Post-Partidos

Cuando juegas contra Marcelo Bielsa, hay cartas que están marcadas. Una, por ejemplo, es la defensa individual tan démodé en la hoy era de la defensa zonal. Durante el partido, cada uno de los leones del técnico argentino se empareja con un jugador rival. Activación extrema y responsabilidad individual. Todos menos uno. Bielsa se concede una mínima licencia liberando a uno de los zagueros que queda como único y a menudo insuficiente colchón de seguridad. El hombre liberado es uno de los centrales y su encargo es el de situarse de manera que su posición equilibre el espacio liberado por sus compañeros cuando salen a perseguir a su par.

Desde hace ya dos temporadas el Barça no es intratable, es mortal. Se le puede hacer sufrir, dañarlo. Arriesgar ante los azulgranas ya no es un suicidio, pero tiene a Messi. Y esta coletilla que muchas veces sirve como explicación a un resultado, hoy bien podría servir para analizar el planteamiento de Unai Emery. El ex del Valencia salió con un 4-4-1-1 que quería defender arriba. No demasiado agresivo en la presión pero si con voluntad de que el juego se situase lejos de su portero para estar más cerca de la contra. Vilanova, por su parte, sorprendía renunciando a una de sus máximas: la presencia de dos extremos abiertos. Con Tello fuera de la convocatoria, y Villa y Deulofeu en el banquillo, el técnico juntaba en el once a Xavi, Cesc e Iniesta. Andrés partió como falso extremo, pero si en el interior lo acompaña Cesc, sufre menos cuando juega en banda. Si Iniesta se acerca a la media, Cesc es profundo, si el manchego se cierra sobre la mediapunta, el catalán se escora al costado. 

El equipo va cambiando. El Barça de Messi nació dando un peso tiránico al sector derecho donde se juntaban Márquez, Alves, Xavi y Leo. En la izquierda, Abidal cerraba, Henry golpeaba e Iniesta era el segundo foco que diversificaba la atención de los rivales. Cuando Leo  pasó al centro el peso de ambos perfiles tendió a igualarse, y ahora, como ya se empezó a apuntar la pasada temporada, parece que la banda izquierda va convirtiéndose en el sector principal. La pérdida de protagonismo de Alves o Xavi, la incorporación de Jordi Alba, Cesc...y en el horizonte Neymar.

Con la presencia casi innegociable de dos extremos abiertos y tras la recuperación del mejor Cesc, se avecinaba debate con los interiores. Cesc, Xavi e Iniesta para dos puestos. Pero anoche Vilanova zanjó momentáneamente tal posibilidad alineando juntos a los tres y manteniendo, a la vez, sus dos hombres abiertos a los costados. El recurso para lograrlo fue recuperar el rol de central-mediocentro para Sergio Busquets que ya Guardiola pensó para él la pasada temporada en un papel que recuerda en ciertos aspectos al que en su día desempeñó Miquel Ángel Nadal en el tardo Dream Team de Cruyff.