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Por si acaso (I)

Por si acaso (I)

Se suele decir que los onces deben construirse desde el optimismo. Apostando por el máximo potencial individual de los jugadores de que se dispone, y proyectando la mezcla más ambiciosa que permita su conjunción. En cambio, a la hora de diseñar una plantilla, la convención dicta que conviene ser prudente, cuando no, directamente, pesimista. Imaginar de antemano aquello que puede salir mal para tomar las medidas oportunas que, llegado el momento, te permitan estar preparado. Es por eso que los equipos suelen estar llenos de «por si acasos». De decisiones motivadas por la anticipación de escenarios adversos. De porteros suplentes por si no puede contarse con el titular, de elementos de rotación para dar descansos o cubrir lesiones y sanciones, de perfiles alternativos que puedan paliar una determinada carencia sacada a la luz, o de soluciones que ofrezcan garantías en el caso de que el rendimiento de un determinado jugador se desplome. Intervenciones, muchas de ellas, que un curso sin sobresaltos ni vientos en contra hará parecer fallidas o, como mínimo, evitables, pero que están ahí porque no siempre cabe esperar un camino sin curvas.

El reciente mercado de fichajes ha sido un período convulso en el FC Barcelona. En él han coincidido una situación global muy problemática y unas urgencias propias impostergables. La necesidad de una revolución en el momento menos indicado. Una suerte de reinicio forzosamente incompleto, a partir del cual redefinir la hoja de ruta, algunos de los principios tácticos y los equilibrios jerárquicos tanto del once como de la plantilla. Más allá de consideraciones al respecto de la conveniencia de las respectivas apuestas individuales, no obstante, la plantilla azulgrana se ha cerrado con dos «por si acasos» sin cubrir. Dos espacios competitivos inicialmente vacíos que la temporada puede mantener ocultos, pero que ante la posibilidad de que finalmente se expongan van a requerir de cierta inversión futbolística por parte del cuerpo técnico culé que substituya la inversión económica que finalmente no ha podido realizarse.

Uno de ellos -el que se tratará en este texto-, es el centro de la defensa. Salvo que el físico le permita a Samuel Umtiti ofrecer un rendimiento y una fiabilidad muy superiores a las mostradas durante los últimos tiempos, se trata de la zona del campo numéricamente más precaria del equipo. Descontando la incógnita del francés, para la titularidad, las alternativas y la rotación de las dos plazas de central Koeman cuenta con Gerard Piqué, Clément Lenglet y Ronald Araújo. La pareja titular de las dos últimas temporadas, y quien lo fuera hasta este verano en el Barça B de García Pimienta. Tres futbolistas, no especialmente castigados por la intermitencia de las lesiones, pero defensores de una demarcación más expuesta que las demás a las amonestaciones. No en vano, Piqué resultó el jugador del Barça que más amarillas vio el curso pasado en Liga y Lenglet el tercero, al tiempo que Araújo fue el segundo del filial en Segunda B. Desde la prudencia apuntada al inicio del texto, pues, cabe vislumbrar ausencias puntuales de alguno de ellos y la posibilidad de que cualquier contratiempo con los dos restantes le genere un problema a Ronald Koeman.

Al respecto, una de las cuestiones que más rápidamente deberá dilucidar el neerlandés es la seguridad competitiva de Araújo, pues en su papel inicial de tercer central el uruguayo ejerce como primer relevo de los titulares. Debe poder jugar ante cualquier rival y en cualquier escenario. Todavía no ha debutado en Champions y acumula ocho partidos en primera división (tres de ellos completos) en los que, más allá de algún limite en la salida desde atrás sobre todo cuando actúa en la izquierda, se ha mostrado como un defensor solvente. De confirmarse como un central apto para la primera línea de exigencia, es de prever que, afortunadamente para Koeman, las necesidades del Barça en la posición sean más numéricas que de rendimiento. Que pueda requerir antes un elemento de rotación que el nivel de un titular. En este sentido, el filial ofrece las opciones de Ramos Mingo, Mingueza, Arnau Comas, Mika Mármol o, incluso, de un Oriol Busquets que, pese a su condición de centrocampista, la temporada pasada jugó varios partidos como central durante su cesión al Twente. Ninguno de ellos fue uno de los jugadores clave del B el curso anterior, pero con el ascenso de Araújo y las salidas de Chumi y Cuenca conformarán la nueva batería de opciones de García Pimienta para el puesto de central.

Más conflictiva puede resultarle la situación a Koeman si la evolución del joven central uruguayo invita a controlar su exposición a los escenarios competitivos más exigentes. Si sus actuaciones aconsejan que su primera toma de contacto como futbolista del primer equipo sean complementando la demarcación en el rol de cuarto central más que como primera alternativa a la pareja titular. Y es que, más allá de la falta de otros efectivos y de la duda razonable ya citada sobre Umtiti, la plantilla azulgrana no señala candidatos claros para una reconversión puntual. La evolución del lugar de los laterales o los mediocentros en el fútbol actual los inclina progresivamente hacia un perfil más de extremo o de interior que de central. La plantilla del Barça no tiene ni Edmilsons ni Abidals. Tiene a De Jong, que más por trayectoria -entró en el once del Ajax actuando como zaguero- que por perfil cabe imaginárselo jugando más atrás, si bien su lugar en el mediocampo se adivina un punto de partida estructural en los planes del nuevo entrenador del Barça. También a Sergio Busquets, que a causa de la disputa con Pjanic puede tener menos claro su lugar en el once, pero a quien su tendencia al salto de línea en la presión y su poca velocidad corriendo a banda o hacia atrás podrían dificultar el encaje como central. De hecho, antes de apostar definitivamente por la reconversión de Javier Mascherano, la del canterano fue la primera prueba de Pep Guardiola en 2010 debido a las bajas en la posición.

Finalmente, buscando en la demarcación de lateral, y teniendo en cuenta que en ambas bandas Koeman tiene el puesto doblado, otras alternativas para el técnico podrían ser las de Júnior Firpo o Sergi Roberto. El primero, si bien con Setién en el Betis sumó minutos como central en una defensa de cinco, sobre todo por sus atributos físicos, ya que además de su superior envergadura aportaría velocidad corrigiendo hacia atrás o cubriendo la espalda del lateral; y el segundo gracias a sus nociones tácticas y técnicas cuando puede jugar de cara. Su sentido posicional, su lectura del juego y las armas en salida que en un primer momento le abrieron un espacio en el mediocentro de Luis Enrique y que finalmente lo convirtieron en lateral, no en vano, lo vieron coquetear con la zona en alguna de las pruebas que puso en práctica Quique Setién en su etapa azulgrana.

 

– Foto: David Ramos/Getty Images

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