Author: Albert Morén

Vuelve Iniesta, o al menos eso se intuye. El de Fuentealbilla no estará en plena forma y de mediar otro rival, seguramente Vilanova conservaría en su reaparición y esperaría otra jornada. Pero el rival es el Madrid, y los resultados de este inicio de temporada han querido que lleguemos a la jornada 7 con la posibilidad de que el Barça encarrile muy mucho el titulo de Liga poniendo 11 puntos de por medio respecto a su máximo rival. Ante esto, Tito no va a guardarse nada. Dio prioridad a Song antes que Bartra porque no iba a exponer al canterano a un clásico, intentó que estuviera Puyol e igual intentará que esté Piqué. Por eso, es difícil imaginarse que el Barça no salte el domingo con Iniesta en el once. Es una posibilidad, claro, que el técnico le tenga reservado un papel importante entrando desde el banquillo en el segundo tiempo, pero si tuviéramos que apostar, prácticamente todos lo haríamos a que el manchego estará entre los titulares. Lo que ya no está tan claro, es qué papel va a tener Iniesta. Varios factores influyen. Individuales, colectivos y estratégicos. Y Vilanova va a tener que elegir entre tres posibles escenarios.

Si algo se puede achacar a este inicio del proyecto Vilanova, y la mayoría estaríamos de acuerdo, es el poco aprovechamiento de los extremos. Su rol es secundario y prácticamente se limitan a fijarse en banda para abrir el campo. No se pretende potenciar sus virtudes, pues ninguno de ellos sobresale pegado a la cal, y es sintomático que el extremo que más rendimiento ha dado cumpliendo ese papel, haya sido Tello, el de un nivel menor de cuantos están a la disposición del técnico. Anoche, no obstante, durante la primera mitad, tanto Pedro como Alexis fueron las vías por las que el equipo encontró ventajas que le permitieron irse al descanso en ventaja. A nadie se le escapa que ayer, en el primer tiempo, el Barça pisó más área de lo que viene siendo habitual. Y es que tanto Pedro como Alexis desarrollaron un comportamiento distinto al mostrado hasta ahora.

El mejor Benfica de los últimos años se vio en la temporada 2009-10, en la que los hombres de Jorge Jesús se hicieron con un título de Liga que parecía que ya sólo pertenecía al Porto. Aquel fue un equipo ciertamente estimulante con nombres que hoy figuran en algunas de las plantillas más potentes del planeta. David Luiz y Ramires volaron a Stamford Bridge, y a las islas les siguió el español Javi García para enrolarse en el acaparador Manchester City. La banda izquierda de las águilas, formada por Coentrao y Di María, puso rumbo al Madrid de Mourinho. También han dejado da Luz Saviola, que por aquel entonces formaba pareja atacante con Cardozo, y Witsel, que no ganó esa liga con el Benfica pero que posteriormente se convirtió en una pieza fundamental en el conjunto que entrena Jorge Jesús.

Tito Vilanova lo tiene claro: se le ha presentado una oportunidad única y va a ir a por ella. Situados en la casilla de salida, esta temporada se presentaba durísima para el nuevo técnico. Sustituir a la última gran leyenda del F.C.Barcelona y enfrentarse a la vez, a un poderosísimo rival y al recuerdo de las mejores noches del Pep Team. Pero por suerte para el de Bellcaire el Real Madrid de Mourinho en las 4 primeras jornadas se dejó 8 puntos por el camino. Con este escenario, el clásico de la semana que viene se presenta como una oportunidad única. Ocho puntos son muchos, y más de diez, como sucede en baloncesto, un golpe moral notable. Vilanova tiene al alcance de los dedos conseguir, quizá no un título, pero si crédito, tiempo y tranquilidad, algo importantísimo pues no debemos olvidar que estamos en un primer año de proyecto en un equipo en el que deben cambiar cosas. Antes, no obstante, el equipo se enfrentará a una dura piedra de toque tras el mal sabor de boca de las victorias ante el Spartak y el Granada. El Sevilla de Míchel, invicto hasta la fecha, será la clave que marque la trascendencia del próximo Barça-Madrid.

Temporada 2009-10. Cuartos de Final de la Champions League. Arsenal-Barça: 2-2

Valdés; Alves, Piqué, Puyol, Maxwell;Xavi, Busquets; Pedro, Messi, Keita, Ibrahimovic.
La temporada 2009-10 seguramente sea la de menos nivel del Barça de Guardiola. La caída física de Henry y Márquez, las continuas lesiones de Andrés Iniesta y la llegada de Zlatan Ibrahimovic fueron las claves para explicar el cambio. Los mayores problemas del equipo: la falta de profundidad sin Eto'o ni Henry y la difícil convivencia -futbolística- de Ibra y Messi. Llegado el verano, Guardiola actuaría decisivamente, pero hasta entonces tocaba competir, en la Liga con un Madrid que obligaría a alcanzar los 99 puntos, y en Champions con el horizonte de una final en el feudo del máximo rival. La final del Bernabéu quedó a un paso.

Sin Iniesta lesionado y con Xavi partiendo desde el banquillo descansando tras varios partidos seguidos en sus tobillos, Vilanova optó por situar a Cesc y Thiago en los interiores. Una pareja interesante y estimulante que sin embargo naufragó. La prévia estuvo focalizada en el centro de la defensa. En Bartra y Song. Pero con el balón en marcha, la clave estuvo en la media; en los interiores, el perfil que cada uno ocupaba y en la pareja que ahí encontraban. Y si clave fueron los interiores titulares para explicar el partido, igualmente clave fue el interior que entró desde el banquillo, Xavi, y la pareja que le acompañó. Este post, pues, servirá para hablar de los tres binomios interior-extremo que pudimos ver en el césped del Camp Nou ante el Granada, y permitirá cuestionarnos, analizar y quizá anticiparnos a futuros movimientos.