Montoya

Con sus últimos dos tropiezos, el Real Madrid ha reactivado una Liga que parecía sentenciada. En menos de una semana la diferencia ha pasado de unos, aparentemente, inalcanzables diez puntos, a seis, con el Barça-Madrid pendiente. Ya nada parece imposible, pero eso sí, el Barça ya apenas puede permitirse errores. Llegan las jornadas decisivas, aderezadas por la dificultad de compaginar el campeonato doméstico con la Champions, para una plantilla peor tratada por las lesiones que en otras temporadas. De cara al partido en Mallorca que puede dejar al equipo momentáneamente a tres puntos del líder, a la baja por lesión de Adriano se unirá la ausencia del sancionado Dani Alves. Sin Abidal, pues, Guardiola deberá improvisar una solución para los laterales.

La decisión de ascender hasta cinco canteranos de golpe al primer equipo tiene un componente que va más allá de la evaluación individual. Se trata también de una decisión de vestuario, de renovar desde dentro. De inyectar ilusión y entusiasmo al grupo, ante los nuevos retos que se le presentan. Se busca influir en las dinámicas para que desde lo individual se influya sobre lo colectivo. Estos aspectos los analizamos más detenidamente en el primer post dedicado a la planificación de la próxima temporada, por lo que hoy, podremos detenernos en ese aspecto secundario aunque no por eso menos reseñable: la vertiente individual de la decisión. El papel de cada nuevo canterano en el primer equipo, sus características, las nuevas alternativas que permite al entrenador y el rol que se debe esperar de él en el grupo. De Isaac Cuenca ya hablamos en Octubre, hoy es el turno de Montoya y Bartra.

El equipo ha iniciado la reconversión. Cada temporada Pep Guardiola ha introducido novedades, alicientes y retos en un grupo que enseguida alcanzó el éxito más rotundo. Los cambios en la figura del nueve, la articulación de la salida desde atrás, el perfeccionamiento en el perfil del mediocentro, la evolución de los extremos, la propuesta de varios dibujos tácticos…los ejemplos son numerosos. Aunque algunos más exitosos que otros, todos han servido para estirar la idea. Eso si, esa idea era la misma, la que definían dos hombres: Leo Messi y Xavi Hernández. Uno, el origen de todo, y el otro, el cerebro que ordenaba ese todo. Esta temporada, no obstante, el equipo ha empezado a transitar hacia otra cosa. Ha iniciado la transición a un nuevo proyecto sin finiquitar el actual. Ha empezado a pensar en el Barça post-Xavi, aun con Xavi en el equipo. Xavi ya tiene 32 y arrastra unos problemas físicos en el sóleo que le dificultan la puesta a punto. El equipo debe empezar a pensar en cuando el egarense no esté –o esté desde un rol menos decisivo- y para hacerlo tiene dos vías, una difícil y otra imposible. El camino imposible es el de transformar a otro futbolista en Xavi, darle las mismas atribuciones y esperar de él lo mismo que del 6 azulgrana. La difícil es trasladar la personalidad futbolística del equipo –que no el estilo- hacia un escenario en el que no estará Xavi. Es decir, iniciar un nuevo proyecto desde el actual. 

Compañero de Guardiola en el Dream Team de Cruyff y asistente de Frank Rijkaard en el banquillo del Barça, tras una primera experiencia en solitario en el Celta de Vigo, Eusebio Sacristán ha sido el elegido por la dirección deportiva del F.C.Barcelona como técnico del filial,  para hacer frente a la marcha de Luis Enrique rumbo a la Roma. Como en su etapa como futbolista del Barça, cuando otros nombres parecían partir con ventaja para ganarse una plaza en el equipo, técnicos como Lluís Carreras, Raúl Agné o el entrenador del juvenil A Óscar García se intuían los mejor colocados, pero como entonces, la decisión final de los responsables se ha decantado hacia el de La Seca. Eusebio tiene ante si un reto muy duro, pues no sólo se enfrentará al altísimo listón que deja su predecesor tanto en juego como en resultados, sino que para lograrlo, ya desde la línea de salida, no podrá contar con los 4 hombres más importantes del equipo la pasada campaña.