F.C.Barcelona

El Barça de Vilanova encaja más que el de Guardiola. Recuperar algún vestigio de la seguridad de antaño, es el paso que necesita Tito para dar una vuelta de tuerca más a su equipo. Poder proyectar a ambos laterales, empujar a los extremos a pisar área y permitir así un escenario de mayor comodidad a Leo Messi. Someter al adversario que hoy ya no sufre tanto defendiéndose de los azulgranas. Nada de esto es posible si el equipo no siente que tiene las espaldas cubiertas. 

Caparrós es un clásico con un sello personal en nuestra Liga. Experto en construir y revalorizar equipos, sus dos grandes trabajos -Sevilla y Athletic- le fueron arrebatados para que dieran un último paso al frente con técnicos de un perfil distinto. Esta es su segunda temporada en Mallorca, donde llegó, con el tren en marcha, tras la dimisión de Michael Laudrup y con el club sin apenas margen de maniobra para moverse en el mercado de fichajes. No importa, Joaquín no necesita tanto.

Normalmente el pase a octavos está alrededor de los 10 puntos. El Barça ya tiene nueve y, de no mediar una sorpresa mayúscula, el pase y la primera plaza parecen seguros. En partido de mañana, eso sí, serviría pare certificarlo ante el segundo clasificado. Más allá de las cábalas clasificatorias, el choque se presenta con muchas incógnitas en el aire por ambos lados. Se prevén cambios en el Barça y seguramente también en el Celtic.

Con la presencia casi innegociable de dos extremos abiertos y tras la recuperación del mejor Cesc, se avecinaba debate con los interiores. Cesc, Xavi e Iniesta para dos puestos. Pero anoche Vilanova zanjó momentáneamente tal posibilidad alineando juntos a los tres y manteniendo, a la vez, sus dos hombres abiertos a los costados. El recurso para lograrlo fue recuperar el rol de central-mediocentro para Sergio Busquets que ya Guardiola pensó para él la pasada temporada en un papel que recuerda en ciertos aspectos al que en su día desempeñó Miquel Ángel Nadal en el tardo Dream Team de Cruyff.

Dos partidos ya pueden revelar un síntoma. Ante el Deportivo el mando fue de Cesc, el partido invitaba a ello. Entre semana el Celtic, y anoche, ante el Rayo Vallecano, el timón otra vez perteneció al de Arenys. Esta vez, además, compartiendo once con Xavi. Seguramente fue la primera ocasión en que con ambos cerebros en el equipo la batuta fue para el ex gunner.

El partido no pintaba mal. El Barça tenía el dominio, el balón y alguna que otra ocasión desperdiciada. Lennon había dispuesto al Celtic en un 4-4-2 en el que la media acumulaba centímetros y trabajo. No había espacio ni para Commons ni Samaras. El griego formaba en punta junto a Hooper. En la media cuatro soldados. Alguno tan técnico como Mulgrew pero soldado al fin y al cabo. Aunque el ataque de los escoceses no tuviera más plan que el dos para dos de los puntas con los centrales, lo cierto es que la transición defensiva del Barça fue mejor que en otros partidos. Cabe recordar que el equipo de Vilanova ha recibido ocasiones ante cualquier equipo sea del nivel que sea, ayer fue distinto. Valdés no vio acercarse al rival hasta el minuto 17 en una falta colgada que supuso el gol en propia portería de Mascherano. En el estado de forma actual del guardameta seguramente no sea el momento de pedírselo, pero de cara a otros escenarios en que la inferioridad en el juego aéreo sea tan extrema, al portero se le necesita mandando muy lejos de la línea de gol. Es el único que puede igualar los casi 190 centímetros que calzaban todos los rematadores.