marzo 2013

Empezó con el 4-3-3 y ahora alterna dos variantes distintas del 4-4-2. La flexibilidad táctica de Ancelotti ya la conocíamos de Milán, pero es ahora, en París, donde quizás por lo germinal del proyecto, se manifiesta más radicalmente. Camaleónico, el PSG usa el traje que más le conviene en cada momento. Puede adoptar su cara más defensiva o su versión atacante, jugar por fuera o fortificar por dentro. Con un punta o dos. Doble pivote o mediocentro con dos interiores. Siempre, eso sí, con algunas premisas fijas.

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Pasa un tiempo desde que los multimillonarios dueños desembarcan en un club, hasta que se dan cuenta que la clave del éxito del proyecto estará en darle estabilidad desde el banquillo. Pasó en el Chelsea, pasará en el City y ha pasado en el París Saint Germain. Carlo Ancelotti es su nombre, y no es un nombre cualquiera. Nada más y nada menos que uno de los mejores técnicos de la década. Arquitecto de un Milan que aún sirve como referencia de los grandes, y el único en ganar una Premier con el Chelsea después de Mourinho, ahora su reto es hacer creíble un proyecto de nacimiento extravagante. 

París fue Berlín durante mucho tiempo. Una ciudad inacabable, apasionante de degustar rincón a rincón y tremendamente creativa, a la que a su potencia cosmopolita no acompañó un gran equipo de fútbol. Londres, Madrid, Amsterdam, Barcelona, Milan… París hasta hace dos días era poca cosa en la Europa futbolística. De hecho, cuenta con un único título europeo, la Recopa 95-96, torneo en el cual repetiría como finalista al año siguiente y que perdió ante el Barça de Bobby Robson. Fue su anterior gran momento. La última vez que la capital francesa trató de tener un equipo acorde a su historia. De esa época son nombres míticos como los de Raí, Leonardo, Guerin, Lama, Patrice Loko o el protagonista de este texto, Youri Djorkaeff.

Desde hace años, el Barça sabe que el día del adiós de Víctor Valdés tendrá un problema. Lo tienen todos los equipos que se ven obligados a sustituir a un jugador que no sólo se ha adueñado del puesto, sino que con sus características lo ha definido dentro del imaginario del club. Eso es, precisamente, lo que ha hecho Valdés durante los años en que ha defendido la portería azulgrana. Hoy, para casi todos, el canterano ejemplifica lo que debe ser el portero del Barça, y siguiendo esta línea,  el objetivo para substituirle será buscar al guardameta más parecido. Punto de partida erróneo. Cierto es que el encaje de Víctor en el Barça ha sido perfecto hasta el punto de parecer que el puesto se hizo a medida para él, pero el club debe localizar aquellos atributos verdaderamente esenciales. Aquellos que, más allá de la singularidad de cada jugador, sean indispensables en el modelo de juego que proponen los azulgranas.  En poco se parecen Jordi Alba y Abidal, pero ambos casan con la idea base. Como Márquez y Puyol, Pedro y Henry, o Iniesta y Luis Enrique. Por suerte para el club, las dos últimas temporadas de Valdés lo han puesto más fácil. Hoy se puede decir que es una debilidad, y eso lo hará más sencillo para el nuevo. Entrar en el lugar del Valdés 2010-11, no es lo mismo que hacerlo en el del actual.