera recibir arriba y, siempre que fuera posible, en situación de uno contra uno frente a Gorosabel.

De esta forma, sobre el césped el habitual 1-4-3-3 madridista tomó matices de 1-4-2-3-1, primero con Valverde por detrás de Benzema y posteriormente con el uruguayo en la derecha y James en el centro, de modo que todas las ayudas potenciales del lateral derecho txuri urdin pudieran ser sujetadas por un futbolista merengue. Fede se repartía entre la doble punta y la zona del enganche para movilizar o bien al central libre o bien al mediocentro, y dependiendo de la posición de Odegaard en la presión, Toni Kroos hacía lo propio fijando la atención de Zubeldia o del talento noruego. Sin posibilidad de cobertura, separado del bloque por la altura que Zidane le permitió guardar a Vinicius cuando el Madrid no tenía la pelota, y expuesto por el cambio de orientación (Imagen abajo a la izquierda) con el que tantas veces los futbolistas más retrasados del Madrid -incluido Thibaut Courtois-  trataron de sobrepasar la presión realista, el lateral derecho local se vio expuesto desde muy temprano a un contexto de enorme peligro. Probablemente la nota más singular del desempeño madridista corrió a cuenta de sus laterales, inicialmente insinuada por sus recorridos interiores en el saque de meta en pos de limpiar las alas para las recepciones de un compañero (Imágenes arriba), y posteriormente, tras el cooling break, confirmada en la interpretación de la posición llevada a cabo por Marcelo.

La vuelta de la Liga a los terrenos de juego ha traído consigo modificaciones muy relevantes en la estructura y el devenir de los encuentros. El paso de tres a cinco sustituciones, y dos nuevas interrupciones en el juego con la posibilidad de que los técnicos hagan llegar sus indicaciones a los futbolistas con el juego parado, plantean variantes nuevas en el desarrollo de la competición. Esta vez, Zidane aprovechó su oportunidad para centrarse en su lateral izquierdo, dando lugar a una charla prácticamente personalizada que absorbió casi la totalidad del tiempo de descanso. El primer ataque blanco cuando el balón volvió a rodar, dejó claro el mensaje: con el balón en los pies de Sergio Ramos, Marcelo se mudó al carril central arrastrando a su marcador y abriendo una enorme y despejada diagonal que conectaba a de Camas con un Vinicius que esperaba el esférico muy arriba y en aclarado. Ya con James en la mediapunta y Fede Valverde en el perfil derecho, la intención del lateral brasileño con respecto a su compañero de banda fue clara hasta el final del encuentro, promoviendo una y otra vez el emparejamiento en uno contra uno del extremo frente a su par, bien con los mencionados recorridos hacia el interior (Imagen arriba en el centro) o bien con una contención en la llegada que evitara que su presencia desdoblada acercara a un segundo defensor a la zona de Vinicius (Imagen arriba a la derecha). También los laterales madridistas, antaño extremos en funciones que permitieron un Madrid plagado de centrocampistas, al menos por una vez se convirtieron en lateriores.

 

 

– Foto: Juan Manuel Serrano Arce/Getty Images

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