marzo 2011

Desde que se conoció el sorteo y se confirmó la posibilidad de un emparejamiento entre Barça y Real Madrid en semifinales, parece que los cuartos de final se hayan convertido en un mero trámite. Además, la situación es propicia para subestimar al rival de los azulgranas: un rival desconocido de una liga menor, con un historial internacional escaso más allá de la copa de la UEFA lograda dos temporadas atrás, unos antecedentes recientes favorables al equipo de Guardiola y la presencia en sus filas de un jugador ridiculizado en su etapa culé como Chygrynskiy. No hay más que ver como la mayoría de dificultades apuntadas al respecto del emparejamiento, se centran en aspectos ajenos a lo que es propiamente el juego, como la temperatura, el estadio o la distancia en el desplazamiento. Por eso, en el siguiente post, pretendemos arrojar luz sobre las virtudes del cuadro de Lucescu, ya que si bien es cierto que el Shakhtar seguramente haya sido el equipo con mayor suerte en los emparejamientos tanto en fase de grupos como en los octavos de final, también lo es que se trata de un conjunto perfectamente capaz de dar más de un disgusto a sus rivales si es subestimado. Estructura de equipo y talento individual no le faltan.

Cuando en verano abandonaron la disciplina blaugrana tres hombres como Márquez, Chygrynskiy o Yaya Touré capaces de actuar como centrales sin que se realizase ninguna incorporación en esta posición, el Barça asumió un gran riesgo. En la plantilla quedaron Piqué, un Puyol superando la treintena, un Milito que venia de una larguísimo periodo ausentado de los terrenos de juego por culpa de una lesión, la opción de mover del lateral a un Abidal que anteriormente no había ofrecido demasiadas buenas sensaciones como central, y un grupo de prometedores canteranos encabezados por Fontàs y Marc Bartra. El primero en caer fue Milito, pues pese a las buenas sensaciones que ofreció en el último tramo de la temporada pasada donde incluso fue titular en los partidos decisivos, su rendimiento desde el principio de temporada no ha permitido al técnico contar con él como un elemento útil en la rotación para la demarcación de central. Para solucionarlo Guardiola echó mano de Abidal como primer recambio a la pareja Piqué-Puyol dando entrada a Maxwell en banda izquierda, pero los problemas en la rodilla del capitán que le tienen lejos del terreno de juego, ha obligado a que lo que debía ser un recurso se convirtiese en el plan inicial. Por suerte y acierto del cuerpo técnico, la reubicación de Abidal en la posición de central que a priori parecía un recurso puntual no sólo se afianzó sino que dado su espectacular rendimiento se consolidó como una carta ganadora para el equipo. Así, tras la noticia de que Eric seguramente se perderá lo que queda de temporada por enfermedad, el Barça está obligado a encontrar un central.

Una temporada más el Barça estará en cuartos, y lo hará después de eliminar al Arsenal de Arsene Wenger dándole la vuelta al resultado adverso que arrastraba del partido de ida. Para lograrlo el equipo tenia claro su plan, le faltaban algunas piezas importantes que debían ser remplazadas para garantizar la efectividad del mismo, pero el camino estaba marcado: el partido estaba en las bandas. Ya la temporada pasada el equipo londinense le planteó al Barça una defensa dirigida a cerrar los espacios interiores, la zona donde normalmente aparecen los motores del Barça, los Xavi, Iniesta y sobretodo Messi. Cumpliendo con la manida metáfora de la manta que no puede cubrirlo todo, la lógica dice que al Barça es mejor regalarle las bandas, tanto porque sus hombres más determinantes se localizan en el carril central, como porque el juego basado en los centros desde el costado no es su juego. Esta temporada, además, ya no cuenta con los centímetros de Ibrahimovic, por lo que los centrales rivales, a priori, tienen toda la ventaja en un servicio aéreo lateral. Si además, como hizo el Arsenal en la ida, le dificultas la salida desde atrás, el Barça no encontrará su juego. En la ida, el Barça halló la solución y la manera de afrontar este escenario, y de su mano llegaron los mejores momentos del equipo, esos en los que un mayor acierto hubiese sentenciado la eliminatoria. Xavi apareciendo antes en la jugada, en su base, a la altura del mediocentro y en ocasiones todavía más próximo a los centrales que éste. El objetivo, una salida limpia minimizando el riesgo de pérdida. A partir de ahí, balón al lateral, libre y con espacios debido a la tendencia central del entramado defensivo del rival.  El siguiente paso no es el centro, sino la combinación. Concebir la banda como una zona más del terreno de juego en la que hilar jugada. Así, del mismo modo que cuando Messi o Iniesta reciben a la espalda de los mediocentros obligan a estos a retrasarse y permiten al Barça encerrar al rival y contar con más espacios en la media, con los laterales recibiendo a la espalda de los volantes, el Barça superó la presión del Arsenal y empujó a su línea de centro del campo contra la defensa. Esto provoca que la posesión sea más arriba, más espacios para los medios, lo que, si el rival plantea una defensa adelantada, dibuja el escenario perfecto para que el Barça decida mediante el pase en profundidad a la espalda de la zaga.

Una vez superados con solvencia los cuatro partidos posteriores a la derrota en el Emirates en la ida de los octavos de final de la Champions League, al Barça de Guardiola le toca hacer valer la ventaja del factor campo que le otorga su clasificación como primero de grupo, y dar la vuelta a la eliminatoria para alcanzar la siguiente ronda. La derrota del partido de ida no es positiva, pero perder por la mínima y anotando un gol, siempre es el mejor de entre los malos resultados. Tanto es así, que si el Arsenal no logra dos goles, cualquier victoria azulgrana le valdría para clasificarse o, en el peor de los casos, alargar el partido hasta la prórroga. El escenario no es el mismo que en las semifinales de la temporada pasada contra el Inter, pues entonces la empresa -remontar dos goles- si suponía un reto mayor. Tampoco el Arsenal es el Inter que entrenaba Mourinho por aquel entonces. El conjunto italiano seguramente era el equipo más preparado para defender en su propia área, con jugadores como Lúcio, Samuel, Cambiasso o Zanetti expertos en sobrevivir en este tipo de escenario. El Arsenal de Wenger, en cambio, es un equipo menos seguro atrás, individualmente menos preparado para superar situaciones de inferioridad y que, como el Barça, sufre sin balón. Por todo esto, será difícil que Wenger dirija su planteamiento a aguantar el resultado de la ida. Al Barça le vale el 1-0, y si el Arsenal no propone en ataque y trata de intimidar a la defensa azulgrana, será muy difícil que deje al F.C.Barcelona a cero.