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Más que una fotografía

Más que una fotografía

Hay fotografías que pesan demasiado. Instantes que por su trascendencia y peso histórico tiñen con el impacto de un momento trayectorias con una historia que contar. Ronald Koeman es el héroe de Wembley, el artífice del icónico gol con el que el Barça se abrazó a su primera Copa de Europa. De un gol en el que se daban cita las décadas que le precedieron y los éxitos que estaban por venir. De un gol con un marco único, brillante, reluciente y perfecto para legarle a su protagonista el don de la eternidad. Ronald Koeman es, y será siempre, el gol del Barça de Cruyff en Wembley. El que celebró Johan sorteando la valla que se interponía entre el banquillo y el terreno de juego, el que celebraron Laudrup, Bakero y Stoichkov corriendo detrás del neerlandés, o el que celebró un Pep Guardiola casi adolescente poniéndose la copa por sombrero. Ronald Koeman es, y será siempre, aquel balón al que no pudo llegar Pagliuca. El que atravesó la barrera de la Sampdoria. Ronald Koeman es, y será siempre, aquel instante, ajeno a lo que de él se supo antes o se sabría después.

Sin embargo, el dorso del cuadro tiene una historia ensombrecida. Por ejemplo, que Ronald debería haber sido el nombre propio de la victoria culé en Wembley incluso sin aquel gol. Suyo fue el carácter que templó a los suyos durante un primer tiempo de atenazadora presión, y el juego que poco a poco fue girando el partido hasta ponerlo de cara para los de Cruyff. Recogiendo el balón como central y sumándose, con la cabeza levantada y su pase largo como amenaza, para lanzar al resto de sus compañeros hacia adelante. Para poner al Barça en campo rival y a Laudrup, Stoichkov, Bakero y compañía tan arriba como fuera posible. No en vano, en aquella celebrada cita, Koeman era el único jugador azulgrana que conocía el tacto y el peso del título con el que los demás soñaban. El único campeón de Europa de un equipo atormentado por no haber logrado nunca tan preciado premio. En Wembley, antes de ser el gol, Koeman fue la reacción.

Anoche el FC Barcelona accedió a las semifinales de la Copa del Rey con la fotografía de una remontada. De una rebeldía. Del convencimiento de un grupo al que ganar mucho le inoculó el miedo a perder, y que en Granada transmitió la sensación de que, por haber perdido tanto, ya no le teme a ganar. Aunque el contraste emocional con anteriores episodios que el Barça peleó sobre el alambre le otorgue a su clasificación carácter de punto de inflexión, lo cierto es que la gesta no fue ajena a la historia futbolística que recientemente está escribiendo el equipo. El logro fue un acto de confirmación hacia dentro y hacia fuera, pero no un capítulo separado. Ni del propio partido ni del curso que viene siguiendo el cuadro blaugrana. Y es que el Barça tuvo que reponerse a un dos a cero en contra en un partido que arrancó con la que quizá fuera su mejor puesta en escena de la temporada. La mejor versión del sistema que ha moldeado Koeman y en el que cada pieza va cobrando sentido. Un Barça ancho y profundo, que encontraba superioridad con Busquets entre centrales para sacar el balón, que juntaba por dentro a Pedri con Messi, que llegaba con De Jong y Jordi Alba, que atraía cerca para buscar lejos y empujaba lejos para encontrarse cerca. Subido a los hombros de Leo Messi, y guiado por sus regates, sus pases y su hambre.

Un Barça que recibía por primera vez a Sergi Roberto en su lateral derecho, como solución para vestir el interior derecho que De Jong abandona para asomarse al área, y como receptor del pase hacia atrás del extremo cuando éste no encuentra caminos para progresar. Liberado gracias al tres contra dos que dibujaban los centrales y el mediocentro en el inicio, y que a la postre terminaba sacando de zona a Kennedy.  Un escenario muy parecido al que, en el lado contrario, permitió a Jordi Alba integrarse en el triángulo que empezaban a dibujar Pedri y Griezmann. El lateral en la banda y el interior y el extremo ocupando por dentro dos alturas diferentes, para que el balón siempre tuviera a donde ir. Con aliados cercanos para Messi, contrapesos alejados y formas de recorrer ambos costados del ataque cuando el diez no les guiñara el ojo. Que los de Koeman no llegaran al descanso con el pase encarrilado sino con un gol de desventaja se explica, en parte, por su puntual desacierto en los metros finales, y en parte por la principal concesión que asumía su estrategia. Y es que, del mismo modo que el tres contra dos en el inicio del juego resultó el pistoletazo de salida para la superioridad culé, la igualdad defensiva contra los puntas rivales cuando Busquets recuperaba su posición en el centro del campo planteaba, a su vez, un escenario por momentos límite para la pareja de centrales. Un emparejamiento que el Granada se cobró con Roberto Soldado por la zona de Umtiti.

La respuesta de Koeman al resultado adverso consistió en la entrada al campo de Dembélé y Braithwaite, dos caras nuevas para el ataque, coherentes con lo visto durante el primer tiempo. Por un lado, el francés podría ser la amenaza autosuficiente que, desde la banda, Trincao no alcanzó a estabilizar y, por el otro, Braithwaite introduciría en la delantera el perfil de un delantero más preocupado por mantener ocupado el punto de penalti que por tocar el balón en la frontal. La entrada del danés, además, le servía al técnico para reforzar el sentido de Griezmann y De Jong en el encuentro, pues sin la necesidad de suplir con su presencia la falta de referencias rematadoras en el área, su libre aparición en la mediapunta no escondería ninguna renuncia. Ocurre que para juntar a tres delanteros con Messi, el técnico optó por sacrificar a un central sin hacer lo propio con la defensa de cuatro. Se trata de una fórmula que Koeman ya ha explorado en el pasado retrasando la posición de De Jong, pero que en esta ocasión, viendo la trascendencia que ha adquirido su compatriota cerca del área rival, puso en práctica con Sergio Busquets.

A la postre, pues, la presencia de un cuarto delantero fue en detrimento de un centrocampista, y, en el caso del canterano, del que con más fuerza lucha para evitar escenarios de ida y vuelta en los partidos. Busquets es el límite de la presión cuando el Barça puede jugar arriba. La frontera detrás de la cual aguardan más protegidos los centrales. Como, en cambio, sin él el rival tiene más accesible enfrentarlos, y cuando el Granada pudo hacerlo el Barça ya sólo contaba con un central natural, el entrenador azulgrana tuvo que volver sobre sus pasos. Pasando por momentos a línea de tres, incorporando a un jugador como Riqui Puig al mediocampo y cerrando con el incombustible Pedri, para que el rival no encontrara ni el balón ni las rutas para ir hacia arriba. En otros tramos, supliendo a Sergio por De Jong en el rol de zaguero disfrazado, con tal de contar con un futbolista atrás físicamente más preparado para situaciones de exposición. Recogiendo el balón como central y sumándose, con la cabeza levantada y su conducción como amenaza, para lanzar al resto de sus compañeros hacia adelante. Para poner al Barça en campo rival y a Messi, Griezmann, Jordi Alba y compañía tan arriba como fuera posible.

– Foto: JORGE GUERRERO/AFP via Getty Images

Comments:2
  • Iniesta10 5 febrero, 2021

    Me gustó mucho el Barça contra el Granada, pero el equipo todavía está tierno en las áreas. Un equipo cuyo centro del campo ya es dominador, pero que está tierno en defensa, y, aunque genere ocasiones, le cuesta materializarlas. Al final me queda la sensación de que si perdonas …

    Pero me gustó mucho muchas cosas, desde las bandas asimétricas en que la derecha aporta amplitud y la izquierda profundidad, pasando por un centro del campo dominador en el que se juntan Messi y Pedri.

    Quizás nos falta Eric Garcia atrás y Depay delante.

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  • Antonio VL 5 febrero, 2021

    Hata el gol del Granada el Barça estaba jugando de los mejores minutos de esta temporada, una lástima perdonar tanto y los fallos defensivos, este nuevo sistema que lleva ya utilizando koeman un tiempo le da al equipo soluciones para superar defensas cerradas, teniendo mayor profundidad y amplitud en las bandas, llegada desde segunda línea, un mejor reparto de los espacios sobre todo en el medio donde antes los jugadores de ataque tendían a irse hacia el centro formando un embudo en el que se pisaban unos a otros quitandose los espacios y falicitando mucho el trabajo defensivo del equipo contrario.

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