El filial y las cesiones
Al Barça nunca le han gustado las cesiones. No las ha contemplado como una etapa más del proceso de formación sino como un recurso para sacarse de encima problemas. Si faltan fichas y sobran jugadores, un par de cesiones solventan la ecuación. Parece que este año la cosa va a cambiar. De entrada, una cosa es evidente: al Barça se le acumula el talento en el filial, y la primera plantilla tampoco ofrece mucho espacio.
Asumir la pérdida
Neymar es una oportunidad y un reto. Una suerte y una responsabilidad. Con su contratación, el Barça se ha hecho con la presa más jugosa del mercado, un jugador diferente, un talento como hay pocos. Una jugada maestra que de golpe ha elevado el techo futbolístico del equipo. Con Neymar el Barça puede aspirar a ser más. El reto es exprimir hasta la última gota de fútbol del brasileño. No guardarse nada. Guardiola con Messi lo vio clarísimo. Uno de sus grandes logros es que siempre le siguió el paso al argentino. Leo no podrá decir que el de Santpedor le frenó. Ahora le toca a Vilanova. Si cabe, tiene un reto mayor.
A Tito le toca afrontar la forzosa transición. Esa que desde hace dos temporadas el equipo intenta acometer sin traumas y que parece que necesitará más heridas de las pronosticadas. En este escenario, la llegada de Neymar podría parecer un nuevo frente abierto, pero de hecho son dos procesos que van de la mano.
¿Dónde manda el Jefecito ?
Sergio Busquets es intocable. Y lo será por mucho tiempo, faltaría más. No siempre lo fue. Aunque saliese en la foto de Roma, a lo largo de su primera temporada en el primer equipo formó junto a Keita la segunda unidad en el mediocampo del Barça. Puntualmente recambio de Xavi en el interior y habitual reserva de un mediocentro que pertenecía a Touré Yaya. El marfileño cedió pistonada a la siguiente temporada, perdió la titularidad en favor del canterano y finalmente, en verano, se embarcó en el nuevo proyecto del City.
Para hacer frente a la partida del poderoso africano, el Barça incorporó a uno de los mediocentros más sólidos del momento. Javier Mascherano, un referente en su posición. Cuando el argentino aterrizó en Barcelona, Sergio Busquets ya era campeón del mundo. Todo el mundo tenía asumido a quien pertenecía el mediocentro del Barça. Al Jefecito, cuando jugó, se le vio superado por el contexto futbolístico. El fútbol repercutió en lo anímico y su participación en la media estuvo apunto de dejar de ser competitiva. Pese a su aspecto de duro, ya van dos posiciones en las que, con Mascherano, lo mental ha empeorado lo futbolístico.
¿El fin del Xavismo?
El cómico Ángel Pavlovsky cuenta la anécdota -no se sabe si real o inventada- de un hombre que a mitad de la función, disgustado con el espectáculo, abandonó el teatro. Al rato decidió volver. "Claro, para lo que hay fuera, pensaría que mejor estaba dentro" añade con sorna Pavlovsky. Algo así debe pensar el barcelonismo con respecto a Xavi y su progresivo declive. Resulta ineludible la cuestión de que se va acabando. Pero el vértigo del post-Xavismo congela. Desde casa es fácil el "tú dentro, tú fuera", pero en la realidad todo se complica.
34 jornadas
Cuando el camino ha sido tan tortuoso como el del Barça esta temporada, valorarlo de manera unificada es un error. El alumno que suspende dos asignaturas con un 1 y sobresale con un 10 en otras dos, no es un alumno normal. Es muy malo en unas cosas y excelente en otras. El 10 no esconde al 1 igual que el 1 no contrarresta al 10. Así ha sido la temporada del Barça. Tortuosa, irregular, con tramos ciertamente muy buenos y otros muy malos. Para sacar su valoración final, unos se quedarán con una parte, otros con otra y algunos optarán por hacer la media. Aquello de las dos manzanas, yo me como las dos, tú ninguna...
Aquí, que no queremos ser jueces ni jurado, ni tenemos la necesidad de una nota final que sacar a pasear en discusiones y debates, no haremos ni una cosa ni la otra. Preferimos exprimir lo que nos deja cada uno de los momentos del equipo, volver sobre los propios pasos, reandar lo andado y seguir el hilo hasta salir del laberinto.
Inventarse al jugador nº12
Hace una semana, Pep Guardiola daba una charla en Argentina. En ella, con la excusa de hablar de Messi y su posición, expuso algo aún más relevante y que no tiene que ver sólo con lo pasado, sino que sirve como pistas para el futuro. Durante su intervención, el técnico insiste una y otra vez en su obsesión por generar la superioridad en el centro del campo. La evolución táctica del Barça, y de sus rivales más directos, es la batalla por la superioridad numérica. Por disfrutar de un hombre de más en un deporte en que ambos equipos tienen el mismo número de jugadores. Como punto de partida resulta estimulante. [youtube https://www.youtube.com/watch?v=e4-ax69pHcU]
Alrededor de Messi
En uno de los picos de mayor esplendor del Barça de los últimos años, alguien definió al equipo de Guardiola como la mezcla perfecta entre el 'Dream Team' de Cruyff y el Milan de Sacchi, a la que además, se le había sumado el mejor Maradona. Más tarde se cayó el 'Dream Team' (el juego con balón) y con él el Milan de Sacchi (el juego sin balón), y ya sólo quedó el crack argentino.
Hubo un momento en el que Messi solo era mejor que cualquier otro equipo. Quizá aún lo sea. Da miedo ser conscientes que con Leo al 100%, como mínimo, se habría igualado muy mucho una eliminatoria que sin él ha terminado 7-0. Todos recordamos lo que pasó en cuartos, donde Messi, en diez minutos, lesionado y andando, eliminó al París Saint Germain y consiguió lo que nadie más en toda la temporada: sacar a Thiago Silva del área.
Detrás de la presión
Cuando la derrota hace acto de presencia, es momento de desempolvar antiguos tópicos. Nunca fallan. No importa la situación ni el contexto, ahí están como salvavidas para poder ventilarnos de manera simple realidades que requieren de una profundización más compleja. En lo que a tópicos se refiere, como en todo, los hay más molestos y otros más sofisticados. Entre los primeros las ineludibles referencias a la actitud y al físico. No hay crisis de resultados que no venga acompañada de la crítica a la preparación física del equipo.
Para darle una pretendida sofisticación a estos argumentos tan simples, el recurso infalible es hablar de la presión. Nadie podrá decir que no hablas de fútbol si tras dos malos resultados dices aquello de "este equipo ya no presiona como antes" como si la presión fuese la única fórmula válida, y reduciéndola, además, a una cuestión de predisposición. Uno y otro, el tópico simple y el pretendidamente sofisticado, no están tan lejos, y de análisis futbolístico, en ambos, poquito.
En este artículo, pues, intentaremos justamente ver desde ese prisma la cuestión de la presión. Con pros y contras, que los tiene, porque no hay fórmulas mágicas, y una argumentación que tenga en el juego su punto de partida. Desenmascarar a la presión y ver qué se esconde detrás.
El último regalo de Van Gaal
Muy pocos le han dado más al fútbol de nuestra época que Louis Van Gaal. Y no sólo por lo que fueron sus equipos mientras él los dirigió, sino por lo que dejó después. Sin ir más lejos, tres de los cuatro semifinalistas tienen, en mayor o menor medida, influencias del holandés. El tiempo que pasó con Mourinho en el cuerpo técnico del Barça, la admiración de Guardiola por su Ajax o sus años en Baviera, pueden rastrearse en la actualidad de Madrid, Barça y Bayern Munich. Pero más allá de esto, Van Gaal quedará como uno de los que más regalos nos ha dejado en forma de grandísimos jugadores. Todos nombres ineludibles del fútbol de los últimos años.
Seedorf, Davids, Overmars, los hermanos de Boer, Kluivert…
Xavi, Puyol, Víctor Valdés, Iniesta… -quizá Louis deba ser reconocido como otro de los padres de los éxitos de la selección española-.
Su última parada a nivel de clubs fue en Alemania, en el Bayern, y como no podía ser de otra manera, en el Allianz dejó otro regalo para el fútbol. Concretamente dos.
Va de espaldas
En un estadio de fútbol, como en un museo, lo que más vemos son espaldas. En ambos casos, a no ser que estemos en primera fila. Ver una espalda no es cualquier cosa. Es, por lo pronto, asumir la propia espalda y que ésta, igual que las que forman delante nuestro, puede ser vista. De hecho, puede ser vista por cualquiera menos por uno mismo. Así pues, viendo la espalda del otro, se nos revela justamente eso, la vulnerabilidad de la nuestra.
¿Y porqué tanta espalda? Entremos en cuestión porqué esto hoy va de espaldas.