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El segundo City de Kevin de Bruyne

El segundo City de Kevin de Bruyne

La defensa dio la pista. En Barcelona, Guardiola inauguró un capítulo nuevo en la historia del fútbol tomando la decisión de descargar a Leo Messi del esfuerzo de perseguir al lateral izquierdo rival cuando el equipo contrario tuviera la pelota. Desempolvando para él el rol de falso nueve, Pep lograría enfocar cada carrera del argentino a aquello de lo que mejores resultados podía obtener, el ataque, y le reduciría el desgaste de los partidos con tal de tenerlo siempre disponible. La dosificación del 10 se produciría en el propio terreno de juego. Iba a nacer el Barça de Messi, y para que eso fuera posible Leo no podía faltar. Una década después, su cuarta temporada como técnico del Manchester City empezaría con una novedad. Con un cambio sustancial acotado a los momentos, habitualmente pocos, en los que el conjunto citizen no disfrutara de la posesión.

Los entonces vigentes campeones habían revalidado el título siendo un equipo que, por regla general, a la hora de presionar formaban con una primera línea de tres hombres compuesta por el punta y los dos interiores, y una segundo tridente por detrás conformado por el mediocentro y los dos extremos. Sin balón, los delanteros de banda del City retrocedían por fuera, al tiempo que sus centrocampistas más ofensivos ascendían a la primera barrera de contención siguiendo una vertical que, en caso de ser superados, los devolvía a su posición habitual para dibujar un 1-4-5-1 bastante arquetípico. El curso 2019-2020, sin embargo, arrancaba con sorpresa, y es que Kevin de Bruyne, desde la atalaya del interior derecho, cuando al adversario iniciaba juego desde atrás no se incorporaba al punta como sí hacía el interior izquierdo, sino que retrocedía, más tranquilo, hasta una altura similar a la del pivote. El belga, argumento principal y figura clave en la primera liga de Guardiola en Inglaterra, venía de un año repleto de intermitencias, y el técnico se había propuesto, por un lado, protegerlo, y por el otro, potenciarlo. Iba a nacer el (segundo) Manchester City de De Bruyne, y para que eso fuera posible Kevin no podía faltar.

Se sugiere la diferenciación entre el cuadro skyblue de la temporada 2017-18 y el actual en cuanto al papel reservado para Kevin de Bruyne en él en calidad de origen del mismo, tanto por la libertad concedida al belga y su grado de impacto, como por las consecuencias que ambas cosas han provocado en los usos de las piezas que lo acompañan. En una primera aproximación, pues, puede apuntarse al intercambio de atribuciones de los dos extremos, pues si entonces el izquierdo -Sané- guardó más relación con la sujeción en banda y el derecho -Sterling- desempeñó un papel más interiorizado de influencia en la frontal y en el área, esta temporada ha sido el atacante más vencido a la derecha -más habitualmente Mahrez- el más responsabilizado de mantener abierto su costado dejando para el compañero del carril opuesto -normalmente Sterling- la posibilidad de desengancharse de la cal. Esto ha sido así, en primer lugar, por una cuestión prosaica como ha sido la lesión de Sané y el buen rendimiento de Mahrez, pero también por aspectos de índole táctico relacionados con el aprovechamiento de la estrella del City.

Así, tener por delante a un extremo abierto y en ocasiones sujeto, le ha permitido a De Bruyne tanto el espacio por delante para ascender al pico del área y convertirlo en su particular jardín, como la separación del lateral izquierdo rival a la hora de enfrentar las vigilancias del oponente. En este sentido, con tal de mantener activada la frontera a la derecha del campo incluso en situaciones en las que le balón estuviera lejos y, por lo tanto, el adversario pudiera sopesar la tentación de desprender atenciones para lanzarlas sobre el belga, este curso Guardiola ha otorgado un valor especial a los desplazamientos en diagonal desde la parte izquierda de su salida de balón, en las botas de dos zurdos como Aymeric Laporte y Ederson Moraes (Imagen de la derecha). El francés se ha convertido en una pieza fundamental en el engranaje del City -ya doblada con la incorporación de Nathan Aké para suavizar los efectos de una posible ausencia- con capacidad de trasladar sus efectos a los tres carriles del campo. Jugando en corto hacia el perfil zurdo, en vertical por dentro o en largo hacia la derecha, Laporte ha volado sobre el trampolín de una salida de tres que le ha otorgado mayor correa. Con Ederson entre centrales en primera instancia, o con Walker a la derecha de Eric García a medida que la acción se alejaba del área propia, Aymeric ha podido afectar por delante o buscar espacios en la banda para activar su cambio de orientación hacia el extremo más obediente.

Sin embargo, si una puerta ha abierto la presencia de un delantero escorado a banda en el carril derecho del Manchester City ésta ha sido la comprendida entre el central y el lateral adversario más próximos a ese sector del campo. La nueva piedra filosofal de Guardiola esta temporada han sido los espacios abiertos entre estas dos piezas rivales, separados por la presencia del extremo en banda y del punta en el área para habilitar un inmenso corredor para la incursión de De Bruyne. Así pues, a menudo el ataque organizado del City se ha desarrollado como una suerte de cinco contra cuatro a favor de los citizen (Imagen de la izquierda), sujetando fuera a los defensores más externos del oponente y sobrecargando a la pareja de centrales con una triple amenaza que ataque de forma coordinada la cara y la espalda de cada uno de ellos. Profundizando De Bruyne hasta el interior del área o lanzando un centro perfecto sobre la retaguardia de cualquiera de los dos centrales, han descubierto los de Manchester una forma constante y por momentos letal de agredir a sus contrarios. Mientras en la derecha las posiciones de partida de los protagonistas acostumbran a ser la mismas, el reparto de zonas en el sector izquierdo del ataque skyblue resulta mucho más cambiante, dependiendo tanto de las particularidades del rival a enfrentar como de la elección de piezas para el plan de ataque.

Por norma, interior, lateral y extremo se reparten tres parcelas: la adelantada y más exterior en banda, la habilitada entre el lateral y el central diestro contrario, y la localizada a la izquierda del mediocentro del Manchester City. En cada partido de los de Guardiola, la procedencia de sus ocupantes puede ser distinta. Sí es cierto, no obstante, que en determinados tramos de la temporada y ante algunos enfrentamientos clave Pep ha optado por matizar el carácter de su interior izquierdo en ataque, conteniéndolo más cerca del pivote a modo de una segunda protección en transición defensiva. Habitualmente Gündogan pero en ocasiones también David o Bernardo Silva, este futbolista ha ejercido como refuerzo para la contención. Y es que como la bota derecha de De Bruyne no siempre necesita conquistar línea de fondo para servir la asistencia definitiva, pero sí moviliza a muchas piezas en el área buscando el remate, los rechaces, en pies del rival, pueden encontrar una vía para la ascensión con menos obstáculos por delante de lo habitual. Un interior bajo como paréntesis en el equipo que los lanza a los dos sobre la mediapunta, con el propósito de arañar migajas de pausa a la danza huracanada de Kevin de Bruyne.

– Foto: Peter Powell/Pool via Getty Images

 

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