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Pedri con gol

Pedri con gol

Pedri tiene más gol del que muchos pensaban. Seguramente más por calidad que por olfato. Contra el Levante marcó el tercero desde que volvió de su lesión, y amenaza con un sumar un atributo a su juego que lo llevaría a otra dimensión futbolística. Para un centrocampista, tener gol es tener la posibilidad de eliminar intermediarios. De que su impacto en el equipo y en los partidos no tenga que refrendarlo nadie más que él. El mejor partido de un Pedri sin gol en última instancia siempre va a necesitar de la intervención de un compañero para traducir su influencia sobre el resultado. En cambio, el mejor partido de un Pedri con gol puede tener tanto su nacimiento como su final en el propio fútbol del canario. Si él está bien, nada más importa.

En el Ciutat de València, la entrada de Pedri y de Gavi resultó fundamental para cambiarle la cara a un Barça en dificultades. A un conjunto culé agarrado a Ter Stegen, Araújo y Eric a modo de salvadores, para sobrevivir a un partido en el que no era capaz de imponer su juego. A los de Xavi les volvió a costar adaptarse al sistema de tres centrales de su rival, un dibujo que alteró el escenario para los barcelonistas tanto a la hora de desplegarse con balón como de responder a los ataques del Levante. Con la pelota en poder de los hombres de Alessio Lisci, la salida con tres centrales y dos carrileros de los granotas desajustó la presión habitual del Barça, normalmente coronada por dos futbolistas y esta vez obligada a incorporar un tercer elemento al acoso. Así, si por lo general es el interior izquierdo la pieza que se junta a Aubameyang en la primera barrera, esta vez fueron ambos extremos los llamados a tapar los primeros pases del rival con el punta.

La consecuencia más directa que fue que Dani Alves y Jordi Alba, habitualmente más cerca de sus centrales que de los centrales rivales en esta fase del juego, fueron quienes tuvieron que saltar sobre los carrileros del Levante, alejándose de Eric y Araújo y abriendo, de este modo, la puerta de su espalda (Imagen arriba a la izquierda). Morales desde el perfil izquierdo del ataque local, y tanto Roger como Radoja desde el derecho, buscaron con insistencia las caídas a los flancos de la zaga culé, como una solución para profundizar, sacar hacia banda al central y atacar el interior con una conducción o un desmarque de fuera hacia dentro. También cuando la posesión fue del Barça, la línea de cinco defensas del Levante jugó un papel clave en el partido. Permitió a Lisci disponer una presión adelantada prácticamente hombre a hombre, que emparejara de forma natural la posición de sus futbolistas con la de los jugadores del Barça (Imagen arriba a la derecha). Contra tres delanteros, atrás quedarían tres centrales; y contra la primera línea azulgrana lanzaría tanto a los dos puntas como a ambos carrileros.

El resultado para el Barça fue que desaparecieron las pautas más comunes de su salida desde atrás, pues ante una presión por pares en la que el rival no se organiza en líneas para defender, ni podía tener superioridad numérica en la línea donde se encontrara el balón ni podía situar receptores entre líneas. En lugar de líneas, había duelos. Lo notaron especialmente Nico González y De Jong, que desde los interiores no acertaron a leer el cambio de escenario que les proponía el rival. Seguidos por los centrocampistas locales en las fases más iniciales de la jugada (Imagen arriba a la izquierda), y por los centrales cuando el Barça pudo instalarse en campo contrario (Imagen arriba a la derecha), su juego no generó ventajas posicionales ni para ellos ni para sus compañeros, y tampoco contó con demasiada ayuda de unos Dembélé y Aubameyang bastante erráticos en el gesto, la decisión y el movimiento.

El partido del Barça cambió con la entrada de Pedri y Gavi, pues los dos jóvenes centrocampistas salieron con la lección bien aprendida. No dejaron de moverse y, por lo tanto, de mover al marcador encargado de perseguirles, jugando con sus recorridos tanto en beneficio propio como ajeno, y castigando con una mayor dosis de agresividad ofensiva los espacios que pudiera dejar el sistema de marcas individuales del Levante. Amenazando con el desmarque antes de caer en el apoyo, fintando el apoyo antes de romper en carrera, arrastrando a su par en función del siguiente movimiento del compañero, y atacando los espacios tanto en vertical como de dentro hacia fuera (Imágenes arriba). Así pudo remontar el Barça el gol inicial del Levante, y así obligó Xavi a que Lisci tuviera que modificar el plan.

La intervención del italiano pasó por cambiar a un 1-4-2-3-1 que llevara a Morales sobre la banda de Dani Alves, un movimiento al que, a su vez, el de Terrassa respondió poniendo sobre el césped a Lenglet para reforzar con Araújo el lateral derecho. Si la entrada de Gavi y Pedri había tenido un impacto favorable casi inmediato, la del central francés la tuvo en sentido contrario, obligando al técnico a una nueva solución. La encontró en Luuk de Jong, convertido en especialista desde el banquillo para los minutos finales. Con dos le marcó al Espanyol, con cuatro al Athletic y seis le bastaron anoche para darle otros tres puntos al Barça de Xavi.

 

– Foto: JOSE JORDAN/AFP via Getty Images

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