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agosto 2012

Cuando todos los hombres de atrás quedan retratados, es evidente que el problema está en otro sitio. El Barça es un equipo que se define por su ataque, siempre. De lo que suceda delante dependerá lo que sucede detrás. Eso no quita para que puedan señalares problemas evidentes en la retaguardia, pero nos sirve para atinar en dónde poner el foco. Más importante que cuanto balón tienes es el dónde lo tienes. Durante el primer tiempo, la posesión del Barça se localizó prácticamente en el circulo central. Antaño, los circuitos de posesión se asentaban en las frontales rivales, mientras que en la primera mitad se desarrollaron prácticamente en la medular. El Madrid, como se esperaba, salió presionando arriba, acompañando ese comportamiento con la línea defensiva adelantada que permitía la vuelta de Pepe. Líneas juntas y arriba. Dificultades para el Barça para iniciar y desaparición de los espacios a la espalda de mediocentros donde la recepción de Messi es el recurso más poderoso del equipo. Vilanova no utilizó la alternativa de situar en punta a Alexis para empujar hacía atrás a la línea blanca, y mientras estuvo en el terreno de juego ocupó la banda derecha.

Más allá de que ambos conjuntos aún están prácticamente en pretemporada, uno de los factores que marcó la previa del partido de ida fue la ausencia de Pepe. Desde que Mourinho está en el banquillo del Madrid, gran parte de los Barça-Madrid podría explicarse a partir del emparejamiento entre el portugués y Leo Messi. Sin Pepe en la ida, el Barça tomó la ventaja para levarse la Supercopa y a punto estuvo de sentenciarla. El marcador desfavorable y la vuelta de Pepe, provocarán que casi con total seguridad el Madrid adelante líneas para plantear la presión adelantada. El Barça ya no es aquel equipo indefendible en el inicio de la jugada, y los atacantes del Madrid, a la contra, son demoledores. 

Ni Barça ni Madrid están listos, todavía, para una noche de la máxima exigencia. Algo normal si estamos a 24 de agosto. El equipo de Tito, eso sí, llegaba un punto -o dos- por encima del Madrid en puesta a punto lo que se tradujo en superioridad culé durante los primeros 45 minutos. El Madrid, que llegaba peor físicamente, sin Pepe se vio obligado a situar su línea defensiva más retrasada, por lo que, para no regalar espacios entre líneas a Messi e Iniesta, juntó todas sus líneas más cerca de Casillas de lo habitual. No fueron pocos los minutos en que los blancos situaban a sus once futbolistas en campo propio.

Hay dos circunstancias en las que visualizar el próximo partido se convierte en especialmente difícil para un entrenador: el inicio de temporada y cuando el rival estrena técnico. Por esto, tanto en el planteamiento de Mourinho como en el de Vilanova, pesará más lo propio que lo ajeno, sin dejar de lado, eso si, el pasado reciente de los duelos Barça-Madrid. Aún más complicado lo tiene el analista externo. Mourinho desconoce los planes de Tito pero sí sabe que quiere de su Madrid. Lo mismo ocurre con Vilanova. Nosotros, sin embargo, lo desconocemos prácticamente todo.

Arranca el proyecto de Tito Vilanova y la puesta de largo será en el estreno liguero, antes de que la semana que viene se dispute la ida de la Supercopa. Como es evidente, poco se puede decir de un equipo que estrena técnico cuando aún no ha disputada ni un solo partido oficial. Si además, como es el caso, falta algún fichaje y el grueso del equipo ha realizado una pretemporada distinta debido a los compromisos con la selección, la empresa toma tintes de osadía. Sin embargo, si podemos aventurarnos a adelantar algunos de los rasgos de la nave de Vilanova, que si bien deberán ponerse en cuarentena y confirmarse con el devenir de la competición, si pueden servirnos como pistas para afrontar el estreno liguero.

La primera temporada de Alexis Sánchez en el Barça no fue mala, pero del chileno, uno de los atacantes más prometedores del panorama, se espera más. Aterrizó en el cuarto año del proyecto Guardiola y resulta más difícil llegar a un equipo ganador que a uno por hacer. En el primer caso, los mecanismos ya están construidos y las dinámicas colectivas consolidadas, por lo que introducir una nueva pieza resulta más problemático. Cuando un proyecto se inicia, todo está por hacer, de modo que jugador y equipo crecen de la mano. Esto es lo que parece que está sucediendo esta temporada con Tito Vilanova.