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Ander Herrera

Caparrós puso las bases, hizo crecer a jugadores como San José, Javi Martínez o Llorente, como en su día hizo con Alves, Navas o Baptista, pero al igual que el Sevilla en su día con Juande Ramos, el Athletic de Bilbao ha decidido entregar el equipo a un nuevo técnico para que conduzca al proyecto un paso más allá. Ernesto Valverde seguramente era la opción más lógica, pero la nueva junta directiva encabezada por Josu Urrutia apostó por un técnico más especial, Marcelo Bielsa. Un loco, un genio...un técnico complejo y difícil, pero sin duda apasionante. Su última aventura fue la selección chilena de Alexis Sánchez, Isla o Arturo Vidal, que en el pasado Mundial pasó como segunda en el grupo de España y tuvo la mala suerte de encontrarse a Brasil a las primeras de cambio. Era una de las selecciones llamadas a animar la cita mundialista. El combinado de Bielsa solía alternar entre el 1-3-3-1-3 y el 1-2-3-2-3 que ante situaciones de mayor exigencia terminaba por convertirse en 1-4-3-3 o 1-4-1-4-1. Ese precisamente es el sistema que viene adoptando el Athletic en el que la línea de 4 en defensa se ha asentado para tratar de dar una mayor seguridad defensiva respecto a las situaciones en que los dos laterales/volantes se sumaban a la vez a la línea de medios. Esa fragilidad defensiva está siendo la principal nota negativa del equipo en lo que llevamos de temporada. En ese 1-4-3-3 que termina siendo 1-4-1-4-1, junto al mediocentro -Javi Martínez- no se sitúan dos interiores, sino que los dos hombres que completan el triángulo actúan como mediapuntas. En el momento de la pérdida, pues, el equipo queda partido en dos y si el rival logra superar la primera presión, hasta 5 jugadores del Athletic quedan desactivados por delante de la línea del balón. Queda un latifundio para Javi Martínez y la posible anticipación de los laterales, eliminando así la posibilidad de plantear una presión sobre el conductor que permita adelantar la defensa. La defensa recula, y sin presión sobre el jugador que conduce, el rival llega muy fácil a las inmediaciones del área de Gorka.

ander1Una vez finalizada la temporada y a la espera de que estalle el mercado de fichajes y comiencen a sucederse las presentaciones de nuevas incorporaciones, a las que deberemos prestar la atención necesaria, hoy nos apetece publicar un artículo algo más alejado del ritmo que marca la actualidad. Para los aficionados al balón que durante el verano quieren seguir disfrutando del fútbol, una opción para reconciliarse con las esencias del deporte y recuperar su vertiente más pura son los torneos como el de Brunete. En campeonatos como este han empezado a sonar nombres como los de los campeones de la Eurocopa Fernando Torres o Iniesta, y más recientemente muchos hemos tenido el privilegio de ser hechizados por promesas de la talla de Iago Falqué o Bojan. Junto a la aparición de los que pasaban por ser dos de las joyas de la cantera del F.C.Barcelona, uno de mis primeros recuerdos de Brunete tiene como protagonista a un menudo futbolista del Zaragoza al que le sobraba camiseta por todos lados, que se deslizó por el torneo desplegando un nivel futbolístico que le valió para ser reconocido como el mejor jugador del campeonato. Por aquel entonces, ese pequeño genio era conocido como Ander, y su espectacular actuación llevó a su equipo a proclamarse campeón. No marco ningún gol en los partidos que disputó, pero jugó al fútbol como ningún otro chico que estuviese sobre el césped. Viéndole, uno trataba de memorizar su nombre consciente de que podría estar asistiendo al nacimiento de una nueva estrella, pese a que su fragilidad física podría inducir a pensar que Ander sería uno de tantos que se queda por el camino.