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El Barça de Vilanova encaja más que el de Guardiola. Recuperar algún vestigio de la seguridad de antaño, es el paso que necesita Tito para dar una vuelta de tuerca más a su equipo. Poder proyectar a ambos laterales, empujar a los extremos a pisar área y permitir así un escenario de mayor comodidad a Leo Messi. Someter al adversario que hoy ya no sufre tanto defendiéndose de los azulgranas. Nada de esto es posible si el equipo no siente que tiene las espaldas cubiertas. 

(El comienzo asusta) El filósofo alemán Theodor Adorno, en un célebre ensayo sobre la figura de Ludwing van Beethoven, introduce la idea de estilo tardío para hablar de las últimas producciones del compositor. Desde entonces, se trata de un concepto ligado al estudio de determinados compositores y que más allá del ámbito musical, recorre la historia de otras disciplinas artísticas. No vamos a reivindicar aquí ese espacio para el fútbol. Para unos funciona como una ciencia, para otros como un arte, todo nos vale. Lo que sí es innegable es la fuerza y singularidad creativa de alguno de sus protagonistas. Y de eso sí hablaremos. De la naturaleza de la creación y del proponer cuando el final se roza con un aliento. Y lo haremos de la mano de dos de los talentos creativos más grandes que nos ha dado el fútbol, Zinedine Zidane y Johan Cruyff, y créanme que impone.

Caparrós es un clásico con un sello personal en nuestra Liga. Experto en construir y revalorizar equipos, sus dos grandes trabajos -Sevilla y Athletic- le fueron arrebatados para que dieran un último paso al frente con técnicos de un perfil distinto. Esta es su segunda temporada en Mallorca, donde llegó, con el tren en marcha, tras la dimisión de Michael Laudrup y con el club sin apenas margen de maniobra para moverse en el mercado de fichajes. No importa, Joaquín no necesita tanto.

Normalmente el pase a octavos está alrededor de los 10 puntos. El Barça ya tiene nueve y, de no mediar una sorpresa mayúscula, el pase y la primera plaza parecen seguros. En partido de mañana, eso sí, serviría pare certificarlo ante el segundo clasificado. Más allá de las cábalas clasificatorias, el choque se presenta con muchas incógnitas en el aire por ambos lados. Se prevén cambios en el Barça y seguramente también en el Celtic.

Con la presencia casi innegociable de dos extremos abiertos y tras la recuperación del mejor Cesc, se avecinaba debate con los interiores. Cesc, Xavi e Iniesta para dos puestos. Pero anoche Vilanova zanjó momentáneamente tal posibilidad alineando juntos a los tres y manteniendo, a la vez, sus dos hombres abiertos a los costados. El recurso para lograrlo fue recuperar el rol de central-mediocentro para Sergio Busquets que ya Guardiola pensó para él la pasada temporada en un papel que recuerda en ciertos aspectos al que en su día desempeñó Miquel Ángel Nadal en el tardo Dream Team de Cruyff.

Uno a cero gol de Villa. Su auséncia fue una de las claves de la pasada temporada. Cuando al Barça le cuesta encontrar su fútbol, el recurso más poderoso de que dispone es el de implicar a Leo Messi en la jugada mucho antes. El argentino es un generador de ventajas infinito en cualquier zona del campo. Sucede, sin embargo, que en su consolidada posición de falso nueve, a medida que el argentino gana protagonismo en la media, el equipo pierde presencia e el área, los centrales se liberan, salen a achicar arriba y el campo para el Barça se reduce. Ahí es donde entran en juego los extremos.

Dos partidos ya pueden revelar un síntoma. Ante el Deportivo el mando fue de Cesc, el partido invitaba a ello. Entre semana el Celtic, y anoche, ante el Rayo Vallecano, el timón otra vez perteneció al de Arenys. Esta vez, además, compartiendo once con Xavi. Seguramente fue la primera ocasión en que con ambos cerebros en el equipo la batuta fue para el ex gunner.