enero 2013

El partido no fue como se esperaba. Mérito del Madrid, porque el escenario que imaginábamos era favorable al Barça. Sin la pareja Pepe-Ramos concebíamos a un Madrid retrasado en su versión más conservadora, con la defensa próxima al área. Ahí el Barça dominaría posesión, ritmo, recuperación y además situaría a Messi cerca del gol. Mourinho contaba con Ronaldo y Özil para sacar algo de ese contexto, pero todo estaba de cara para los culés. 

 
3- Pedro + Alexis:
Es evidente que el partido de esta noche viene marcado por las ausencias en el Madrid. No estará Casillas, ni Di María, ni la pareja Ramos-Pepe, ni Coentrao. Quien si estará es Marcelo, pero llega más que justo. Con Coentrao disponible no habría dudas. Tampoco sin el rival fuera otro. Pero Mourinho tiene lo que tiene y jugársela ahí con Essien parece demasiado temerario teniendo en cuenta los acompañantes que tendrá. En el ataque azulgrana, todas las miradas estarán puestas en Messi y la efervescente banda izquierda de Alba, Cesc e Iniesta. También el sistema defensivo blanco. Por eso, en la posición del maltrecho lateral brasileño, al Barça se le abre una nueva posibilidad de desequilibrio. 

1- El primer clásico del Barça de Vilanova:
Cuando Barça y Madrid se enfrentaron en la primera vuelta de la Liga, el equipo de Vilanova aún  no había arrancado. De hecho lo hizo a partir de ese partido, punto de partida de las propuestas y novedades que se reflejan ahora en el líder de la competición. Aquel era un equipo todavía muy "tardoguardioliano" un conjunto en construcción. Este es uno de los principales alicientes del nuevo enfrentamiento entre los dos grandes. Son los mismos equipos, pero uno de los dos es otro.

Por primera vez desde que Ronaldinho abandonó Barcelona, el costado más fuerte del equipo no es el de Messi. El Barça de Leo empezó jugando casi en medio sector, el derecho, cuando a la llegada de Guardiola se edificó todo sobre el triángulo Alves-Xavi-Messi. Después el argentino pasó al centro, y con el movimiento ese carril se convirtió en el epicentro donde pasaban las cosas. Fue el momento del triángulo Xavi-Iniesta-Messi. Ahora sucede algo insólito, pues el lado fuerte lo definen Alba, Cesc e Iniesta. ¿Quiere decir eso que Messi ya no es el jugador franquicia? Para nada. El argentino sigue siendo el hombre más importante y la explicación de todo o casi todo lo que sucede sobre el césped. Pero el escenario ha cambiado y no precisamente a peor.

La semana pasada saltó la noticia del fichaje de Guardiola por el Bayern de Munich para la próxima temporada. Después de un análisis mayormente epidérmico, empezó el juego, la subasta. ¿A quién se llevará Guardiola con él? No somos muy originales: Neymar, los jugadores del Barça, algunos de los jóvenes talentos alemanes... Si nos fijamos en la plantilla del coloso germano, veremos que el Bayern es un equipo hecho y quizás la tercera plantilla más potente del planeta. Hay poco margen. Si acaso algún interior y un defensa, pero atención ahí, porque los de Bavaria ya cuentan con Lahm, Boateng y Alaba, y como dice el amigo Abel Rojas, desde que se conoció la noticia del desembarco de Pep, a Javi Martínez se le está poniendo cara de central nuevamente. Sin embargo, quizá más interesante aún, sea ver las bajas que dé el de Santpedor, y en relación a eso, como afronta la decisión que va a marcar su paso por Alemania. 

Ya habrá tiempo para hablar del terremoto Valdés. Cuando la niebla amaine y podamos vernos los pies. Lo que si diremos es que si para alguien ha sido positiva la bomba del cancerbero ese es Alexis Sánchez, que esquivará las portadas y debates sobre su casi cómica relación con el gol por un tiempo. El chileno, en la que debía ser la temporada de su consolidación, vive una situación de bloqueo. Esto no es nuevo. Nunca ha sido un goleador ni un definidor impecable. Más allá de la calidad, el gol se siente o no se siente, y por eso a jugadores de la talla de Iniesta se les hace la portería tan pequeña y otros como el Chicharito la ven como una piscina. Alexis no es lo uno ni lo otro. Es delantero y eso implica una cierta relación con la red, pero no un jugador de los que se pesan jornada tras jornada en el marcador. Sus puntos fuertes son otros, pero siempre los ha acompañado con un número aseado de goles. 

Cambia la película y el escenario, pero se mantienen los actores. Al menos la mayoría. Barça y Málaga trasladan su disputa a la Copa del Rey con el Camp Nou de fondo para el duelo de la ida. No parten de cero, el partido de Liga es el punto de partida. En La Rosaleda ambos midieron fuerzas y más allá del resultado, se impuso bastante claramente la sensación de superioridad azulgrana. El Málaga salió a jugarle al Barça, a competirle de tú a tú, pero ahora, una vez confrontadas las miradas, el planteamiento cambia. 

La trayectoria de Manuel Pellegrini merece más. Por parte de todos. Son ya muchos años encadenando proyectos tremendamente estimulantes y enormemente ricos. River, Villarreal, Real Madrid y ahora Málaga. El que se considera su mayor fracaso fue una temporada de 96 puntos. Sin duda su obra magna estuvo en Castellón, y aunque los dos Villarreales que construyó son referentes para el fútbol español de los últimos años, quizá lo que nos habla de su calidad como técnico sea el hecho de haber finiquitado uno y engendrado el otro, y la manera como lo hizo. Decidir, un día, que tocaba clausurar el Villarreal de Riquelme y empezar a edificar uno nuevo con los Diego López, Cazorla, Pires, Godín o Rossi, no es fácil. Ahora el chileno comanda a un Málaga en situación complicada tras la esperanzadora llegada de los petrodólares a la Costa del Sol, equipo al que, curiosamente, con su última derrota en el Real Madrid permitió la permanencia y quien sabe si el seguir existiendo.