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marzo 2012

Recordábamos en la previa como en los dos partidos de la liguilla, pese a la clara superioridad del Barça, el Milan sobrevivió y logró dos resultados ajustados. El miércoles volvió a hacerlo, esta vez, incluso, con bajas tan importantes como las de Van Bommel o Thiago Silva. Podríamos hablar de sus substitutos, Nesta y Ambrosini, de Antonini, Mexés o Nocerino para tratar de explicar el 0-0 al término de los primeros 45 minutos. Pero la realidad es que, que Abiatti mantuviera su portería imbatida, no tiene explicación lógica. En la primera mitad, y tras unos primeros minutos de empuje milanista, el Barça sometió al conjunto italiano. Minimizó prácticamente a la nada su transición ofensiva, superó con facilidad la línea de medios y dominó el choque. Generó ocasiones, algunas muy claras, para ponerse por delante en el marcador, con un Leo Messi haciendo estragos. Pese a todo, al descanso, cero a cero.

Barça y Milan se encontraron en la fase de grupos, y aunque las expectativas y el juego hacían pensar lo contrario, a nivel de resultados, el conjunto italiano sobrevivió. Un 2-2 en el Camp Nou y un 2-3 en San Siro que si bien dieron al Barça la primera plaza del grupo y le darían la clasificación si se repitieran en esta eliminatoria, dejaron la sensación de que el Milan pude competir con el equipo de Guardiola. Pasados los meses, los italianos son mejores que entonces y el rearme de confianza tras aplastar al Arsenal en la ida de octavos les hace sentirse como una alternativa seria a los dos grandes españoles. Sin embargo, Allegri afrontará su enfrentamiento ante los azulgranas con bajas, alguna tan importante como la del central Thiago Silva. Dramática. Si el Milan sobrevivió a sus dos partidos ante el Barça fue, en gran medida, por su capacidad para sufrir en su propia área. El Barça mandó, llegó a las inmediaciones del área de Abbiati con relativa facilidad, pero una y otra vez se estrelló contra la defensa italiana. En el primer partido en el Camp Nou, el Milan no pudo mucho más que achicar agua, pero eso, con un gol justo cuando el partido empezaba y otro cuando terminaba, le valieron para empatar en el feudo del Barça. Tanto es así que en el segundo partido, en Milán, Guardiola optó por enloquecer el partido, darle un ritmo mayor al juego y más verticalidad a sus ataques. Perder control para ganar espacios en el tramo final.

Cuando un equipo sufre una expulsión, toca replantear el partido. Hay entrenadores que dedican parte del trabajo de la semana a planificar estas variables. A automatizar decisiones para no ser víctima de las revoluciones del partido. Priorizan la elección racional prefijada, guardándose, evidentemente, margen de maniobra. Hay otro grupo de entrenadores que prefieren echar mano de la intuición, decidir en décimas de segundo según lo que les dice el partido. Intuyo que Pep Guardiola pertenece a este segundo grupo. 

Con sus últimos dos tropiezos, el Real Madrid ha reactivado una Liga que parecía sentenciada. En menos de una semana la diferencia ha pasado de unos, aparentemente, inalcanzables diez puntos, a seis, con el Barça-Madrid pendiente. Ya nada parece imposible, pero eso sí, el Barça ya apenas puede permitirse errores. Llegan las jornadas decisivas, aderezadas por la dificultad de compaginar el campeonato doméstico con la Champions, para una plantilla peor tratada por las lesiones que en otras temporadas. De cara al partido en Mallorca que puede dejar al equipo momentáneamente a tres puntos del líder, a la baja por lesión de Adriano se unirá la ausencia del sancionado Dani Alves. Sin Abidal, pues, Guardiola deberá improvisar una solución para los laterales.

Anoche, por primera vez, En un momento dado pudo vivir el partido desde la cabina de prensa del Camp Nou y acceder tanto a la zona mixta como a la rueda de prensa de los entrenadores. Por eso, antes de nada, queremos agradecer encarecidamente a todos los que nos permitieron vivir una jornada inolvidable a los que, hace más de cinco años, pusimos en marcha esta aventura. Agradecer también el afecto recibido una vez se conoció nuestra presencia en el Camp Nou y, sobretodo, tras nuestra intervención en la rueda de prensa de Guardiola. Hechos los agradecimientos, vayamos al partido: Tratándose de una jornada intersemanal y con la eliminatoria ante el Milan en el horizonte, Guardiola dio descanso a hombres importantes como Busquets, Cesc e Iniesta. El Barça se situó en un 1-4-3-3 con extremos abiertos, a diferencia de lo que ocurrió la última jornada, dónde Iniesta nunca tuvo un rol fijo en el costado. Si ante el Sevilla analizamos el constante fluir en banda izquierda de Andrés y Cesc, con el apoyo de las incursiones de Adriano desde el lateral, ayer el encargado de ocupar el perfil izquierdo de una manera fija fue Cuenca. A Isaac, sobretodo en banda derecha, lo hemos visto interactuar, también, en posiciones más centradas, perder la banda con más asiduidad en un intercambio de posiciones que, sobretodo con Alves, ha resultado muy fructífero. Anoche, no obstante, el canterano, abierto y fijo en la izquierda, fue la salida fácil y el hombre que anclaba al sistema defensivo del Granada sobre un costado.

Guardiola volvió al 1-4-3-3 en el que una de las plazas del tridente ofensivo es para un teórico centrocampista. Se trata de una figura -ese cuarto centrocampista que parte desde la delantera- que el técnico ha perseguido desde sus inicios en el primer equipo. Primero con el fichaje de Hleb, después con Iniesta, pasando por Afellay o ahora Cesc. Durante muchos momentos de la temporada, este rol ha correspondido al de Arenys, pero por ejemplo en los enfrentamientos contra el Real Madrid, ha sido Iniesta quien ha ocupado el extremo izquierdo quedando Cesc en el interior. La misma disposición presentó el Barça el sábado. 

Una vez analizados los dos ascensos esperados, los de Martín Montoya y Marc Bartra, hoy nos propondremos hablar de los dos casos más sorprendentes. Dos hombres a los que no se esperaba en el primer equipo la próxima temporada, Jonathan Dos Santos y Marc Muniesa. El primero, porque tras completar su formación y teniendo en cuenta el overbooking de centrocampistas de primer nivel en la primera plantilla, se esperaba que saliese del F.C.Barcelona bien en un traspaso, bien en forma de cesión. El segundo, porque tras el ascenso de Fontàs el pasado verano y de Bartra éste, parecía ser el encargado de comandar la zaga del filial, más teniendo en cuenta el numero de efectivos en defensa del primer equipo y los rumores sobre posibles fichajes.