Post-Partidos

Por primera vez desde que Ronaldinho abandonó Barcelona, el costado más fuerte del equipo no es el de Messi. El Barça de Leo empezó jugando casi en medio sector, el derecho, cuando a la llegada de Guardiola se edificó todo sobre el triángulo Alves-Xavi-Messi. Después el argentino pasó al centro, y con el movimiento ese carril se convirtió en el epicentro donde pasaban las cosas. Fue el momento del triángulo Xavi-Iniesta-Messi. Ahora sucede algo insólito, pues el lado fuerte lo definen Alba, Cesc e Iniesta. ¿Quiere decir eso que Messi ya no es el jugador franquicia? Para nada. El argentino sigue siendo el hombre más importante y la explicación de todo o casi todo lo que sucede sobre el césped. Pero el escenario ha cambiado y no precisamente a peor.

Temporada 2010-11. Final de la Champions League. Barça-Manchester United: 3-1
Valdés; Alves, Piqué, Mascherano, Abidal; Busquets, Xavi, Iniesta; Pedro, Messi y Villa.
Quizá, las dos finales de Champions que ha disputado, sean los dos mejores partidos en la carrera del Leo Messi. La primera, en Roma, fue la de la sorpresa por su ubicación en el centro. En la segunda, ahora en Wembley, todos lo esperábamos ahí, y aún así, comandó al Barça para convertirte en uno de los campeones más indiscutibles que se recuerdan. El Barça de Guardiola fue un equipo de finales. No es habitual que entre las mejores actuaciones de un equipo se cuenten tantas grandes finales. Citas en las que la igualdad entre oponentes, el conservadurismo y la prudencia por el miedo a la derrota, la presión y la tensión, acostumbran a deparar choques con más activos emocionales que futbolísticos. No es este el caso. El Barça de Guardiola ganó y perdió finales, pero siempre las jugó bien. Habitualmente, mejor que nunca.

Cuando un equipo juega como jugó el Barça ayer ante el Espanyol, poco o nada puede hacer el rival para evitar la avalancha. Esto no quita, sin embargo, para que haya decisiones que, lejos de dar un soporte extra ante lo que se avecina, supongan algo así como un tiro en el pie para los propios intereses.

Si tres años atrás nos hubiesen preguntado quien jugaría más retrasado y más adelantado en un mediocampo con Thiago y Cesc, seguramente la mayoría habríamos coincidido en decir que el de Arenys sería el más próximo a la base y el hispano-brasileño el más avanzado. La evolución táctico-futbolística de ambos jugadores, no obstante hoy en día nos dibuja el escenario contrario. Cesc es un jugador que pese a abarcar mucho terreno tanto en el plano vertical como el horizontal, suele pesar más cerca del arco rival, y Thiago es cada vez más un interior que acude a recibirla cerquita del mediocentro. Por eso, cuando el hijo de Mazinho y Xavi Hernández coinciden en el once, es de esperar que aparezcan situaciones a resolver.

Temporada 2008-09. Cuartos de Final de la Champions League. Barça-B.Múnich: 4-0

Valdés; Alves, Márquez, Piqué, Puyol; Touré, Xavi, Iniesta; Messi, Eto'o y Henry.
Aunque visto hoy sonroje, el Barça del triplete despertó dudas hasta bien entrado el mes de abril. Concretamente hasta que en los cuartos de final de la Champions League se midió al cuatro veces campeón de Europa Bayern Múnich. En Liga, al Barça de Guardiola le bastaban 45 minutos por jornada para alcanzar números de récord, pero Atlético de Madrid, Valencia o Sevilla no parecían suficiente para el juicio mediático hasta que estalló la realidad. En el ambiente flotaba la nebulosa de que el equipo no se había enfrentado aún a un rival realmente grande y se ponía en tela de juicio si sería capaz de demostrar la misma superioridad exhibida en Liga, llegados a una cita más exigente. Y en esas llegó el Bayern Múnich de Klinsmann, que no era el que un día tiranizó Europa de la mano de Franz Beckenbauer, ni el de los noventa, ni tan siquiera el actual, pero que con Ribery, Lahm, Luca Toni, Klose, Lucio o Schweinsteiger, pocas dudas dejaba de que se trataba de un rival de peso para el equipo de Guardiola. El cuatro a cero final no dejó dudas: El Barça de Guardiola iba en serio. Esa noche, el equipo puso en práctica todos sus recursos y los llevó a la máxima expresión. El mejor partido de la era Guardiola hasta que Messi abandonó la banda.

El período de transición ha terminado: el Barça postXavi -pero con Xavi- ya está aquí. Se imponía la necesidad del cambio ante las cada vez más notorias dificultades del de Terrassa para tiranizar desde el ritmo bajo.  Guardiola fue el primero en darse cuenta y tampoco tardaron mucho los rivales. Vilanova y el propio Xavi también lo sabían, pero se lo escondieron al equipo. Primero, amparados en la leyenda de Messi, con un esquema que diese protagonismo al egarense y después mediante la convivencia de dos ritmos con el pretexto de la coincidencia de Xavi y Cesc en un mismo once. Hasta ayer. El partido ante el Atlético de Madrid seguramente sea un punto de inflexión. El Barça de Vilanova ya anda solo. O mejor dicho, vuela.