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Griezmann desparejado

Griezmann desparejado

A lo largo de los últimos diez años se han multiplicado los equipos que, de un modo u otro, construyen su salida de balón con fórmulas que sitúan a tres futbolistas en el primer escalón del juego. Conjuntos que al mismo tiempo que lanzan a uno de sus laterales al ataque sujetan la posición del otro a la altura de los centrales, que retrasan al mediocentro o a uno de los interiores, que apuestan por dibujos con cinco zagueros o que, más recientemente, adelantan al guardameta hasta pasar éste por un jugador de campo más. Aunque no es la única razón, pues en ella intervienen aspectos como la posibilidad de ensanchar el inicio de la jugada o de dar libertad al poseedor del balón para adentrarse en el mediocampo con la pelota controlada, uno de los factores fundamentales en el uso y proliferación de esta receta es la búsqueda de la superioridad numérica. El deseo de desnivelar la balanza del emparejamiento de los puntas con los centrales a partir de involucrar a un tercer efectivo en la ecuación.

Ocurre, sin embargo, que si ese empate numérico inicial entre centrales y delanteros es constante no sólo a la hora de sacar el balón jugado sino también en el resto de fases del juego, sólo la solución de los cinco (o tres) zagueros permite a los equipos mantener la superioridad en el resto de momentos del juego. Las consecuencias pudo comprobarlas el Barça de Setién en primera mano hace poco más de una semana en Villarreal, donde a pesar de su buena actuación y de una superioridad clara ante su rival fruto de la apuesta por retrasar al interior izquierdo en labores de iniciación, el dos para dos de Gerard Moreno y Alcácer contra Piqué y Lenglet le generó una incomodidad mayor de lo que señalaba el resto de un guion muy favorable a los azulgranas. Seguramente por esto, esperando una pareja de delanteros que finalmente Sergio González formó con Sergi Guardiola y Óscar Plano, en su visita a Pucela el Barça presentó una importante novedad a propósito de la colocación de sus piezas: los de Setién jugaron con tres centrales.

Sergi Roberto, esta vez desde la derecha, no ejerció como centrocampista con licencia para retroceder un escalón en busca de generar la superioridad numérica en salida, sino que ocupó la posición de central a la derecha de Piqué también en fase defensiva. Sin balón, fue el reflejo de Lenglet al otro lado del tercer capitán, en el 1-5-3-2 del Barça (Imagen abajo). El hecho de perder un centrocampista a cambio de ganar un central implicó, a su vez, que después de dos partidos Setién aparcara el rombo, pues al tiempo que Riqui Puig hizo las veces de interior por la izquierda Arturo Vidal hizo lo propio desde la derecha.

El cambio en la medular visitante tuvo una víctima y un beneficiado. El primero resultó ser Antoine Griezmann, de nuevo apartado del balón ante la ausencia de un compañero de ataque que tomara el relevo a la hora de fijar a los centrales, estirar a la defensa y amenazar la profundidad. Al francés le tocó sujetarse donde recientemente se habían sujetado Luis Suárez, Ansu Fati o Martin Braithwaite, perdiendo entonces la libertad de la que había gozado recientemente para moverse y participar entre líneas en el espacio abierto entre sus compañeros del mediocampo y la presencia de un atacante más adelantado que él. En su ausencia, en el José Zorrilla el jugador que acompañó a Messi en tres cuartos de campo fue Riqui Puig, activo, agresivo y dinámico tanto desde la posición como desde los movimientos para contonear una zona del campo donde el Barça, a menudo, corre el peligro de resultar demasiado pétreo.

Mucho más favorecido se vio Nélson Semedo, pues en el lateral portugués convergieron varios factores que lo alentaron. Desde el punto de vista más elemental, que su equipo formara con tres centrales le permitió adelantar su posición en banda y recorrer el carril con la espalda mejor cubierta que en los últimos encuentros, un aspecto que se combinó con el hecho de que la basculación defensiva de la zaga blanquivioleta tendía a convertir en central al lateral más alejado de la pelota. Con Semedo arriba y su defensor más próximo acudiendo al centro de la zaga, en varias ocasiones Piqué y Busquets trataron de encontrar al portugués con un cambio de orientación o un balón largo. Sin embargo, la principal ventaja que disfrutó el lateral derecho del Barça, sobre todo durante el primer tiempo, no le llegó desde lejos sino desde su propio carril, en la dinámica de intercambios generada por Sergi Roberto, Arturo Vidal y Leo Messi en la zona del interior derecho.

Lo habitual cuando el argentino y el chileno comparten alineación es que entre ambos se produzca un intercambio de alturas a partir del cual, cuando Leo acude abajo para recibir el cuero a la derecha de Sergio Busquets, Arturo asume el relevo por delante del balón cumpliendo funciones de delantero. Esta vez, sin embargo, dada la posición y la función de Sergi Roberto desde el central derecho, el intercambio fue doble. Vidal no le cedió su espacio de interior derecho a un jugador sino a dos, de modo que también el Valladolid necesitó mandar a un segundo futbolista a una zona que inicialmente tapaba sólo con uno. Esto provocó que, recurrentemente, cuando Messi abandonaba el ataque para acudir a la media, el lateral izquierdo local siguiera su mismo trayecto, abriendo así la puerta para que Semedo progresara sin obstáculos por banda. 

Intervino al descanso Sergio sobre el dibujo del Valladolid, convirtiendo su rombo en una línea horizontal. Óscar Plano y un recién ingresado al campo Pablo Hervías se abrieron a la bandas, de tal manera que los locales contaran con hasta dos efectivos en cada uno de los carriles exteriores tanto a la hora de contener por banda como de atacar las posiciones de Semedo y Jordi Alba. La respuesta de Setién, ya con Luis Suárez sobre el campo, consistió en recuperar la defensa de cuatro para que también el Barça pasara a doblar referencias por fuera, con Rakitic en el interior derecho y Sergi Roberto en el izquierdo. Sorprendentemente, con el nuevo dibujo el canterano no recuperó las atribuciones de falso tercer central que había tenido ante Villarreal y Espanyol, sino que fue Sergio Busquets el encargado de crear la superioridad en salida bajando un escalón. Así, con el mediocentro entre centrales, Rakitic acudía a la zona del pivote, custodiado por Sergi Roberto en un lado y por los ya citados intercambios entre Vidal y Messi en el otro.

No obstante, el hecho de perder a Busquets como receptor del primer pase y marcando la altura de la presión le dificultó mucho el avance al Barça, por momentos aculado en su propia mitad y haciéndose fuerte en la capacidad aérea de Gerard Piqué y Ronald Araújo. Sus recuperaciones ante un Valladolid lanzado a por el empate tenían espacios, pero no piernas para aprovecharlos. Contra la pareja atacante formada por Messi y Suárez la defensa local siempre tenía tiempo de corregir cualquier derrota no definitiva, el mediocampo no llegaba y los laterales, los hombres más profundos del plan, de vuelta a la defensa de cuatro arrancaban desde muy abajo. Probablemente por eso el último movimiento del técnico culé -la entrada de Junior por Busquets- buscó recomponer la estructura de tres centrales y dos carrileros con la que había arrancado el choque, de modo que éstos últimos estuvieran más cerca de los delanteros al iniciarse la transición, pero debido al desgaste de los minutos, a lo cerca de Ter Stegen que defendió en este tramo el Barça y a la escasez de Suárez ganando tiempo para el acercamiento de las demás piezas, el efecto de la intervención resultó prácticamente nulo. Contra Osasuna tocará volver a probar.

– Foto: CESAR MANSO/AFP via Getty Images

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