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octubre 2012

Dos partidos ya pueden revelar un síntoma. Ante el Deportivo el mando fue de Cesc, el partido invitaba a ello. Entre semana el Celtic, y anoche, ante el Rayo Vallecano, el timón otra vez perteneció al de Arenys. Esta vez, además, compartiendo once con Xavi. Seguramente fue la primera ocasión en que con ambos cerebros en el equipo la batuta fue para el ex gunner.

El partido no pintaba mal. El Barça tenía el dominio, el balón y alguna que otra ocasión desperdiciada. Lennon había dispuesto al Celtic en un 4-4-2 en el que la media acumulaba centímetros y trabajo. No había espacio ni para Commons ni Samaras. El griego formaba en punta junto a Hooper. En la media cuatro soldados. Alguno tan técnico como Mulgrew pero soldado al fin y al cabo. Aunque el ataque de los escoceses no tuviera más plan que el dos para dos de los puntas con los centrales, lo cierto es que la transición defensiva del Barça fue mejor que en otros partidos. Cabe recordar que el equipo de Vilanova ha recibido ocasiones ante cualquier equipo sea del nivel que sea, ayer fue distinto. Valdés no vio acercarse al rival hasta el minuto 17 en una falta colgada que supuso el gol en propia portería de Mascherano. En el estado de forma actual del guardameta seguramente no sea el momento de pedírselo, pero de cara a otros escenarios en que la inferioridad en el juego aéreo sea tan extrema, al portero se le necesita mandando muy lejos de la línea de gol. Es el único que puede igualar los casi 190 centímetros que calzaban todos los rematadores.

Si estuviéramos en la década de los 60, seguramente el del Barça sería el grupo de la muerte. Entre el Benfica, el Celtic y los azulgranas, acumulan hasta siete Copas de Europa, y las de sus rivales, todas fueron entre 1961 y  1967. Mucho ha llovido desde entonces y ni Celtic ni Benfica son hoy en día dos grandes del fútbol europeo. Para los escoceses, con la excepción del subcampeonato de la UEFA de la campaña 2002-03, su reino se limita al campeonato doméstico donde se ha repartido, año tras año, el campeonato local con el Rangers. Esta temporada, sin embargo, en la Premier escocesa se ha quedado sin su antihéroe tras la desaparición de los blues. Ante este escenario, la competición europea se presenta como el esperanzador estímulo de una temporada que se prevé sin más alicientes que el de conocer la fecha de la consecución del título de liga. El grupo, sin un segundo bombo inasequible, les permite creer en ello. 

Ahora que la Premier inglesa se abrió al mundo, más allá de la entrañable locura del Stoke City, la liga escocesa seguramente sea uno de los últimos reductos del estilo que caracterizó al fútbol británico. Hasta donde la memória alcanza, Celtic y Rangers de Glasgow han venido representando a este fútbol en Europa, pero tas la desaparición de los de Ibroxlos católicos se han quedado sin réplica. Portavoz del fútbol que un día singularizó a las islas, el Celtic, no obstante, como si quisiera reclamar un espacio propio, últimamente se ha caracterizado por contar con estrellas un tanto exóticas, como el ex-atlético Juninho Paulista, el japonés Nakamura o el coreano Ki. En la actualidad, esa figura de procedencia sorprendente es el hondureño Emilio Izaguirre.

Anoche, Pedro Rodríguez fue el protagonista del Bielorrusia-España gracias a un hat-trick que viene a confirmarlo como uno de los jugadores con más gol de los que vienen contando para el seleccionador, sólo superado por el también barcelonista David Villa. Al canario siempre se le ha relacionado con la finalización y el gol, debido a unas excelente cifras realizadoras para un hombre de banda y al impacto de su primera temporada asentado en la élite. Tras una primera campaña alternando el filial y el primer equipo, que empezó con la previa de la Champions ante el Wisla de Cracovia y terminó con el premio de Roma, la consolidación de Pedro en la élite se produjo la temporada 2009-10.

Conocidos los onces, la principal novedad táctica que presentaba el choque fue la decisión de Vilanova de prescindir de uno de los extremos. Hasta la fecha parecía condición incuestionable formar con dos extremos -en la mayoría de casos abiertos y fijos en banda-, tanto es así que Xavi, Cesc e Iniesta todavía no habían coincidido en un once inicial. Ante el Real Madrid de Mourinho, no obstante, Tito decidió juntar a los tres interiores. Sumó a un centrocampista por detrás del balón para fortalecer la transición defensiva, aumentó la posibilidad de generar líneas de pase que garantizasen la continuidad de la posesión y liberó a Cesc para auxiliar a Messi en su duelo con los centrales blancos. 

De igual manera que cuando nos referimos a Cristiano Ronaldo, analizando el clásico, podemos decir que pese a los dos goles que logró Messi, el argentino fue bien defendido por el Real Madrid. Excelentemente o impecablemente defendido sería más preciso. Y aunque suene a provocación tras los dos goles, Tito Vilanova tiene ahí un problema al que debe encontrar solución, no sólo con vistas a futuros enfrentamientos contra los de Mourinho, sino para el día a día. Varios son los rivales que saben como defender a este Messi, pero ninguno tiene a Pepe y Sergio Ramos para hacerlo, y ante eso, de nada sirve que des con la tecla. Encontrar respuesta a esta situación, pues, significará no sólo una ventaja ante su máximo rival, sino una manera de encontrarle un escenario más cómodo a Leo. Quitarle lastre.