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Eden y el Madrid ya se han encontrado

Eden y el Madrid ya se han encontrado

La salida de Cristiano Ronaldo del Real Madrid descubrió un secreto a propósito del equipo de las tres Champions consecutivas: Además de ser el punto en el que se encontraban la inmensa cantidad de caminos que producía aquel conjunto para crear ocasiones de gol, el portugués era parte fundamental del sistema que los permitía. Los blancos, sin él, perdían músculo rematador, pero también una parte importante del caudal de juego que llevaba a esos remates. Antes que el problema del gol, su adiós destapó unas dificultades en la creación de oportunidades a priori inesperadas atendiendo a las características de los jugadores que permanecían en el Bernabéu. Al Madrid de Modric, Kroos, Isco, Benzema, Marcelo, Asensio, Bale, Sergio Ramos, Carvajal o Dani Ceballos no le faltó quien finalizara su juego, sino quien lo posibilitara, a excepción hecha del tramo de la temporada en que Vinícius se juntó con Benzema para que el francés no se viera forzado a representar todos los papeles del reparto. Potencialmente, Eden Hazard es un sistema ofensivo en si mismo. Un futbolista que por virtudes y categoría tiene la capacidad de cambiar la dinámica y el significado del juego de ataque de sus equipos. Una pieza llamada a aportar, justamente, aquello que más extrañó su nuevo equipo hace unos meses, y a cambiarle de este modo el paso al descompasado discurrir que los madridistas han tenido desde que el adiós de su último referente les obligó a reconstruirse. El futbolista hacia el que Zidane ha dirigido su mirada para construir al nuevo Real Madrid de la campaña 2019-2020.

Dicen que para un entrenador, más importante incluso que saber de fútbol es saber de futbolistas. Entenderlos y comprender de qué modo potenciarlos a la espera de que el fútbol de cada uno de ellos termine dando pie a las relaciones que articulen al colectivo. A propósito de Hazard, el técnico blanco ha tenido claro desde el principio que los favores de su pizarra debían complacer al belga. Especialmente durante las últimas semanas, Zinedine ha respondido a la mejoría física y futbolístico del jugador con los últimos ajustes de su plan. El Madrid había arrancado el curso con la clara intención de desequilibrar el volumen de juego que debía recibir cada uno de los perfiles de su ataque, con tal de que el izquierdo se convirtiera en el campamento base de su planteamiento. Marcelo, Sergio Ramos, Kroos, Hazard y Benzema componen un quinteto que, desde la asociación y desde una calidad técnica prácticamente perfecta, está llamado a retroalimentarse. Dando salida al juego desde atrás, al son de la batuta del centrocampista alemán, juntando a Eden y a Marcelo en banda y a Benzema con el belga en la frontal.

El último ajuste en el carril izquierdo madridista ha tenido que ver con la creación de un circuito de pase directo entre Kroos y Hazard, acomodando para el ex del Chelsea una posición de partida más interior, a medio camino entre el extremo y la mediapunta -o lo que es lo mismo, entre el lateral, el central y el mediocentro del equipo rival- que en muchos momentos delega la ocupación de la banda en el lateral (Imagen abajo a la izquierda). Una solución para garantizarle el balón y la altura del campo necesaria al nuevo arquitecto del ataque. Activado una o dos alturas por delante de Kroos, la conexión entre ambos le ha brindado al equipo la posibilidad de acercar al área el regate, el pase y, en definitiva, la producción ofensiva de Hazard, así como una solución perfecta para transitar cuando el adversario buscar defender arriba el nacimiento de la jugada. Por eso, parte del plan que Zidane ha pensado para el belga tiene que ver con la posibilidad de que Eden reciba siempre por delante del balón y por detrás del mediocampo o del lateral del equipo contrario, permitiendo para ello, si es preciso, al avance desahogado del lateral derecho rival. Un hecho, este último, que para el Real Madrid resultó un problema en París y que en otros escenarios, como en Eibar, Zidane compensó con la presencia de un interior izquierdo de las características defensivas y de recorrido de Fede Valverde.

Anoche, no obstante, el conjunto blanco exploró un nuevo camino para consolidar su plan de juego. La idea del mismo fue tan lógica como tratar de que el impacto de Hazard en ataque fuera superior al que pudiera tener un Meunier sin perseguidor fijo, y tan simple como buscar que el partido se jugara más cerca de los contactos con el balón del atacante que de las incorporaciones del lateral parisino. La vertiente táctica del planteamiento madridista, la relacionada con su ejecución, quedó dividida en dos fases encarnadas por dos nombres propios: Isco Alarcón y Fede Valverde. El primero, situado inicialmente en la mediapunta pero completamente libre para moverse por todo el ancho del terreno de juego en tres cuartos de campo (Imágenes de arriba), fue el recurso que empleó Zizou para alargar y dar complejidad al juego del equipo en campo contrario. Para dar continuidad a la circulación y juntarse con Hazard en la corona mientras Benzema y Valverde compensaban los espacios vacíos. La presencia del malagueño en el desempeño local tuvo impacto tanto en el juego con balón como en la recuperación, pues al tiempo que agrupó alrededor del balón a sus compañeros, desordenó la posible respuesta del PSG una vez el cuero cambiara de bando. El Madrid perdió el balón más preparado para reconquistarlo, y los de Tuchel lo recuperaron con menos ventajas para aprovecharlo.

En este sentido, la alineación de Fede Valverde resultó fundamental no tanto desde un punto de vista posicional -si bien su rol desde la derecha casó muy bien con el sentido del carril izquierdo madridista- sino desde el lado estratégico, pues el uruguayo comandó y representó la presión adelantada de su equipo. Con Hazard tapando por dentro junto a Benzema, Isco yendo muy arriba y Valverde empujando desde atrás, durante buena parte del partido los blancos se hicieron con el dominio territorial también en fase defensiva.

Cierto es que cuando el PSG sorteaba la primera presión madridista era capaz de de generar peligro por banda derecha, aprovechando la libertad de Meunier (Imagen arriba a la izquierda) o las recepciones de Mbappé en el espacio abierto entre Marcelo y Ramos cuando era el brasileño quien tapaba por fuera las incursiones del lateral derecho (Imagen arriba a la derecha), pero las salidas del conjunto francés no fueron todo lo frecuentes que habría deseado su técnico. Además, que el ataque visitante inicialmente se desarrollara sobre todo por el carril derecho y con Meunier llegando muy arriba, permitía que el robo del Madrid se produjera en el lado del campo donde esperaba Hazard y con su defensor más natural lejos de la posición del belga. Es posible que por eso Tuchel ordenara el cambio de banda de sus extremos, con Mbappé más presente en la izquierda y Di María acercándose al galo desde una posición de partida en la derecha, para que la separación entre la recuperación madridista y la recepción de Hazard fuera mayor tanto en distancia como en tiempo. Para que el Madrid tardara más en llegar hasta él. Eden y el Madrid ya se han encontrado.

– Foto: JAVIER SORIANO/AFP via Getty Images

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